
La Feria de Editores (FED) vuelve a Buenos Aires en un momento decisivo para el mundo del libro: celebra sus 15 ediciones mientras la industria enfrenta la amenaza de la derogación de la Ley del Libro. La coincidencia no es menor: la feria más importante del sector independiente se convierte, este año, en un escenario donde la bibliodiversidad y la defensa del ecosistema editorial toman un protagonismo político inesperado.
Una feria que nació para defender la bibliodiversidad
Fundada por Víctor Malumián y Hernán López Winne, la Feria de Editores (FED) se consolidó a partir de 2012 como el punto de encuentro más relevante para las editoriales independientes de Argentina y de la región. Su espíritu siempre fue claro: ofrecer un espacio donde los catálogos que no responden a las lógicas del mercado masivo puedan encontrarse con lectores curiosos y comprometidos. Malumián lo resume así: la FED es “la feria pensada a la medida de las pequeñas y medianas editoriales”, con decisiones orientadas a promover la bibliodiversidad y la independencia frente a las modas comerciales. Este modelo no solo sobrevivió: creció. La asistencia pasó de 18.000 personas en 2022 a 30.800 en 2025, y este año esperan superar los 40.000 visitantes.
La edición 2026: cuatro días, 330 editoriales y una fiesta de cierre
Del jueves 6 al domingo 9 de agosto, el C Art Media en Chacarita recibe a más de 330 editoriales de Argentina, España y Latinoamérica. La entrada es gratuita —aunque requiere inscripción previa— y cada visitante recibe un libro de regalo, este año dedicado a la temática “El trabajo”.
La programación incluye charlas internacionales, actividades especiales, donación de sangre con sorteos y, por primera vez, una gran fiesta de cierre en el Teatro Vorterix.
La amenaza sobre la Ley del Libro: un contexto de alerta
La edición 2026 llega en un clima de tensión: el gobierno nacional, encabezado por Javier Milei, impulsa la derogación de la Ley 25.542, conocida como Ley del Libro o Ley de Defensa de la Actividad Librera. Esta norma, vigente desde 2001, establece un precio uniforme de venta al público para los libros, evitando prácticas de dumping por parte de grandes cadenas y protegiendo a las librerías de barrio y a las editoriales independientes. El ministro Federico Sturzenegger, en cambio, sostiene que eliminarla permitiría “libros más baratos”, pero el sector editorial advierte que la medida podría destruir el ecosistema que sostiene la bibliodiversidad y la producción cultural independiente.
La posición del sector y el rol de la FED
La industria del libro está “en pie de lucha”: libreros, editores, distribuidores y autores coinciden en que la derogación de la ley pondría en riesgo la supervivencia de cientos de proyectos culturales.
En este contexto, la FED se convierte en un acto de resistencia cultural. Su crecimiento sostenido, su apuesta por la diversidad y su capacidad de convocar a miles de lectores funcionan como un recordatorio de que el libro es más que un producto comercial: es un bien cultural que requiere políticas públicas para sostenerse.
Malumián lo advirtió recientemente: el proceso que formó al público lector argentino “parece estar destruyéndose”, y nuevas generaciones crecen sin incorporar la lectura como una actividad posible. La derogación de la ley, según el sector, profundizaría ese deterioro.
Una feria que celebra, pero también defiende
La Feria de Editores vuelve a Buenos Aires con su energía habitual: miles de libros, editoriales únicas, autores de toda la región y una comunidad lectora vibrante. Pero este año, además de celebrar, la FED se planta: su existencia misma es un argumento contra la desregulación que amenaza al ecosistema del libro. En sus pasillos, entre stands y conversaciones, late una convicción compartida: la cultura no se defiende sola. Y la FED, en su 15ª edición, vuelve a demostrar que el libro independiente es una fuerza viva que merece ser protegida.
