jueves, septiembre 17

CUANDO UNA LIBRERÍA BAJA LA PERSIANA, UN PAÍS SE QUEDA A OSCURAS

Hay escenas que laceran. Una librería con las luces apagadas. Un cartel de “se alquila”. El eco de un espacio que antes estaba lleno de voces, de recomendaciones, de libros que esperaban ser descubiertos. En Argentina, esa escena empieza a repetirse demasiado seguido, y se está transformando en una herida cultural.

por Lucía Pereyra

La Federación Argentina de Librerías, Papelerías y Afines (FALPA) decidió ponerle nombre a lo que está pasando: Emergencia Librera. No es una exageración. Es un grito. Una encuesta realizada sobre unas 1.200 librerías independientes muestra que, entre 2023 y 2026, las ventas reales se desplomaron un 41,5%. Los costos, en cambio, subieron un 31,1%. Y la cantidad de libros vendidos cayó un 25% . Son números que no se leen: se sienten. Porque detrás de cada porcentaje hay un librero que lucha, una comunidad que pierde un espacio, un lector que ya no encuentra su lugar.

La Fundación El Libro, que conoce como pocos el pulso del mundo editorial, acompañó ese llamado con una preocupación que suena casi como una plegaria: cada pueblo de la Argentina debería tener su librería. No por romanticismo, sino porque una librería es un punto de encuentro, un refugio, un puente hacia la lectura y hacia la ciudadanía. “La combinación de una caída real de la facturación del 41,5 % frente a un aumento del 31,1 % en los costos operativos entre 2023 y 2026 constituye datos alarmantes”, advierte la institución.

Cuando una librería cierra, no solo se pierde un negocio. Se pierde bibliodiversidad. Se apagan las oportunidades para editoriales pequeñas y medianas. Se achica el mapa cultural. Se profundiza la desigualdad en el acceso al libro. Y en un país donde los índices de lectura ya vienen en caída, cada cierre es un golpe que nos deja más vulnerables.

Por eso FALPA pide medidas urgentes a los gobiernos. Y la Fundación El Libro acompaña ese pedido con una frase que late fuerte: defender las librerías de barrio es defender el corazón de nuestra cultura.

La emergencia está declarada. Y lo que está en juego no son solo libros: es la posibilidad de seguir encontrándonos en ellos. Es la luz que una librería encendida le da a una comunidad. Es la certeza de que, mientras haya un librero recomendando un título, todavía hay futuro.

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