viernes, junio 12

BORGES, ENTRE EL PRINCIPIO Y EL FIN

La Casa Nacional del Bicentenario propone una actividad que combina memoria, celebración y pensamiento crítico en un homenaje singular: Encuentro | Borges. Alfa y Omega, dos jornadas dedicadas a revisitar la obra de Jorge Luis Borges a cuarenta años de su muerte. No se trata de un simple recordatorio, sino de una invitación a entrar —una vez más, y como si fuera la primera— en ese territorio literario donde el tiempo se pliega, los espejos inquietan y las palabras abren mundos.
Durante el 13 y 14 de junio, el edificio de Riobamba 985 se convertirá en un espacio de tránsito entre textos, generaciones y sensibilidades. Críticos, docentes y especialistas ofrecerán clases magistrales sobre algunos de los relatos más emblemáticos del autor, mientras que un espectáculo musical evocará los tangos y milongas que Borges amó desde su juventud. La propuesta, diversa y a la vez coherente, parece responder a una pregunta que atraviesa toda su obra: ¿cómo se vuelve a un clásico sin repetirlo, cómo se lo lee sin clausurarlo?

Alfa y omega: el círculo borgeano
El título del encuentro no es casual. Alfa y omega, las letras que en la tradición cristiana simbolizan el principio y el fin, funcionan en Borges como un juego, una paradoja y una clave. Su literatura está llena de comienzos que ya contienen su final, de finales que regresan al origen, de historias que se pliegan sobre sí mismas como un laberinto perfecto.
En El Aleph, por ejemplo, el punto que contiene todos los puntos es a la vez origen y culminación del universo. En La biblioteca de Babel, el infinito se vuelve un sistema cerrado, donde cada libro es apenas una variación de todos los demás. En Funes el memorioso, la memoria absoluta —esa forma extrema de presencia— se convierte en una condena que impide pensar. Borges parece recordarnos que todo principio es también un eco, y que todo final es apenas una forma de recomenzar.
El encuentro retoma esa idea: recorrer su obra no es avanzar en línea recta, sino entrar en un círculo que se expande. Cada clase, cada lectura, cada performance es una puerta hacia otra lectura posible.

Un recorrido por los textos que nos siguen leyendo
La programación propone un mapa que atraviesa distintos momentos y obsesiones del autor:
Daniel Mecca abre la jornada del sábado con El Aleph, ese relato donde lo infinito se vuelve íntimo y donde la totalidad del universo cabe en un sótano de la calle Garay.
Magdalena Cámpora continúa con Tema del traidor y del héroe, una reflexión sobre la historia como artificio y sobre la repetición como destino.
Alan Ojeda cierra el día con Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, quizá el texto más visionario de Borges, donde la ficción invade la realidad hasta reemplazarla.
El domingo retoma el viaje:
Marisol Alonso aborda Emma Zunz, un cuento donde la justicia y la venganza se confunden en un gesto que desafía la moral tradicional.
Jimena Néspolo se interna en La biblioteca de Babel, ese universo total que, como el propio Borges, parece contener todas las preguntas posibles.
Martín Buceta explora Funes el memorioso, la historia del joven incapaz de olvidar, que revela la fragilidad de nuestra identidad.
El cierre musical, Borges para las seis cuerdas, recupera la dimensión más terrenal del escritor: su amor por el tango, por la milonga, por esa Buenos Aires que fue su patria emocional.

Un homenaje que es también una lectura del presente
A cuarenta años de su muerte, Borges sigue siendo un autor que incomoda, deslumbra y provoca. Su obra, lejos de fosilizarse, continúa interrogando nuestro tiempo: la proliferación de mundos posibles, la tensión entre realidad y ficción, la identidad como construcción narrativa, la memoria como territorio inestable.
El encuentro en la Casa Nacional del Bicentenario no busca clausurar esas preguntas, sino reactivarlas. En un contexto donde la velocidad y la fragmentación parecen dominarlo todo, detenerse a leer a Borges —a escucharlo, a pensarlo, a sentirlo— es también un acto político y cultural: una forma de recuperar la profundidad, la ambigüedad y la belleza como herramientas para comprender el mundo.

Un regreso necesario
“Alfa y omega” podría leerse como un homenaje al ciclo vital de Borges, pero también como una declaración de principios: su obra no tiene principio ni fin, porque cada lector la reinventa. En ese gesto, en esa apertura infinita, reside su vigencia.
La Casa Nacional del Bicentenario propone, entonces, algo más que un evento: un reencuentro. Una oportunidad para volver a Borges y, en ese movimiento, volver a nosotros mismos.

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