CASA DE LA CULTURA

Inaugurado en 1898, el edificio de la Casa de la Cultura nació para albergar a uno de los diarios más representativos de su época: La Prensa. Hoy, es sede del Ministerio de Cultura de la Ciudad. En sus salones se realizan presentaciones, cursos, muestras de arte y recitales para toda la comunidad.

El edificio muestra el esplendor del estilo academicista francés en la arquitectura porteña. El terreno había sido adquirido en 1894 por José C. Paz, fundador del diario. Tras dos años de construcción a cargo de los arquitectos Gainza y Agote, se inauguró este edificio único por aquel entonces entre las sedes de los principales diarios del mundo.

Sus fachadas son el único ejemplo en el país del estilo Garnier, arquitecto de la Opera de París y el Casino de Montecarlo.

El Salón Dorado: Una de las más preciadas joyas de la Casa de la Cultura es su principal auditorio, el Salón Dorado, inspirado en los salones del Palacio de Versalles.

Cuenta con ricas tallas doradas, tapices traídos de Francia y un balcón para orquesta decorado con la figura de la diosa Atenea y la letra P. Se destaca en la decoración un complejo juego de espejos, una de las características más importantes del auditorio.

Desde su creación hasta el día de hoy, el Salón Dorado ha sido utilizado para la presentación de conciertos y conferencias. Es un ámbito de privilegio para disfrutar de la cultura.

La farola: corona el edificio a 50 metros de altura y se destaca sobre la cúpula, con su antorcha iluminada en una mano y una hoja escrita en otra, representando la libertad de expresión. La farola es una figura de Atenea, diosa de la sabiduría e inspiradora de las artes liberales. Su peso es de casi cuatro toneladas.

 La sirena: anterior a la radio, comenzó siendo uno de los pocos medios a través de los cuales podían difundirse las noticias más importantes de manera inmediata. Junto a las luces, en la cúpula del Palacio Barolo, la sirena de “La Prensa” constituyó, durante muchos años, el medio de comunicación más veloz de la ciudad. Sonó por primera vez el 27 de julio de 1900, cuando asesinaron a Humberto I de Italia.