JACK KEROUAC Y LA GENERACIÓN BEAT

por Juan Rapacioli

Los artículos, ensayos y ficciones breves que Jack Kerouac escribió para diversas revistas después del éxito de su novela “En el camino” son reunidos y traducidos por primera vez al español en “La filosofía de la Generación Beat y otros escritos”, un volumen que presenta textos sobre literatura, jazz, deporte y, con su tono incomparable, arroja una profunda reflexión sobre los orígenes y la evolución de la Beat Generation.
Marcada por un uso revolucionario de la primera persona, la obra de Kerouac (1922-1969) puede entenderse como una exploración de su propia vida y un registro desaforado de su época, desde su sueño de libertad inicial en “On the Road” (1957) hasta su grito desesperado en “Big Sur” (1962), que significó un antes y un después para la literatura.
“¿Qué más se puede hacer?”, es la pregunta que se hace el poeta Robert Creeley (1926-2005) en el prefacio del libro -publicado por Caja Negra Editora-, en relación a las diversas formas que Kerouac trabajó la primera persona. Y apunta: “La trajo tan cerca como parecía posible, pero dejando todavía la posibilidad de un afuera”.
Creeley sostiene que ‘en el camino’, frase que se convirtió en la biblia de los beats a partir de que Kerouac la usara como título de su más famosa novela, “no era una simple etiqueta o una reflexión sobre viajes al azar sino un necesario estado mental. Seguíamos en el camino porque no existía, al fin, ningún lugar en el que pudiéramos descansar”.
Las historias, según Creeley, “que para Jack comenzaron tempranamente, y el insistente compromiso por documentar lo que estaba ahí enfrente suyo deben haber sido sus medios para sostener la coherencia del mundo y mantenerlo a una distancia suficiente para lidiar con él. El alcohol, por supuesto, era otra manera de mantener todo a raya”.
La Generación Beat, ese gran movimiento contracultural estadounidense de los años 50, representado en las figuras de Allen Ginsberg, William S. Burroughs y sobre todo Kerouac, tuvo una extraña evolución en la cultura de masas y una poderosa influencia en expresiones posteriores, como el hippismo, que el autor de “Doctor Sax” explica en un artículo publicado originalmente en la revista Playboy de 1959.
Dice Kerouac: “La Generación Beat se convirtió en un slogan, en una etiqueta para describir una revolución en los modales de los Estados Unidos. Marlon Brando no fue el primero en llevarla al cine. Antes estuvieron Dane Clark con su rostro dostoievskiano y su acento de Brooklyn, y por su puesto, Garfield”.
“Imagínense -continúa- el horror que sentí en 1957 y 1958 cuando empecé a advertir que lo beat se generalizaba a los diarios y las revistas, la TV y el viscoso circuito de Hollywood que comprendía la ‘delincuencia juvenil’ y el horror de ciertos clubes de Nueva York y Los Ángeles”.
“Qué pena me dan quienes creen que la Generación Beat significa crimen, delincuencia, inmoralidad, amoralidad… me dan pena aquellos que la atacan simplemente porque no entienden la historia y los anhelos del alma humana”, reflexiona el autor de “Viajero solitario”.
Más allá de la decepción que lo llevó a aislarse de todos y de todo, en otra parte del mismo artículo intenta arrojar algunas ideas sobre el origen de esa revolución cultural, cuyo nombre se debe a una discusión con el escritor John Clellon Holmes sobre la Generación Perdida, donde Kerouac dijo: “creo que esta es más bien una generación beat”.
Para Kerouac, la Generación Beat se remonta a las fiestas desaforadas que celebraba su padre en los años 20 y 30 en Nueva Inglaterra, “fiestas tan ruidosas que nadie podía dormir en varias calles a la redonda y cuando llegaban por fin los policías todos tomaban un trago”.
“Se remonta a los días que precedieron a la Segunda Guerra Mundial, días insensatos en que los adolescentes tomaban cerveza los viernes a la noche en los salones de Lake y combatían la resaca del sábado a la tarde jugando al básquet y, al final, un chapuzón en el río”, grafica el autor de “Mexico City Blues”.
Y, por supuesto, hace un preciso análisis sobre el jazz, lenguaje musical que marcó el pulso de su literatura: “Yo iba a buscar el jazz que necesitaba al viejo Minton’s Playhouse (Lester Young, Ben Webster, Joey Guy, Charlie Christian y otros) y cuando descubrí a Bird y a Dizzy en Three Deuces me di cuenta de que eran músicos serios que tocaban con un sonido pasmosamente nuevo y ya no me importó lo que yo pensaba antes”.
En otro de los ensayos, Kerouac argumenta, desde su profunda religiosidad de católico solitario, sobre el significado de la palabra ‘beat’: “no significa ni abatido ni exhausto; más bien, quiere decir beato, la palabra italiana que designa lo beatífico: vivir en estado de beatitud, como San Francisco”.
“Intentar amar la vida en todas sus formas -apunta-, ser sincero, mantener la paciencia en el sufrimiento, practicar la bondad, cultivar la alegría. ¿De qué modo cumplir con esto en nuestro mundo moderno de multiplicidad y millones? En soledad, quedándose solo cada tanto para extraer el oro más precioso: las vibraciones de la sinceridad”.
Luego es contundente: “Estar loco no es ser beat. Uno puede aislarse pero eso no implica despreciar o maltratar a nadie. Lo beat no no tiene nada que ver con las viejas variedades de la crítica. Es una forma de afirmación espontánea”.
Y continúa Kerouac refiriéndose a esa generación como aquella que “cree que habrá justificación para todo el horror de la vida. La primera de las Cuatro Nobles Verdades es: la vida es sufrimiento. Todavía los oigo hablar del valor de este sufrimiento si se cree, si se deja que el flujo sagrado mane a borbotones de su fuente secreta de gloria viva”.
Y expresa: “Soñé que no quería que el león se comiera al cordero y en ese sueño el león se sentaba en mi falda como un cachorro y alcé después al cordero y el cordero me besó. Este es el sueño de la Generación Beat”.
Según Creeley, poeta y amigo de Jack, “este libro captura, entonces, aquello que para nosotros siempre fue lo principal, pasar el rato, contemplar nuestro alrededor, reflexionar sobre la vida, cuidar de los amigos, y finalmente ganarse la vida para uno mismo y para aquellos que uno ama”.