NO SÓLO UNA GUERRA GAUCHA.

por Guadi Calvo    

Hace 75 años. La noche del 20 de noviembre de 1942, se estrenaba en el cine Ambassador de la calle Lavalle 777, la producción argentina “La Guerra Gaucha”. Uno de los films más importantes de la historia de nuestra cinematografía.

La confluencia de fenómenos estrictamente cinematográficos, como elementos absolutamente externos a su realización, la constituyen en una de las películas más emblemáticas de la cinematografía argentina y, si la observamos en su tiempo, quizás ninguna de las grandes películas argentinas pueda reunir más méritos y logros que esta realización de Lucas Demare, que sin miedo a exagerar, junto a Leonardo Favio y a Carlos Hugo Christensen compone el trío de directores clave de nuestro cine.

El film se basa en el libro de relatos, del mismo título, escrito en 1905 por Leopoldo Lugones, quien hasta la irrupción de Borges y Roberto Arlt era el escritor nacional por antonomasia. El guión fue realizado nada menos que por otros dos grandes poetas populares: Homero Manzi y Ulyses Petit de Murat, y un elenco absolutamente estelar encabezado por Enrique Muiño, Francisco Petrone, René Mugica, Angel Magaña y Amelia Bence.

El equipo técnico también fue de la más alta calidad profesional entre los que se encuentra nada menos que Lucio Demare, (hermano de Lucas) en la banda musical, como asistente de dirección Hugo Fregonese, el montajista fue Carlos Rinaldi, la escenografía estuvo a cargo de Ralph Pappier, y para la fotografía se contrató al estadounidense Bob Roberts (de la American Society of Cinematographers).

Para los exteriores del film se construyó una aldea en la misma zona donde se desarrolla la historia y para las escenas de masas se llegaron a convocar hasta mil extras, cifra sin registro similar hasta entonces en el cine argentino.

La historia describe la guerra de guerrilleras que durante 1817 libraron las montoneras del general Martín Miguel de Güemes contra el ejército realista en las provincias de Salta.

Si bien el corte épico del film es más que evidente, “La guerra gaucha” incursionó en una discusión que se desarrollaba en el país, ya muy distante de discusiones estéticas o cinematográficas. Para los años de la realización 1941-1942, la Segunda Guerra Mundial estaba en pleno desarrollo y en la Argentina tenía lugar una fortísima discusión a los más alto nivel sobre el intervencionismo o la neutralidad.

Iniciada la guerra, el 4 de septiembre de 1939 el gobierno argentino se declaró neutral, repitiendo la posición que había mantenido durante la Primera Guerra (1914-1918).

Gran Bretaña apoyó esa decisión pues le interesaba que Argentina pudiera seguir abasteciéndola de alimentos, pero a partir de diciembre de 1941, cuando los Estados Unidos se entran en guerra, pretenden obligar a las naciones americanas a romper su neutralidad frente al Eje e ingresar a la guerra como fue el caso de Brasil.

No fue casual que la idea del film haya surgido en el momento en que nacía en el país un proyecto nacional, que replicaba en el ámbito de la cultura. Con la reivindicación del tango como expresión auténticamente nacional y la recuperación de las raíces gauchas e indígenas de la argentinidad las que se expusieron como nunca antes.

“La guerra gaucha” fue el primer gran proyecto de la productora “Artistas Argentinos Asociados”, fundada el 26 de septiembre de 1941, otros por Enrique Muiño, Elías Alippi, Francisco Petrone, Angel Magaña, Lucas Demare, Homero Manzi y algunos hombres de la industria cinematográfica como Enrique Faustín (h).

Los derechos de autor para la película se le compraron a Leopoldo Lugones (h) que además de cobrar los diez mil pesos pactados, pidió que se le consiguieran dos discos de jazz que no se hallaban en el país.

El éxito del film lo señala que sólo en la sala de estreno se mantuvo diecinueve semanas todo un record de público.

Con “La guerra gaucha” el cine nacional confirmaba que su extraordinario auge en las pantallas del continente no era producto de la casualidad sino un claro ejemplo del potencial humano de nuestra incipiente industria. La discusión política a la que se sumó este film, emblemático en su momento respecto a la autodeterminación, continua hasta hoy con absoluta vigencia.