martes, octubre 20

ZIVALS: LA ESQUINA QUE RESISTE

En 1971, en la esquina de Corrientes y Callao, comenzó la historia de Zivals y siguió escribiéndose durante 55 años entre discos, libros y encuentros. Hoy, esa continuidad está en riesgo: la inminente expropiación y demolición de la histórica disquería y librería, prevista en el proyecto de la futura Línea F del subte, enfrenta a una comunidad cultural con una política de infraestructura cuya localización, según denuncian especialistas y los propios dueños, el Gobierno de la Ciudad no ha justificado técnicamente. Mientras la Legislatura porteña analiza la adquisición total de 12 propiedades y la afectación parcial de otras 26 para construir accesos y vestíbulos, Zivals figura entre los inmuebles a expropiar. Lo que se discute ya no es únicamente el destino de un comercio, sino la relación de la ciudad con una parte de su memoria.

Una esquina, cinco décadas de historia
Zivals abrió sus puertas en marzo de 1971 como disquería y librería especializada. Desde entonces, nunca las cerró. Esa permanencia permite leer su historia no solo en años, sino también en los encuentros que fue haciendo posibles: lectores, melómanos, músicos, coleccionistas y vecinos confluyen diariamente en su salón y en sus actividades culturales. A lo largo de 55 años, el local se convirtió en un punto de encuentro intergeneracional. Hoy emplea a más de 30 personas, produce discos, organiza shows y mantiene un catálogo de más de 50 mil títulos. Detrás de esas cifras hay una continuidad que enlaza su origen con el presente.

En 2026, esa trayectoria recibió un reconocimiento institucional: la Legislatura porteña declaró a Zivals Sitio Destacado de la Cultura. En su medianera, el mural monumental de Charly García, pintado por Martín Ron, inscribe también esa presencia en el paisaje de la avenida Corrientes y en la memoria afectiva del barrio. El reconocimiento y el mural expresan, de maneras distintas, un mismo vínculo: el de un lugar cuya historia forma parte de su entorno.

La Línea F: el cambio que alteró esa continuidad
Hasta 2025, el proyecto técnico de la Línea F, liderado por SBASE, ubicaba la estación de combinación entre las líneas B y D en la calle Tucumán. Ese punto intermedio permitía resolver el trasbordo sin expropiar inmuebles. Luego, el diseño fue descartado sin explicación pública y reemplazado por dos estaciones: una en Corrientes, sobre Zivals, y otra en Pizzurno. En ese cambio de trazado se encuentra el punto de quiebre de la historia que hoy atraviesa al local.

Para Fernando Laviz (el Bocha), dueño del local, la noticia llegó “de golpe y porrazo”. Según denunció, el Ministerio de Infraestructura les comunicó que la expropiación era “la única opción”. La decisión tiene una dimensión concreta: el nuevo trazado implica demoler el edificio completo, con su salón de ventas, depósitos, oficinas y viviendas. Más de mil metros dedicados a la actividad cultural quedarían comprendidos en una intervención que interrumpiría una permanencia de cinco décadas.

Dos alternativas y una respuesta pendiente
Frente a ese horizonte, Zivals presentó formalmente dos alternativas que permitirían construir la estación sin afectar el edificio. Una recupera un diseño anterior de la propia Ciudad; la otra propone recurrir a un espacio público cercano:

  • Proyecto Estación Tucumán 2×1: diseño previo de la propia Ciudad que resolvía la combinación de las líneas B y D en una sola estación, en dominio público y sin expropiaciones.
  • Pasaje Discépolo: a metros de la esquina, también de dominio público, permitiría ubicar accesos y vestíbulos sin demoler ningún inmueble.

Ambas propuestas fueron entregadas al Ministerio en septiembre de 2026. Según Zivals, nunca recibieron una respuesta técnica. La secuencia deja una pregunta abierta: ¿qué evaluación permite descartar esas opciones y sostener que la demolición es el único camino?

El tiempo de la obra y el tiempo de una comunidad
El Ministerio sostiene que busca “preservar la continuidad de Zivals” y que estudia alternativas como construir la librería por encima de la estación. Pero los dueños advierten que cualquier esquema de cierre implica al menos tres años de obra. Para ellos, ese intervalo no sería una simple pausa: alcanzaría para desintegrar la comunidad cultural construida durante cinco décadas. “Zivals desaparece”, afirman. La diferencia entre ambas posiciones remite a dos maneras de entender la continuidad: conservar un espacio comercial o sostener, sin interrupciones, los vínculos que le dan sentido.

En la discusión también aparece la propuesta oficial de relocalizar los accesos sobre Tucumán. Esa opción requeriría un pasillo de 200 metros para enlazar con la Línea B. El Ministerio considera técnicamente complejo ese recorrido, aunque admite que “todo se puede estudiar”. Entre la complejidad señalada y esa posibilidad de estudio, permanece abierto el debate sobre las alternativas.

Lo que una ciudad conserva de sí misma
En pocas cuadras a la redonda de Corrientes y Callao conviven teatros, librerías, salas de música, cafés y espacios históricos. Dentro de esa trama, Zivals es más que un comercio: su permanencia lo convirtió en un hito urbano en la avenida Corrientes. Pensar su demolición exige, entonces, mirar más allá del edificio. Lo que podría borrarse es un fragmento de la historia porteña, precisamente aquel cuyo valor cultural la propia Ciudad reconoció apenas unos meses atrás. La memoria urbana se sostiene también en estos lugares donde el pasado sigue teniendo una presencia cotidiana.

El futuro, frente a una historia que continúa
El conflicto deja a la vista una contradicción: en el mismo año en que la Ciudad declaró a Zivals sitio cultural destacado, impulsa un proyecto que lo destruiría sin haber respondido técnicamente a las alternativas presentadas. La falta de justificación pública del cambio de trazado, la ausencia de estudios comparativos y el impacto cultural no evaluado son los puntos que, según los especialistas y la comunidad afectada, hacen necesaria una revisión urgente. No se trata solo de decidir dónde construir una estación, sino de explicar qué lugar ocupa la historia de la ciudad en esa decisión.

La petición de Zivals no se opone a la Línea F: exige que se estudien alternativas más económicas, funcionales y sin costo cultural. Su historia, iniciada en marzo de 1971, llega así al presente con una pregunta que trasciende esa esquina. En una ciudad que presume de su identidad cultural, ¿por qué destruir en 24 horas lo que llevó 55 años construir? La pregunta enfrenta el tiempo breve de una demolición con el tiempo largo de los encuentros, las prácticas y los vínculos que hicieron de Zivals un lugar de la cultura porteña.

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