
Hijos de la Luna, la nueva muestra del artista Eduardo Molinari, ya puede visitarse en la sala J del Centro Cultural Recoleta, en Junín 1930. A cincuenta años del último golpe de Estado en la Argentina, la exposición propone una relectura de las juventudes de los años setenta y de las formas —a veces contradictorias, a veces complementarias— en que eligieron desobedecer.
El proyecto revisita el vínculo entre rock y militancia armada, una dicotomía que la historia oficial suele presentar como fuga o compromiso. Para Javier Villa, curador de la muestra, esa oposición es engañosa: ni el rock fue solo un refugio hedonista ni la guerrilla una estructura ideológica monolítica. Ambas expresiones, sostiene, compartieron una voluntad de transformación de la vida cotidiana. Mientras la militancia revolucionaria buscaba la toma del poder, el rock ensayaba una revolución sensorial y corporal.
La exposición se inicia en los bombardeos a Plaza de Mayo de 1955 y, desde allí, despliega una trama visual construida con materiales reunidos e intervenidos por Molinari. Revistas como Pelo conviven con gráfica clandestina, configurando un archivo que no se ordena de manera estricta, sino que se ofrece como un espacio poético. La propuesta remite al códice precolombino y recupera la figura del tlacuilo, el dibujante-escriba que crea y transmite mundos visuales. Algunas imágenes se reconocen de inmediato; otras exigen una lectura más detenida, abriendo múltiples interpretaciones.
La muestra dialoga también con las ideas de Aby Warburg, para quien las imágenes conservan fuerzas que sobreviven al tiempo y reaparecen bajo nuevas formas. En Hijos de la Luna, soles, estrellas, lunas, tipografías del rock y consignas clandestinas se entrelazan en una misma corriente visual. Allí donde la historia oficial separa contracultura y militancia, poesía y acción, la exposición señala cruces y continuidades que aún interpelan al presente.
Entre los ejes que propone la muestra se destacan los vínculos entre contracultura, militancia y sensibilidad; el archivo como espacio poético, más que documental y la imagen como memoria activa y construcción colectiva.
Eduardo Molinari nació en Buenos Aires en 1961. Artista visual y licenciado en Artes Visuales, es docente e investigador del Departamento de Artes Visuales de la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Su obra indaga desde hace décadas en los cruces entre historia, política y memoria, una búsqueda que encuentra en Hijos de la Luna un nuevo capítulo.
