MÚSICA, HISTORIA Y UN EDIFICIO ICÓNICO
Hay rituales que sobreviven al paso del tiempo. En Buenos Aires, uno de ellos ocurre cada sábado, cuando la Facultad de Derecho de la UBA —ese gigante de piedra que custodia la avenida Figueroa Alcorta— abre sus puertas y deja que la música se derrame por sus pasillos. Desde 1949, el edificio se convierte en escenario, refugio y punto de encuentro para miles de personas que buscan algo simple y esencial: escuchar buena música, sin barreras ni distancias.
Lo que empezó como una iniciativa para acercar la música académica al público general se transformó, con los años, en un ciclo histórico que hoy reúne a orquestas nacionales, agrupaciones juveniles, coros y solistas de todo el país. Un espacio donde conviven estudiantes, melómanos, vecinos, turistas y curiosos, todos bajo la misma premisa...

