viernes, mayo 24

«EL DORADO. UN TERRITORIO»

por Mercedes Ezquiaga

En el marco del Coloquio Internacional «El dorado. Un territorio», que tendrá lugar mañana y pasado en la Fundación Proa, como correlato académico de la exposición homónima que explora el mito de la riqueza en el territorio americano, llegó de visita a Buenos Aires el historiador de arte estadounidense Edward J. Sullivan, profesor de la New York University, quien lamentó que «todavía, en el imaginario europeo y norteamericano, América Latina conserve esa idea de exotismo».

«El oro: ese oscuro objeto del deseo» se titula la conferencia gratuita y abierta al público que brindará el sábado a las 18 en Fundación Proa Sullivan, una eminencia en el campo de la historia del arte, autor de más de 30 libros, profesor en la Universidad de Nueva York y pionero en la especialización en arte latinoamericano -cuando aún no existía como materia mientras se formaba-.

La ponencia incluirá reflexiones personales sobre la génesis del concepto de El Dorado, ese supuesto territorio que buscaban los colonos europeos -mito fundacional de América- pero será además antesala de la exposición que se verá a partir del 7 de septiembre en Americas Society de Nueva York, «El dorado. Un mito», un despliegue de obras de diferentes artistas a lo largo de la historia que han utilizado oro en sus producciones. Hay mucho más: «Incluirá arte basado en oro de todas las épocas, desde la era prehispánica hasta la actualidad. Pero no va a ser una exposición ni cronológica ni geográfica, sino más bien, teórica y filosófica», desgrana el curador, Edward J. Sullivan.

El académico se refiere a los artistas de diversas épocas que han utilizado el oro «como parte de un vocabulario expresivo, como el caso de Andy Warhol que realizó el retrato de Marilyn Monroe con oro, como si ella estuviera en el cielo. Seguramente tenía en mente el arte religioso bizantino o medieval. Gustav Klimt usaba mucho el oro para dar énfasis sobre la maravilla de las personas que retrataba, pero también escogí muchos ejemplos del arte colonial y del arte precolonial, como iglesias y monasterios, donde el oro es el punto de partida para crear una comunicación entre lo divino y lo cotidiano», aclara.

Para Sullivan, «todavía hoy al entrar a una iglesia, sobre todo católica, o a una mezquita, es salir de la calle, de la vida mundana y entrar un poco en el cielo. El oro aparece como significado de la divinidad, la perfección, la utopía. El oro es lo que une el cielo con nuestras vidas cotidianas».

«El oro -profundiza ahora el estadounidense- sirvió como hilo conductor del colonialismo, de la de la dominación europea sobre los indígenas y todo lo que sucedió a lo largo de los siglos de dominación y de llamado descubrimiento que no fue tal. Y eso se ve bastante bien en muchas imágenes de la época», cuenta mientras señala en su celular una imagen del grabado del librero flamenco Theodore de Bry, de 1594, donde los pueblos originarios ofrecen el oro, «sus maravillas» a los españoles por considerarlos dioses o seres de otro mundo.

«Y en la imagen se ve puede ver a Colón y a los españoles poniendo la cruz de la religión católica, un intercambio que los va a impactar muy negativamente con el tiempo. Y ese regalo del oro que abre los ojos a los españoles y sobre todo abre el deseo de todo lo que ellos piensan que iban a encontrar en el supuesto nuevo mundo», añade.

El ambicioso proyecto El Dorado, relata el autor e historiador, nació de conversaciones entre Adriana Rosenberg y Aimé Iglesias Lukin. «Entre 2021 y 2022, dirigí un seminario on line de seis meses, con académicos del mundo de las artes, la sociología, la historia, la geografía, la geología, de todos los campos, y tuvimos diferentes temas para cada sesión, -el oro en la época prehispánica, en la época colonial, en la contemporaneidad, el extractivismo-. Fue muy fructífero. Y nos sirvió para concretar los diferentes módulos de esta exposición un poco inusual ya que es en tres partes, primero en Proa, luego en Américas Society y a principios de 2024 en el Museo Amparo de Puebla, México. Pero no es una muestra itinerante, sino que cada museo aborda el mismo tema desde diferentes improntas», cuenta el especialista.

Así, mientras que en Buenos Aires la muestra se podrá visitar hasta agosto, el segundo episodio de esta saga de exposiciones, en Nueva York, incluirá artistas «americanos»: «Me refiero a la idea de América desde Canadá hasta hasta Tierra del Fuego. No te quiero decir que cada país estará representado pero hay muchos países de América Latina, artistas brasileños, argentinos, mexicanos, uruguayos, cubanos, dominicanos, norteamericanos. Es un buen reparto, muy sugestivo y representativo de lo que esperamos presentar al público», detalla el curador que ha participado en varios proyectos expositivos de Argentina, desde Emilio Pettoruti hasta Felisa Gradoczwyk.

En este momento parece haber un fuerte interés por el arte latinoamericano, pero no siempre fue así…

No siempre fue así. Cuando yo empecé a estudiar no había ningún profesor que diera clases de arte latinoamericano. Había unos pocos expertos pero de cada país. En Estados Unidos, el arte latinoamericano ha tenido mucho éxito en los años 30 y 40, cuando el Museo de Arte Moderno empezó a coleccionar pero después de la Segunda Guerra Mundial ese interés disminuyó. Y, como lo llama un crítico americano, triunfó el expresionismo abstracto, los Pollock reemplazaron el interés. Cuando empecé a enseñar en la Universidad de Nueva York (NYU) por mi cuenta desarrollé una serie de cursos y actividades que tenían que ver con América Latina. Había viajado por México, el Caribe, Brasil y aquí, Argentina, y todo me entusiasmó. Fue entonces a finales de los 80 y principios de los 90 en Estados Unidos que empezó otra vez el interés por el arte contemporáneo latinoamericano, en el mismo momento en que en América Latina y también en Europa «celebraban» el descubrimiento o el redescubrimiento. Entonces, surgió bastante entusiasmo en el mercado, que siempre juega un papel significativo, Sotheby’s por ejemplo fundó un departamento especializado de arte latinoamericano. Pero en el imaginario europeo y norteamericano América Latina todavía conserva esa idea de exotismo, pese a que hay un cuerpo de críticos tanto latinoamericanos, como europeos y de Estados Unidos que están siempre luchando contra ese estereotipo.

¿Crees que esta revisión decolonialista que en el presente llevan adelante tantas instituciones en el mundo, es una moda?

¿Si es una moda o va a durar?. Creo que forzosamente tiene que durar porque hemos llegado a un momento en que el deseo del arte como elemento decorativo ya no sirve. Los estudiosos del arte latinoamericano son cada vez más conscientes de la necesidad de abrir camino hacia los significados políticos, económicos y sociológicos de las obras porque el arte siempre refleja un momento en que se creó. Si uno no entiende lo que estaba pasando, se pierde el significado real de la obra. Esto es algo que ha surgido con la crítica a los eventos del 92, por los 500 años de la llamada Conquista. Ahí empezó una nueva fase, que se volvió cada vez más importante en los últimos años. Casos políticos, como la muerte de George Floyd, sucedieron en todos los países y despertaron la conciencia de la gente. Esas ideas se han aplicado a las bellas artes, a la literatura, así que yo creo que el clima intelectual ha cambiado definitivamente y ya no podemos dar un paso atrás.

Foto / Fuente: Télam

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