viernes, febrero 23

EL CLIMA SOCIAL DE 1983 EN UNA MUESTRA FOTOGRÁFICA.

por Claudia Lorenzón

Fotografías del clima social y político que emergió en 1983, año en que la Argentina recuperó la democracia, se exhiben en la Biblioteca Nacional con imágenes de archivo contrastantes que dan cuenta de que mientras una parte de la sociedad tenía una actitud indiferente, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo reclamaban por sus hijos y nietos; la junta militar celebraba con una misa otro aniversario del golpe y recitales multitudinarios en Ferro preanunciaban la reapertura democrática, ante un gobierno de facto, en retirada.

La muestra «Retorno 1983» reúne 12 imágenes en blanco y negro de ese emblemático año. Algunas se publicaron en los medios en ese momento y otras se verán por primera vez en esta oportunidad, luego de que en 2015 la Biblioteca adquirió 4 millones de negativos fotográficos del diario «Crónica», y otros tantos de «La voz de lo que pasa en el mundo», que se publicó entre 1982 y 1989.

Desde 2015 a la actualidad, 80 mil negativos fueron digitalizados, lo que posibilitó abrir esta muestra al público, al cumplirse 40 años de democracia, en el espacio de la Fototeca Benito Panunzi.

Las imágenes sobre las paredes de ese espacio aparecen ordenadas cronológicamente, una por cada mes de ese emblemático año, mientras que otras de menor tamaño se pueden observar detrás de una vitrina, en una clara separación del clima de época: una sociedad que tímidamente iba mostrando la necesidad de abrirse a un tiempo de conquista de libertades, y en la que se preanunciaba un llamado a elecciones, con el poder de facto en retirada luego de la derrota en Malvinas.

«Hay un contraste de imágenes entre lo que se puede llamar el pueblo y otras más pequeñas en la vitrina, que muestran que el poder estaba en manos de los militares, en los medios de comunicación y la iglesia, y los políticos. Las primeras fotos dan cuenta de cómo vivía la sociedad ese año del retorno democrático, y cómo lo contaba la prensa en ese momento», explica el editor de fotografía, Guillermo Ziliotto, sobre la exposición.

«Todas esas fotos que no fueron tapa, las imágenes del contorno, de los márgenes del suceso, recrean el clima social del año del retorno de la democracia. La contraposición estética y ética es evidente. Ilustran la lucha de un sector social en pugna y la naturalización del horror, el acostumbramiento y el hastío de parte de la sociedad que prefería mirar para otro lado», dice el escritor José Luis Ansaldo, en uno de los textos que acompaña la exhibición.

«En los albores de la democracia, mientras alguna juventud disfrutaba de las vacaciones en un parque de diversiones o festejaba la primavera en una plaza, otra, en cambio, había regresado derrotada hacía poco de las islas Malvinas o aguardaba su liberación en distintos centros clandestinos de detención. En aquel marzo, las clases comenzaban normalmente y la junta militar celebraba con una misa el aniversario del golpe. En octubre, pudimos volver a votar y en diciembre, varios presos políticos recobraron, por fin, su libertad. Finalmente, y después de largos y oscuros años, asumía el gobierno un presidente elegido por el pueblo argentino», reflexiona Ansaldo.

Las fotos aparecen con el nombre que originalmente colocó cada fotógrafo junto a la fecha en que fueron tomadas, como la que inicia la exhibición que tiene como protagonista a Mercedes Sosa, con sus brazos abiertos sobre el escenario de Ferro, en un recital del que también participaron Charly García y León Gieco, en enero de 1983. Estos multitudinarios espectáculos se habían iniciado en diciembre de 1982.

Febrero tiene como protagonista una imagen deportiva que inmortaliza la imagen de Carlos Salvador Bilardo rubricando el contrato de director técnico de la selección argentina, junto a Julio Grondona, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino. Esa selección de la que se haría cargo Bilardo es la que gana el mundial en 1986.

En la imagen siguiente, un grupo de niños con guardapolvos blancos junto a sus madres y padres en la vereda de un colegio, dan cuenta del inicio de las clases en marzo. Muy cerca de ellos, sobre las paredes hay afiches pegados que llaman a la sociedad a afiliarse a los partidos políticos para que hubiera avales, anticipando las elecciones que llegarían el 30 de octubre. «Afíliese!» incita el cartel.

Abril tiene como protagonista en imágenes a Hebe de Bonafini, con su pañuelo blanco y un megáfono en Plaza de Mayo, dialogando con el jefe de la policía federal, rodeados de otros fotógrafos que también toman imágenes desde otro ángulo de la escena.

En mayo cambia la moneda, se pasa del peso al peso argentino, lo que se refleja en la imagen de un negocio al aire libre, con los precios en grandes números.

Junio de ese año recuerda el primer aniversario de la finalización de la guerra de Malvinas con manifestaciones de ex combatientes, rechazados por gran parte de la sociedad ante el fracaso de la guerra. En la imagen aparecen quemando una bandera inglesa.

«Además del tema del rechazo social, esta foto lleva a preguntarnos por los jóvenes que votaron por primera vez; muchos no pudieron votar porque no regresaron», reflexiona Ziliotto.

Julio, mes de vacaciones de invierno, refleja como la vida continuaba para un sector sin mayores sobresaltos, con la gente disfrutando del receso en el Italpark.

A esta imagen se contrapone, con fecha de agosto, una publicidad de la revista El porteño, pegada en una pared, que denuncia: Niños desaparecidos. La revista un tiempo antes había sufrido un atentado en su local, recuerda el editor.

En septiembre, el contrapunto está dado por jóvenes que tienen casi la misma edad de quienes pelearon en Malvinas, pero pueden festejar el inicio de la primavera en Palermo, mientras quienes regresaron de la contienda, luchan por su lugar en la sociedad, mientras padecen las consecuencias traumáticas del conflicto.

El día de las elecciones, 30 de octubre, una joven de cabello ondulado, introduce el voto en una urna, evidentemente por primera vez en su vida, mientras la autoridad de mesa la observa con seriedad. Sobre la mesa en que se desarrolla el acto eleccionario la cámara enfoca caramelos, cigarrillos y vasos con gaseosa.

El calor de noviembre trae a la memoria de esta muestra a una Estela de Carlotto muy joven, con una blusa de manga corta y pollera, junto a otras mujeres saliendo de Tribunales. «Abuelas en tribunales», es el nombre que lleva la imagen tomada por Adriana Lestido.

Otra de las fotografías da cuenta de presos políticos, que alcanzaron la libertad en diciembre del 83. Salen de las ventanillas de un colectivo con sus brazos y rostros sonrientes, mientras que en la calle, un grupo se suma a la algarabía, en Retiro.

Esta foto que no sirve a la prensa porque técnicamente está fuera de foco, transmite más emocionalmente que técnicamente y vale la pena mostrarla», dice Ziliotto.

En las imágenes en la vitrina, se ve a Alfonsín que llega a Ezeiza, en febrero para hacer la campaña; en marzo integrantes de la junta militar celebran una misa por otro aniversario del golpe militar en la que se observa a Bignone y Videla; en otra de las imágenes Martínez de Hoz participa de un programa televisivo conducido por Bernardo Neustadt y Mariano Grondona; la dicotomía del rol de la iglesia aparece en una foto donde un joven tiene una remera que dice si Jesús fuera argentino sería un desaparecido. «La iglesia que acompañó el golpe y la que lo sufrió porque tuvo un montón de desaparecidos», dice el editor.

La muestra finaliza con una imagen de Alfonsín, con un gesto adusto, porque «lo que se venía no era fácil», dice Ziliotto.

La muestra puede visitarse hasta marzo de 2024, en la Biblioteca Nacional, ubicada en Agüero 2502, de la ciudad de Buenos Aires.

Fuente / Foto: Télam

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