miércoles, julio 15

ARGENTINA, CUANDO EL AJUSTE SE VUELVE RUTINA

El dato es seco y, a la vez, demoledor: el 61% de los encuestados llega con sus ingresos como máximo hasta el día 20 del mes. Sólo el 13% consigue llegar a fin de mes y, además, ahorrar algo. El resto vive en un equilibrio precario, donde el salario se agota antes de que termine el mes.

Ese número no aparece aislado: dialoga con otro igual de contundente. Según el informe elaborado por el Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora*, el 86,1% afirma que su salario no le gana a la inflación, un registro que lleva cuatro meses estabilizado en niveles muy altos, sin señales claras de mejora.

Entre los encuestados, el 86,1% se autopercibe de clase baja, pues sus ingresos apenas alcanzan al día 20 de cada mes. El 43% siente que forma parte de la clase media. Mientras que apenas el 11,8% conforma el sector de altos ingresos. Tenemos entonces que más de la mitad del país se percibe pobre: el 50,2% se define como clase baja, contra apenas un 10,5% que se reconoce de clase alta.

La coincidencia entre “perder contra la inflación” y “quedarse sin plata antes del día 20” no es casual: son dos formas de nombrar el mismo fenómeno. Para esa mitad de la Argentina que se percibe pobre, quedarse sin salario antes de fin de mes dejó de ser excepción y se convirtió en norma, en un ritmo que se repite casi mecánicamente cada treinta días.

Existe también una profunda desconfianza hacia los datos de inflación e índices macroeconómicos vertidos por el gobierno, que se extiende al futuro. Respecto a la credibilidad sobre los datos inflacionarios a nivel país, el 68,8% considera que el índice de inflación del INDEC no refleja los precios que percibe en su vida diaria. En el sector de menores recursos, esta desconfianza trepa al 84%, unos 15 puntos por encima del promedio nacional. Cuanto más ajustado está el bolsillo, menos crédito se le da al dato oficial: quien vive al límite del día 20 tiene menos margen para creer que los precios subieron sólo lo que dice el organismo estadístico.

En este sentido, respecto a las expectativas económicas, el 55,1% de los encuestados cree que “lo peor está por venir” en materia económica. En tanto que el 24% considera que lo peor ya pasó. Nuevamente, el pesimismo vuelve a ser más marcado entre los sectores de clase baja, que leen el presente como un régimen de vida atravesado por la restricción, más que como una fase transitoria de ajuste.

La aversión hacia todo lo relativo a la política, la grieta y la corrupción aparece como un síntoma moral. Esta brecha se profundiza en la medida en que se observa por identidad política. Por ejemplo, entre los votantes de Milei en 2025, el 55,4% cree que lo peor ya pasó. En tanto que entre los votantes de la oposición, sólo el 3,4% piensa lo mismo. La misma economía se interpreta como final de un ajuste necesario por unos, y como fracaso sin salida por otros, según de qué lado de la grieta electoral —y de la pirámide social— se la mire.

La corrupción aparece como el principal problema entre la gran mayoría de los entrevistados. Cuando se pregunta, en una sola palabra, cuál es el principal problema de Argentina, la respuesta más repetida es “corrupción”; Milei aparece en segundo lugar, por delante de “economía”. En la pregunta cerrada de preocupaciones, corrupción lidera con el 51,3%, apenas por encima de ingresos/salario (48,2%) y de la incertidumbre económica (37,1%).  Que la corrupción encabece la respuesta espontánea es la forma en que una sociedad que vive el ajuste en el cuerpo canaliza ese malestar hacia una explicación moral y política, antes que estrictamente económica.

En cuanto a la imagen del actual Gobierno y el desgaste de la dirigencia política en general, destaca la desaprobación a la gestión de Javier Milei, que venía en ascenso sostenido desde marzo hasta tocar un pico del 61,2% en mayo, retrocedió en junio al 56,6%; la aprobación pasó del 32,2% al 33,2%.

El malestar económico no cede —ni en salario, ni en calendario del bolsillo, ni en confianza hacia el futuro—, pero dejó de traducirse en más desaprobación. Una lectura posible: buena parte de la sociedad ya “descontó” el ajuste como parte del paisaje.

Sin embargo, se percibe también un desgaste generalizado hacia la totalidad de la dirigencia política. De las cuatro figuras medidas, tres tienen balance neto de imagen negativo en junio (Milei, Kicillof y Bullrich) y sólo Myriam Bregman muestra un balance positivo, con la mejor imagen positiva del grupo. El humor social parece crítico con la dirigencia en general: nadie logra capitalizar de forma sólida el malestar económico. El crecimiento de Bregman aparece como refugio de un electorado que no se siente representado ni por el kirchnerismo ni por el peronismo tradicional, más absorbido por sus disputas internas que por ofrecer alternativas. No obstante, no constituye, por el momento, ninguna alternativa de cambio posible.

Si hubiera que elegir un dato que condensa el informe, es este: el 61% de los argentinos se queda sin ingresos antes del día 20 del mes y el 86,1% pierde contra la inflación. Juntos, describen una Argentina donde el ajuste dejó de ser discurso y se volvió rutina material.

  • Zentrix Consultora pertenece al universo de las consultoras privadas de opinión pública y análisis de datos, un actor técnico que produce estudios estadísticos y económicos para alimentar el debate público y la planificación de organizaciones. Su Monitor de Opinión Pública (MOP) se inscribe en la tradición de los paneles y encuestas nacionales de percepción social y política, similares a los relevamientos que otras consultoras y centros de investigación realizan sobre clima económico, confianza institucional y comportamiento electoral.

 

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