DISCRIMINACIÓN Y ACOSO ESCOLAR

Maria Alicia Alvado

El 77 por ciento de los estudiantes secundarios de entre 15 y 18 años presenció o escuchó de situaciones de acoso escolar en la institución educativa a la que asisten y la sospecha de lesbianismo, homosexualidad, transexualidad o bisexualidad es el segundo motivo de hostigamiento.
El dato surge de la Primera Encuesta Nacional sobre Acoso Escolar realizada por la organización de activismo LGTBQ Capicúa, que sondeó a 2.247 estudiantes secundarios de los últimos dos años de cursada en 29 escuelas secundarias públicas de diez provincias argentinas y fue realizada con apoyo de investigadores y organizaciones gubernamentales y no gubernamentales (estudiantiles, gremiales, de la diversidad sexual).
Concretamente, la investigación se propuso identificar los distintos tipos de discriminación presentes en las escuelas secundarias, evaluar comparativamente en qué grado la ley de Educación Sexual Integral está siendo implementada e indagar sobre cuál es la percepción de los estudiantes sobre las personas LGTBQ.
Los resultados demuestran que la principal causa por la cual un o una adolescente es víctima de acoso escolar (34 por ciento) son sus características físicas, seguida por cuestiones de diversidad sexual y por la condición de extranjero (16 por ciento).
“En el caso de las personas acosadas porque se sospecha que son gays y lesbianas, la consecuencia es que la víctima termina recibiendo algún llamado de atención por no querer ir a la escuela, pero las personas trans, al exteriorizar su identidad, terminan abandonando directamente”, explicó Alan Prieto, varón trans activista por los derechos de la diversidad sexual y coordinador de Capicüa.
De hecho, según el libro “Cumbia, copeteo y lágrimas”, de Lohana Berkins, el 73,5 por ciento de la comunidad trans no logra completar sus estudios secundarios.
“Que hoy por hoy exista un espacio como el del bachillerato popular trans Mocha Celis es una política positiva, porque tiene que existir un lugar donde las personas trans podamos terminar nuestros estudios, pero lo que tenemos que apuntar es a escuelas públicas en las que podamos transitar todas las personas independientemente de la identidad de género, la sexualidad y la nacionalidad”, agregó.
Y pese que casi 8 de cada 10 supo de situaciones de acoso en su escuela, sólo el 37 por ciento reconoció haberlo sufrido en primera persona.
“Esto podría indicar una naturalización de situaciones de violencia no identificadas como acoso, sino como parte del tránsito educativo, que tienen a (re) producirse al interior del sistema educativo”, dice el informe.
En cuando a quiénes ejercen la discriminación, el 71 por ciento asegura que el acoso es de “otros compañeros”, mientras que el 15 por ciento lo adjudicó “a los docentes”.
El estudio demostró también que el 26 por ciento de las personas que reconocieron haber sufrido acoso escolar en carne propia, no se lo contó a nadie.
“Es preocupante porque si tenés que ir todos los días a un lugar donde te discriminan, esto termina afectando el rendimiento académico y la autoestima”, dijo Prieto.
El informa incluye también un apartado sobre percepción de la comunidad LGTBQ y los resultados demuestran que si bien el 81 por ciento de los encuestados está de acuerdo o muy de acuerdo con que las personas LGTBQ deben tener los mismos derechos y obligaciones que el resto, persisten algunos prejuicios “que hay que desactivar para poder tener una mirada más amplia que contribuya a disminuir el acoso escolar”.
Así, el 54 por ciento está en total desacuerdo con que manifiesten su afecto en público como los heterosexuales y sólo el 52 por ciento está de acuerdo o muy de acuerdo con que las personas trans puedan adoptar o criar a un niño o una niña.
Una de las hipótesis de trabajo fue que la existencia de una relación directa entre el nivel de aplicación de de la Ley de Educación Sexual Integral aprobada en 2006 y la recurrencia de prácticas discriminatorias por orientación sexual o identidad de género en las aulas.
Puntualmente, el estudio puso en evidencia la falta de transversalidad entre materias para el abordaje de la educación sexual y el desequilibrio en tratamiento de las diferentes temáticas, en detrimento de cuestiones como orientación sexual e identidad de género
Así, mientras el 37 por ciento dijo que vio “anticoncepción y prevención”, el 21%, “enfermedades de transmisión sexual” y el 9% el “aparato reproductor”; sólo el 3% señaló haber abordado cuestiones de “orientación sexual e identidad de género”.
“Vemos que todavía persiste una matriz biologicista para hablar de sexualidad y también un desfasaje entre lo que los docentes pueden brindar como información y la necesidad de los chicos”, completó.

fuente: Télam