domingo, agosto 14

RODOLFO WALSH Y EL ESPÍRITU DE JUSICIA QUE LO MOVÍA

Rodolfo Walsh, periodista, escritor y miembro de la organización Montoneros, fue abatido el 25 de marzo de 1977 tras sostener un desigual enfrentamiento con un grupo de tareas de la ESMA, y 45 años después de la muerte del autor de «Operación Masacre», Jorge Pinedo, su yerno y compañero de militancia, lo evoca «como un militante comprometido en el objetivo de cambiar en base a un profundo sentimiento de Justicia».

«En la obra de Rodolfo había un profundo sentido por la Justicia que se reflejaba en cada una de sus obras. Luchaba por cambiar la realidad. Ese fervor se nota en cada uno de sus trabajos y cuentos. No había disociación entre su condición de militante y escritor. Todo era parte de un mismo compromiso político. Para mí, fue lo más parecido a un padre», sostuvo Pinedo.

Y en cuanto a la figura del creador de Operación Masacre, agregó: «Me gustaría que los jóvenes lo recuerden con producciones y trabajos sobre sus obras, sus cuentos, sus investigaciones. Esa sería la mejor forma de homenajear a Walsh».

Pinedo se incorporó con poco más de 20 años en el diario la Opinión, a comienzos de los ’70, y militó en los sectores más combativos del gremio de prensa, donde Walsh era un referente para las jóvenes generaciones.

Hoy antropólogo y psicoanalista, en 1977, Jorge estaba en pareja Patricia Walsh -una de las hijas del escritor y que años más tarde fue diputada nacional-, y afirma que como suegro «Rodolfo era un ser entrañable y tierno, aunque no tenía un carácter expansivo».

Desde mediados de 1970, Walsh se había incorporado al Peronismo de Base y a su brazo amado, las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), y luego esas agrupaciones se fusionaron con Montoneros.

En 1974, el escritor criticó internamente la decisión de la cúpula de la organización de pasar a la organización y tras el Golpe de Estado se mostraba partidario de desarrollar una resistencia basada en la inserción popular.

Pinedo integraba la Agencia de Noticias Clandestina (Ancla), el proyecto periodístico ideado por Walsh con el propósito de difundir información sobre las violaciones a los derechos humanos que la maquinaria del terrorismo de Estado llevaba a cabo en Argentina.

«El esquema operativo que se usaba en Ancla era similar al que emplearon Rodolfo, (Rogelio) García Lupo y (Jorge Ricardo) Masetti en Cuba cuando fundaron la agencia Prensa Latina. Se conseguía la información adentro para exponerla al exterior. El método que usábamos era bastante artesanal y se parecía bastante al que había utilizado Rodolfo en sus investigaciones más conocidas», remarcó.

En base a las informaciones que obtuvo por su trabajo en Ancla, Walsh recopiló el material y los datos con los cuales escribir su célebre Carta Abierta a la Junta Militar, con motivo de cumplirse un año del golpe militar del 24 de marzo de 1976.

«Tuve conocimiento de que estaba escribiendo esa carta a la Junta en noviembre de 1976. Hay en ese texto elementos similares al escrito que envió a sus amigos cuando supo de la muerte de su hija y militante de Montoneros María Victoria (Vicky), en un enfrentamiento con tropas del Ejército», recordó.

Un día después de haber redactado esa misiva en la que se denunciaban los delitos perpetrados por el régimen de Jorge Rafael Videla y las consecuencias económicas provocadas por sus políticas, Walsh fue abordado por efectivos de la Armada en la esquina de San Juan y Entre Ríos, donde había concurrido para tener una cita que estaba delatada.

Armado con una pistola PKK calibre 22, que su última mujer, Lilia Ferreyra le había regalado unos meses antes, Walsh intentó resistirse, pero resultó herido y llegó a la ESMA en estado de agonía, según el testimonio que dieron años más tarde sobrevivientes de ese centro clandestino de detención.

«La muerte de Vicky, sumada a la de su gran amigo y compañero Paco Urondo, en Mendoza, tuvieron un gran impacto en el ánimo de Rodolfo».

En los días posteriores a su secuestro, el escritor alternaba sus días entre un departamento ubicado en la zona de Ugarteche y Las Heras y una quinta de la localidad bonaerense de San Vicente, donde pensaba mudarse con su compañera Lilia.

El 26 de marzo de 1977, Pinedo y Patricia, junto a sus hijos, fueron a buscar a Lilia a Capital Federal para encontrarse con Rodolfo en San Vicente, donde pensaban comer un asado.

La idea era generar una pausa en medio de la vida en clandestinidad para que Walsh pudiera conocer al hijo de la pareja recién nacido, Mariano.

Pero al llegar, encontraron muebles de la casa esparcidos por todos lados y agujeros de balas en las paredes de la vivienda, rastros evidentes de un asalto llevado a cabo por efectivos de la represión.

«Rodolfo sabía que era buscado. Sabíamos que tenía que encontrarse con alguna gente, pero no sabíamos con quién. En esos días, él mantenía una relación crítica con la conducción de Montoneros. Era partidario de un repliegue para preservar la vida de los compañeros», reseñó Pinedo.

Tras la desaparición del escritor, Pinedo siguió formando parte de Ancla, hasta su disolución por cuestiones de seguridad en septiembre de 1977.

«Seguimos en la clandestinidad hasta que nos disolvimos. En 1978 llegamos a tener noticias de que Montoneros planeaba una contraofensiva, algo que sabíamos que estaba destinado al fracaso. Aproveché entonces mi origen de clase  para insertarme otra vez en la vida civil», repasó.

Ya recuperada la democracia, Pinedo dio testimonio de la desaparición de Walsh ante la Conadep y más tarde en el Consejo de Guerra de las Fuerzas Armadas, en un garaje cercano al departamento que Walsh compartió con Lilia, quien falleció en 2015.

«La verdad que en esa declaración la pasé bastante mal. Tenía mucho terror y estaba bastante paranoico. Los militares que me tomaron declaración me decían que yo venía de ‘buena familia’, ¿qué cómo era que me había metido con esa gente?’. Lo único que hice fue poner cara de circunstancia», asegura.

A principios de 2011, en el marco del juicio de la megacausa ESMA, Pinedo declaró otra vez sobre Walsh ante el Tribunal Oral Federal Número 5.

“Ese día, sentí mucho orgullo de cumplir mi papel en la historia, de contribuir para que se supiera la verdad de lo que había pasado con Rodolfo. Sentí que concretaba un mandato», describe.

Meses después, el TOF 5 sentenció a 18 represores de la ESMA por los crímenes cometidos por el Grupo de Tareas 3.3.2, y se estableció que Walsh disparó su arma y luego fue alcanzado por una ráfaga de ametralladora, en tanto que el cuerpo del escritor nunca pudo hallarse, aunque se presume que ardió en un predio adyacente al Río de la Plata.

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