domingo, octubre 24

LA REVOLUCIÓN DE LA PALABRA

La «Revolución es la palabra», es el titulo que escogió  la periodista Mariana Dufour para homenajear al escritor, periodista, guionista y militante argentino Osvaldo Bayer, autor entre otras importantes obras de La Patagonia Rebelde.  El texto de Dufour, que compila los encuentros con familiares, amigos o amigas y poetas que Bayer celebró en casa del barrio de Belgrano conocida, también, como «El tugurio»,  fue presentado en el Centro Cultural Kirchner.

Esteban Bayer, hijo del autor de «La Patagonia Rebelde», subió al escenario con Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz y Presidente Honorario del Servicio Paz y Justicia (Serpaj), quienes inauguraron el espacio para recordar el trabajo, la militancia y el compromiso de Bayer (1927-2018). Esquivel lo definió como «un anarquista con alegría de la vida que compartió siempre el andar de los pueblos» y señaló que «partió pero está presente a través de su testimonio de vida. Su testimonio nos tiene que guiar en la lucha por la liberación».

«Su palabra era su herramienta de lucha con la que cuestionaba la soberbia del poder, seducía, formaba conciencia y recorría el país», señaló por su parte Esteban, el hijo del escritor. Además el también periodista remarcó que Bayer aprovechó esa palabra «para defenderse en decenas de juicios y los ganó a todos». señaló el Premio Nobel de la Paz, quién sostuvo, también, que Bayer hizo de la palabra una herramienta de lucha.

«Con la palabra (Bayer) recibió a los protagonistas de este libro», afirmó Esquivel, en referencia a los encuentros semanales que realizó entre 2016 y 2017 en «El Tugurio» cada semana, por donde desfilaron Cristina Banegas; Stella Calloni; Marian Farías Gómez o Beatriz Pichi Malen y Lorenzo Pinsen; Miguel Ángel Estrella; Teresa Parodi y Víctor Heredia, entre otres.

Los encuentros se realizaron por iniciativa de Dufour: «Este proyecto nació de una entrevista que le hice hace algunos años por la reapertura de la Escuela Nacional de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova. En esa nota, me contó que había recorrido los jardines de esa institución junto a Anne Marie, una estudiante y escultora con quien recitaba versos de los poetas que amaban. Esa idea me quedó dando vueltas y le propuse retomar esos paseos de la mano de esos poetas y me respondió que era una deuda pendiente con esos amigos».

Así se fue comenzó a gestar este trabajo de más de 500 páginas editado por Lenguamadre en el que están condensados los autores admirados por Bayer como Rodolfo Walsh, Paco Urondo, Haroldo Conti, Juan Gelman, Armando Tejada Gómez, Hamlet Lima Quintana, Jaime Dávalos, Atahualpa Yupanqui, Osvaldo Soriano o Eduardo Galeano.

En esos encuentros que Dufour se preocupaba por organizar y luego grabar porque Bayer decía que «tenía la memoria flaca» también pasó la actual vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, visita que se produjo un viernes de septiembre de 2017, condensada en el último capítulo del libro.

La palabra que Bayer más se repetía, que insistía era revolución, por eso no fue difícil encontrar un título, relató la autora sobre una tarea que emprendió con la colaboración del periodista y docente Javier Corcuera, quien recordó la picardía con la que el historiador se disponía a conversar y a narrar sus recuerdos.

Por ejemplo, les contaba cuando muchos llegaban hasta su casa de la calle Arcos, casi en la esquina de Monroe, a preguntar por un lugar que no existía y se confundían por el nombre escrito en la puerta o cuando se entregaba a hablar de fútbol, un deporte que disfrutaba y convertía en relatos para sus amigos.

La presentación también contó con la música de Marian Farías Gómez, Beatriz Pichi Malen, el dúo de charangos de Rolando y Julián Goldman, Guillermo Lugrin con el acompañamiento de Agustín Comte, el Quinteto Negro La Boca, con quien Bayer interpretó tangos anarquistas, y la banda Arbolito.

Entre lecturas de poesía, música y discursos, el escenario de una de las salas del centro cultural se fue poblando de recuerdos, anécdotas y testimonios de quienes se congregaron para homenajear y celebrar al escritor en una cita que algunos denominaron «una fiesta, un impulso para mantener vivo el compromiso» y otros «un fogón de amigos».

El acto de esta tarde se realiza también en el marco de los 100 años, que se cumplen este 2021, de las históricas huelgas patagónicas y el fusilamiento de 1500 obreros, un hecho histórico que el periodista y escritor recuperó del olvido en su libro «Los vengadores de la Patagonia trágica» y fue llevado al cine en 1974 por Héctor Olivera.

Con el título «La Patagonia rebelde» y protagonizada por Héctor Alterio, Luis Brandoni, Federico Luppi y Pepe Soriano, la película contó con un guion escrito por Olivera, Fernando Ayala y el propio Bayer.

Nacido en la ciudad de Santa Fe, el 18 de febrero de 1927, el escritor se trasladó luego con su familia a Concepción del Uruguay, a Tucumán y finalmente a Buenos Aires, donde se instalaron en el barrio de Belgrano donde vivió hasta los 91 años.

Hincha fanático de Central, el escritor se caracterizó por su constante coherencia en defender las causas de los excluidos, explotados y mancillados por el poder, que plasmó en libros como «Severino Di Giovanni», «Anarquistas expropiadores», «Rebeldía y esperanza», «En camino al paraíso», «Ventana a Plaza de Mayo» o la novela «Rainer y Minou».

Debido a la persecución por parte de la Triple A, debió exiliarse en Berlín en 1975 de donde solo pudo regresar en 1983, con el advenimiento de la democracia. En el exilio, continuó escribiendo, militando y denunciando, junto a organismos defensores de los derechos humanos, las desapariciones forzadas de personas y muertes por parte del régimen militar en nuestro país.  Bayer decía que «la persecución de los compañeros, la desaparición de los amigos» fue lo que más le había dolido durante la dictadura.

«Mi mejor amigo fue Rodolfo Walsh y lo secuestraron, como a tantos otros. Me salvé porque me fui al exilio», relataba. Al momento de nombrar las consecuencias de esos años en su vida, expresaba: «Tengo cuatro hijos, diez nietos y seis bisnietos, todos en Alemania… No pudimos unirnos, porque mis hijos nacieron en Alemania, estudiaron allá, se recibieron allá, tienen muy buenos empleos, se casaron y sus hijos también nacieron y viven allá, para ellos es imposible volver. Yo quise volver siempre a la Argentina», afirmaba entonces.

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