ALQUILAR ES IMPOSIBLE EN LA CIUDAD

La Dirección de Estadísticas y Censos de la Ciudad de Buenos Aires (DGEyC), publicó recientemente su informe trimestral del precio de los alquileres. Los datos se corresponden con el tercer trimestre del 2018 y dan cuenta de un aumento interanual de 35,8% para departamentos de un ambiente, 31,8% para los de dos ambientes y 25,8% para los de tres ambientes. Asimismo, el informe asegura que un departamento de un ambiente se alquila, en promedio, a $9.318; uno de dos ambientes a $12.346 y uno de tres ambientes a $18.229.
“Teniendo en cuenta que este informe no incluye los gastos de expensas, impuestos ni tarifas de servicios públicos, los datos emanados de la DGEyC confirman que el costo del alquiler representa más de la mitad de los ingresos de una persona asalariada. Alquilar formalmente dejó de ser una opción para jubiladas/os, trabajadores y trabajadoras por cuenta propia”, sostienen desde la organización Inquilinos Agrupados y agregan: “Si bien el Gobierno porteño celebra la desaleración de los precios de los alquileres respecto al trimestre anterior, si comparamos los datos con los ingresos promedio de asalariados/as, trabajadores/as por cuenta propia y jubilados/as; los porcentajes que se destinan al alquiler son escandalosos”.
Para una persona con ingreso promedio de $23.660, alquilar un monoambiente representa el 39% de su ingreso, un dos ambientes representa el 52% y un tres ambientes el 77%. Estos datos no incluyen el resto de los gastos mensuales (expensas, ABL e impuesto inmobiliario y tarifas de servicios públicos).
Si comparamos los precios de los alquileres en la Ciudad, con los ingresos de trabajadores y trabajadoras por cuenta propia, jubilados y jubiladas, los datos son aún más escandalosos. Un trabajador por cuenta propia tiene un ingreso promedio de $17.601, por lo tanto, debería destinar el 52% de sus ingresos para alquilar un monoambiente, el 70% para un dos ambientes y el 103% para un tres ambientes. En tanto, los jubilados tienen un ingreso promedio de $14.207, por lo tanto, deberían destinar el 65% de sus ingresos para un monoambiente, el 86% para un dos ambientes y el 128% para un tres ambientes.
“En una ciudad donde el 40% de sus residentes alquila, se está profundizando un fenómeno de ‘pobreza invisible’: Inquilinos que viven en barrios de sectores medios, en edificios que aparentemente se encuentran en buenas condiciones, pero que dentro de esos pocos metros cuadrados viven una situación de pobreza, porque destinan la mitad de sus ingresos en el pago del alquiler, destinan otro porcentaje importante para afrontar expensas, impuestos y tarifas de servicios públicos, destinan a ahorrar el poco dinero que les queda para renovar el contrato y, por lo tanto, se les hace imposible hacer frente a otros gastos elementales de la vida cotidiana”, señalan desde Inquilinos agrupados.
La rescisión anticipada de contratos por imposibilidad de pago, jóvenes que vuelven a casa de sus padres, jubilados que se mudan a casa de sus hijos, sub-alquiler de habitaciones a desconocidos, desalojos violentos y creciente población de personas en situación de calle, son algunas de las consecuencias de la falta de regulación del mercado inmobiliario en en la Ciudad y los desmanejos del Estado respecto a la vivienda social . En este sentido, Gervasio Muñóz, presidente de Inquilinos Agrupados, asegura que “esta situación se viene construyendo desde hace años, parte del problema es la desregulación absoluta del mercado de alquileres y las políticas que tienden a aumentar el valor del suelo urbano. Revertir el problema también llevará años, pero implementando políticas en la dirección inversa. El punto de partida de la solución podría haber sido la sanción de la Ley Nacional de Alquileres que la Cámara de Diputados acaba de archivar”.