¡ABORTO LEGAL YA!

por Mariane Pécora

Historias de verdaderas

Viviana tenía 16 años, se dio cuenta de que estaba embarazada cuando llevaba dos meses de gestación, el padre de su pareja pagó a un sicario para que la llevase a un consultorio clandestino en los suburbios. Temía que su buen nombre y el de su hijo quedaran manchados. Ella recuerda poco el lugar: una mesa, pinzas, tijeras, alcohol, la sacudida del sicario para que vuelva de la anestesia y cuando la arrastró hasta la parada de colectivo. Así, sola, semidrogada y sangrando, viajó más de dos horas hasta llegar a su casa.

Gabriela quedó embarazada a los 18 años, estudiaba Literatura en la UBA, no estaba en sus planes tener un hijo a esa edad. Con Roque, su pareja, acudieron consultorio clandestino, el dinero con el que contaban no les alcanzaba para pagar al anestesista. El sujeto le propuso hacer el aborto sin anestesia. A más de 30 años de esta experiencia nunca pudo olvidar el dolor que sintió en sus entrañas.

Mariana, corrió mejor suerte, llegó a juntar el dinero necesario para que este mismo sujeto le practicara un aborto con anestesia, sobre una camilla vetusta y con pocas condiciones de higiene. No sintió dolor. Pero todavía recuerda el manoseo obsceno del tipo mientras la ayudaba a vestirse. La despacho medio drogada por la anestesia, pero antes le dio una cita para “enseñarle” a no quedar embrazada. Nunca más volvió. Tenía 19 años

Fernanda no cayó en la cuenta hasta la cuarta falta. Era tan delgada que no lo había notado. El embarazo estaba avanzado. Un día antes el tipo que le practicó el aborto le introdujo un apósito para dilatar vagina y el cuello del útero. El ardor era insoportable. Estuvo a un paso de desangrase durante la convalecencia. Tenía 18 años.

Soledad dio con una “profesional” que tenía un departamento especialmente preparado para practicar abortos. Cobraba caro, muy caro. Su pareja y sus amigas le ayudaron a pagarlo. Todavía recuerda la bofetada que la trajo de la anestesia, el mareo y las imágenes borrosas en la vereda. La mujer no permitía que sus pacientes permanecieran más de diez minutos en el departamento luego de la práctica. Acababa de cumplir 17 años.

Renata, llevaba un mes de embarazo, recurrió a la clínica de uno de los mejores ginecólogos de la Ciudad. Le hicieron firmar un extenso papeleo donde desligaba al profesional de cualquier responsabilidad sobre el estado de la paciente. Luego pagó 300 dólares (en negro) por un aborto hecho en quirófano limpio y esterilizado. Cuando despertó de la anestesia una enfermera la obligó a vestirse y retirarse de inmediato del sanatorio. Una amiga la esperaba afuera. Tenía 25 años

Claudia pasó por ese mismo quirófano, la anestesia le pegó mal, cuando despertó estaba al borde de un ataque de pánico. El personal de la clínica la sedó y la despacharon con su acompañante. También había pagado 300  dólares (en negro) por la operación. Tenía 20 años

Samantha, tenía 16 años. Una noche se colocó pastillas de Misosprostol en la vagina, abortó revolcándose de dolor. La hemorragia únicamente se la pudieron detener en el hospital público. Pagó 1500 pesos por cada comprimido.

Las historias de las mujeres que han pasado por una situación de aborto clandestino son desgarradoras. Algo que debiera ser una intervención quirúrgica normal, con los cuidados y atención que éstas requieren, se convierte en un estigma. Pues la carga de la culpa se invierte: quién practica el aborto humilla a la mujer embarazada, la hace sentir una delincuente que debe pagarle por hacerle hacer lo que ellos califican como trabajo sucio, pero bien remunerado, por supuesto

#AbortoLegalYa

La Campaña por el Derecho al Aborto Legal, comenzó al mediodía de hoy por las redes sociales bajo el hashtags #AbortoLegalYa, y marcó tendencia. Horas más tarde, unas cinco mil personas se dirigieron al Congreso munidas del pañuelo verde que simboliza la lucha por este derecho. Miles de mujeres tapizaron el palacio parlamentario con el emblema que simboliza el reclamo por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.
Hace once años que este proyecto de ley, que salvaría la vida de unas 500 de mujeres por año, viene siendo presentado en el Parlamento nacional. Lo cierto que para un cuerpo legislativo compuesto en su mayoría por hombres o mujeres anti-abortistas, el este tema no nunca ha sido prioritario.
Esta año, varias parlamentarias son las que tomaron las posta de en esta batalla, entre ellas, la diputada Victoria Donda, quien manifestó, a viva voz, que “pedirá una sesión especial el 8 de marzo antes de las marcha, para que den la cara los diputados que quieren que las mujeres nos sigamos muriendo”.

En Argentina, se practican unos 500.000 mil abortos clandestinos por año y en el que las complicaciones por abortos inseguros son la principal causa evitable de mortalidad materna. La práctica de abortos clandestinos resulta uno de los negocios más redituables después de la trata y del narcotráfico. Desde esta perspectiva, la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo resulta un escollo para algunos de los profesionales inescrupulosos. Lo es también para la iglesia católica y para sectores refractarios de la sociedad. Lo cierto es que las mujeres seguimos sin tener derecho a decidir sobre nuestros cuerpos.

La sangre se lava con dinero

Agujas de tejer, hebillas, ramas de perejil, son algunas de los instrumentos que usan las mujeres de menores recursos para provocar un aborto. La mayoría muere de septicemia. A las que sobreviven se las penaliza, porque la ley considera que las mujeres no tenemos derecho a decidir sobre nuestro cuerpo. Si se trata de una menor, la pena recae sobre la madre de la joven.
Antes y ahora, la realidad es distinta para las mujeres que disponen de recursos económicos, pero no de voluntad para afrontar un embarazo. Previo pago de la cifra convenida y del consentimiento para que se les realice una práctica quirúrgica no especificada, ellas se internan en una clínica privada. Pasan por un pulcro quirófano, que cuenta con equipo médico completo, y vuelven de la anestesia en un cuarto inmaculado. No deben vestirse rápido, ni salir a la calle mareadas, ni se estrujan de dolor, tampoco son manoseadas y jamás se desangran. Con el dinero lavan el supuesto delito de abortar y se garantizan el derecho a decidir qué hacer con su cuerpo.

Analía acompañó a su hija a un consultorio hiper lujoso en el barrio de Palermo, Sofía estaba llevaba dos meses de embarazo. Sin previa explicación, antes de entrar a la sala de espera, una secretaria les obligó a depositar carteras y celulares en un locker. Se trataba de una consulta. No de una intervención. Así y todo lo prioritario es mantenerse en la clandestinidad, sea ésta lujosa o miserable.

De menores y mujeres violadas

Los únicos casos donde las leyes y protocolos justifican el aborto datan de casi un siglo y figuran en el artículo 86 del código Penal, desde el año 1921, la práctica del aborto es legal en nuestro país, cuando se realiza: 1) por razones de riesgo de vida o para la Salud de la madre. 2) cuando el embarazo es el resultado de una violación. Así y todo hay profesionales que se niegan a practicarlos por pruritos religiosos o temor a ser imputados. Pese a que nuestra Constitución y los tratados de derechos humanos no sólo no prohíben la realización de esta clase de abortos sino que, por el contrario, impiden castigarlos respecto de toda víctima de una violación, en atención a los principios de igualdad, dignidad de las personas y de legalidad. Los médicos en ningún caso deben requerir autorización judicial para realizar esta clase de abortos, debiendo practicarlos requiriendo exclusivamente la declaración jurada de la víctima, o de su representante legal. Los jueces tienen la obligación de garantizar derechos y su intervención no puede convertirse en un obstáculo para ejercerlos, por lo que deben abstenerse de judicializar el acceso a estas intervenciones.

#8M

El reclamo por el derecho al Aborto Derecho al Aborto Legal, seguro y gratuito será uno de los ejes del Paro Internacional de Mujeres del próximo 8 de marzo donde todas debemos participar: Por nuestras vidas, por nuestra dignidad, por nuestro derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, por trabajo digno, por salarios igualitarios, sororidad.