
En Buenos Aires el invierno no es solo una estación: es un estado de ánimo. Una forma de caminar, de hablar bajito en los bares, de buscar calor en las voces ajenas. El viernes 21 de agosto, en el Bar Imperio del Hotel Savoy, ese clima tendrá dos intérpretes que lo van a traducir en música: Belén Mackinlay y Mariana Quinteros, convocadas para cerrar la tercera edición del ciclo Las cuatro estaciones de Buenos Aires, mujeres en la música.
El Savoy —esa cápsula de tiempo donde el mármol y las lámparas parecen haber decidido no envejecer— será el escenario de un encuentro que no busca la fusión fácil, sino el roce: folklore y tango, dos lenguajes que se cruzan como avenidas en hora pico, con sus tensiones, sus nostalgias y sus modos de decir. Primero cada una en su territorio, luego en dúo, como si el invierno necesitara dos voces para explicarse.
Mackinlay llega después de un recorrido que la llevó a maridar su folklore con géneros que, en principio, no le pertenecen: teatro musical, jazz, bossa nova, fado, música brasilera. Una cartografía de cruces que arma junto a otras mujeres, artistas que funcionan como estaciones afectivas: Alejandra Radano, Romina Fuchs, Annette Durañona, Laura Conforte, Belén Pérez Muñiz, Delfina Oliver, Karina Beorlegui, Daniela Horovitz, Roxana Canné. Cada encuentro, un clima distinto. Cada bar notable, una geografía emocional.
Quinteros, por su parte, trae el tango desde adentro, desde ese lugar donde el bandoneón no es instrumento sino respiración. En el Savoy la acompañarán Julieta Lizzoli y Aníbal Berraute en piano, Joaquín Benítez Kitegroski en bandoneón y Guido Martínez en contrabajo: una formación que promete una noche más cercana a la penumbra que a la luz, más al abrazo que al aplauso.
El ciclo —seleccionado por Mecenazgo Cultural y apoyado por el Banco COMAFI y la Gerencia de Patrimonio porteño— funciona como un mapa alternativo de la ciudad: una Buenos Aires que se recorre por sus bares, por sus mujeres músicas, por sus estaciones. No es solo programación cultural: es una forma de pensar la escena porteña desde lo íntimo, lo histórico y lo colectivo.
Entre el olor a café y el murmullo de las mesas, este invierno, entonces, se convertirá en territorio sonoro en el Bar Imperio, pues por un rato Mackinlay y Quinteros intentarán que el frío se vuelva música.
