miércoles, septiembre 23

SE VIENE UNA NUEVA NOCHE DE LOS BARES NOTABLES

Buenos Aires tiene noches que parecen hechas para detener el tiempo. La del jueves 24 de septiembre, desde las seis de la tarde, promete ser una de ellas: La Noche de los Bares Notables vuelve a encender las luces cálidas de algunos de los rincones más emblemáticos de la Ciudad, esos que guardan en sus mesas la memoria de generaciones y en sus cocinas un modo muy porteño de entender la vida.

Ese día, cinco bares históricos —Almacén y Bar Lavalle, Rotisería Miramar, La Giralda, La Ópera y el Bar Plaza Dorrego— abrirán sus puertas con una propuesta singular: recibir a cuatro chefs que, con oficio y sensibilidad, dialogarán con la identidad de cada espacio a través de platos especialmente creados para la ocasión. Una suerte de conversación entre pasado y presente, entre tradición y mirada contemporánea, entre recetas que resisten y manos que se animan a reinterpretarlas.

En Almacén y Bar Lavalle, Marcos Di Cesare —cocinero, maestro pastelero y figura querida por miles de seguidores— se sumará a uno de los platos estrella de la casa. Desde las 20 h, su intervención sobre pebetes y chips promete un juego de texturas y aromas: pebete de sésamo con manteca de ajo asado, milanesa de nalga, provoleta gratinada, lechuga iceberg con ajíes agridulces y pesto de tomates. Un clásico porteño llevado a un territorio nuevo, sin perder la esencia.

A unas cuadras, en Rotisería Miramar, la historia se cocina a fuego lento desde hace 76 años. Allí, Gabriel Kogan —panadero por elección, artesano de las fermentaciones largas— trabajará codo a codo con Richard Llanos, uno de los cocineros históricos del lugar. Llanos aprendió de Ramón Álvarez, y Álvarez de los primeros maestros del Miramar: una cadena de saberes que atraviesa décadas y que esta noche se renueva sin romperse.

En La Giralda, templo del churro porteño, la pastelería de autor de Ana Irie se atreverá a jugar con la tradición. Presentará un churro en forma de flor, acompañado por dips de pastelera, dulce de leche y chocolate, además de una versión de churros con helado de dulce de leche y salsa de cacao. Una reinterpretación delicada y festiva del clásico que tantas madrugadas acompañó sobre la avenida Corrientes.

La misma Ana Irie llegará también a La Ópera, donde transformará dos íconos de la gastronomía argentina: el flan mixto y el croissant. Habrá versiones con crema chantilly, dulce de leche, caramelo, queso cuartirolo, dulce de batata, membrillo y hasta bananas nixtamalizadas. Una celebración de la pastelería como puente entre culturas, técnicas y memorias.

Finalmente, en El Bar Plaza Dorrego, Diego Gera —chef de amplia trayectoria y amante de la trompeta y los autos de colección— pondrá su impronta en un plato que es casi una postal del lugar: las costillitas a la riojana. Los habitués podrán pedir el especial de Diego o quedarse con los clásicos de la casa, que conviven sin competir, como viejos amigos.

Cada uno de los chefs invitados trae consigo una historia que se mezcla con la de los bares:

  • Marcos Di Cesare, formado entre Buenos Aires, Madrid y Barcelona, combina oficio, gestión y una sensibilidad que lo volvió referente para miles de cocineros caseros.
  • Ana Irie, sansei y exploradora de la pastelería japonesa, lleva en sus manos la delicadeza del wagashi y la potencia de la tradición correntina.
  • Gabriel Kogan, defensor de las harinas orgánicas y las fermentaciones largas, trabaja el pan como si fuera un documento vivo.
  • Diego Gera, chef y docente, une técnica y experiencia con una curiosidad que lo mantiene siempre en movimiento.

Los Bares Notables son parte del patrimonio cultural porteño no solo por su arquitectura o su historia, sino por algo más íntimo: sus cocinas, donde se conserva una forma de entender el sabor como identidad. En esta edición especial, esas recetas dialogarán con la mirada de los cocineros invitados, creando un puente entre la tradición y las expresiones contemporáneas de la gastronomía.

La programación completa estará disponible en festivalesba.org, pero la invitación es simple: salir a caminar, entrar a un bar, probar un plato y dejar que Buenos Aires haga lo que mejor sabe hacer cuando cae la tarde: contar historias.

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