#8M. UNA JORNADA HISTÓRICA

por Mariane Pécora

Ayer, 8 de marzo, la Ciudad vibró al paso de las mujeres, travestis, lesbianas y trans. Una de las marchas más multitudinarias, desde que las mujeres tomamos la iniciativa de salir a la calle para reclamar por nuestros derechos. Este es el segundo año que el día de la Mujer Trabajadora se celebra a nivel internacional con una Huelga de Mujeres: “Si nosotras paramos, se detiene el mundo”, es la consigna. Este es el segundo año que las calles le ganaron a los shoppings: las mujeres no queremos bombones, ni flores, ni perfumes.
No queremos un día para nosotras.
¡Queremos una vida!
Queremos tener derecho sobre nuestros cuerpos.
Queremos tener  garantizada nuestra integridad todos los días del año.
Tomamos la calle para decir basta de femicidios, de travesticidios, de lesbofobia, de xenofobia; basta de trata; basta de violencia sexual; basta de abuso; basta de patriarcado; aborto legal, seguro y gratuito para todas.
¡Ya!

Ayer, 8 de marzo, la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora tuvo, en nuestro país, una inmensa motivación. El martes 6 de marzo, ingresó al Congreso de la Nación el proyecto de Ley para despenalizar el aborto. La iniciativa de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito, fue impulsada por la diputada Victoria Donda y lleva la firma de más de 70 legisladoras y legisladores, que esperan tratarla antes de junio de este año.
De inmediato, los sectores más refractarios de la sociedad, nucleados en torno a Iglesia católica, salieron a oponerse a esta iniciativa. Organizaron campañas anti-abortivas en la Plaza de los dos Congresos, repartieron volantes y fetos de plástico intentando “sensibilizar” a la población. Lo cierto es que no defienden la vida, sino el inescrupuloso negocio millonario que se esconde detrás de la ilegalidad del aborto. En nuestro país se practican unos 500.000 mil abortos clandestinos por año, las complicaciones de estas praxis, realizadas muchas veces sin medidas de seguridad ni higiene adecuadas, son la principal causa de mortalidad materna. La legalización de la interrupción voluntaria del embarazo -amén de la mojigatería de la Iglesia católica en cuanto a la  obsoleta discusión acerca si el embrión es una persona o no-, significará el fin de una práctica que erige fortunas a costa nuestras vidas. La Ley Aborto Legal, Seguro y Gratuito evitará la muerte de unas 500 de mujeres por año y, no solo eso,  obligará al Estado a poner en marcha el programa de Educación Integral Sexual en las escuelas de todo el país, para que los y las adolescentes tengan herramientas para prevenir los embarazos no deseados.

Esta es la séptima vez que el proyecto de Ley de Aborto Legal, Seguro y Gratuito ingresa al Congreso de la Nación. En tosas las anteriores oportunidades, no llegó siquiera a la instancia de debate. Siempre fue cajoneado. Este año el Presidente de la Nación Mauricio Macri tiró la primera piedra. En la apertura de sesiones del 1º de marzo expresó “como sociedad nos debemos una discusión sobre el aborto”, tras lo cual se manifestó a favor de la vida, es decir, en contra del aborto.  La Campaña por el Derecho al  Aborto Legal, Seguro y Gratuito, que impulsa esta Ley desde 2005, calificaron este anuncio como oportunista, dados los recortes en los programas de protección a la mujer y la reticencia manifiesta a la hora de poner en práctica el plan de Educación Sexual Integral en las escuelas. No obstante, consideran que la medida abre un debate, no solo a nivel parlamentario, sino en la sociedad toda y particularmente entre las mujeres.

Ayer, 8 de marzo, día internacional de la Mujer Trabajadora, cientos de miles de mujeres, travestis, lesbianas y trans copamos las calles de la Ciudad en una marcha multitudinaria, colorida y liberadora. Allí, cada voz se sostuvo en un inmenso grito colectivo en apoyo a la Ley de Aborto Legal, Seguro y Gratuito, exigiendo su inmediato tratamiento, aprobación y puesta en marcha. Marea Verde llamaron los medios masivos a esta manifestación, en alusión al color con que las impulsoras de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, visibilizaron este reclamo.

Ayer, 8 de marzo, mujeres, travestis, lesbianas y trans de todas las edades, tomamos la avenida de Mayo en una caravana que se inició a las cuatro de la tarde y finalizó pasadas las nueve de la noche. Una serpiente de feminidades; un abanico de colores; una diversidad de edades; una sincronía de bailes y cantos. Todas portando un pañuelo verde, porque estamos convencidas, hoy más que nunca, que queremos que el  aborto sea legal, libre y gratuito y se practique en todos los hospitales públicos del país; para que todas, cualquiera sea su condición social o identidad sexual, ejerzamos el derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos; para que dejen de morir mujeres por abortos clandestinos mal realizados; para acabar con este aberrante negocio, uno de los más rentables después de la trata y el narcotráfico; para que de una vez por todas logremos la igualdad de derechos que tanto nos debemos las mujeres y, desde allí,  podamos lanzarnos a mayores conquistas.

Manifiesto 8M

JUNTAS SOMOS MÁS. Cada 8 de Marzo celebramos la alianza entre mujeres para defender nuestros derechos conquistados. Fue la unión de muchas mujeres en el mundo, la que consiguió grandes victorias para todas nosotras y nos trajo derechos que poseemos hoy. Nos precede una larga genealogía de mujeres activistas, sufragistas  y sindicalistas. Las que trajeron la Segunda República, las que lucharon en la Guerra Civil, las que combatieron al colonialismo y las que fueron parte las luchas anti-imperialistas. Sin embargo, sabemos que aún no es suficiente: queda mucho por hacer y nosotras seguimos luchando.

La sororidad es nuestra arma; es la acción multitudinaria la que nos permite seguir avanzando. La fecha del 8 de marzo es nuestra, internacional y reivindicativa.

Hoy, 8 de Marzo, las mujeres de todo el mundo estamos convocadas a la HUELGA FEMINISTA.

Nuestra identidad es múltiple, somos diversas. Vivimos en el entorno rural y en el entorno urbano, trabajamos en el ámbito laboral y en el de los cuidados. Somos payas, gitanas, migradas y racializadas. Nuestras edades son todas y nos sabemos lesbianas, trans, bisexuales, inter, queer, hetero… Somos las que no están: somos las asesinadas, somos las presas. Somos TODAS. Juntas hoy paramos el mundo y gritamos: ¡BASTA! ante todas las violencias que nos atraviesan.

¡BASTA! de agresiones, humillaciones, marginaciones o exclusiones. Exigimos que el Pacto de Estado contra las violencias machistas –por lo demás insuficiente– se dote de recursos y medios para el desarrollo de políticas reales y efectivas que ayuden a conseguir una sociedad libre de violencias contra las mujeres y niñas. Denunciamos la represión a quienes encabezan la lucha por los derechos sociales y reproductivos.

¡BASTA! De violencias machistas, cotidianas e invisibilizadas, que vivimos las mujeres sea cual sea nuestra edad y condición. QUEREMOS poder movernos en libertad por todos los espacios y a todas horas. Señalamos y denunciamos la violencia sexual como expresión paradigmática de la apropiación patriarcal de nuestro cuerpo, que afecta de modo aún más marcado a mujeres en situación de vulnerabilidad como mujeres migradas y trabajadoras domésticas. Es urgente que nuestra reivindicación Ni una menos sea una realidad.

¡BASTA! De opresión por nuestras orientaciones e identidades sexuales! Denunciamos la LGTBIfobia social, institucional y laboral que sufrimos muchas de nosotras, como otra forma de violencia machista. Somos mujeres y somos diversas.

¡MUJERES LIBRES, EN TERRITORIOS LIBRES!

Somos las que reproducen la vida. El trabajo doméstico y de cuidados que hacemos las mujeres es imprescindible para el sostenimiento de la vida. Que mayoritariamente sea gratuito o esté devaluado es una trampa en el desarrollo del capitalismo. Hoy, con la huelga de cuidados en la familia y la sociedad, damos visibilidad a un trabajo que nadie quiere reconocer, ya sea en la casa, mal pagado o como economía sumergida. Reivindicamos que el trabajo de cuidados sea reconocido como un bien social de primer orden, y exigimos la redistribución de este tipo de tareas.

Hoy reivindicamos una sociedad libre de opresiones, de explotación y violencias machistas. Llamamos a la rebeldía y a la lucha ante la alianza entre el patriarcado y el capitalismo que nos quiere dóciles, sumisas y calladas.

No aceptamos estar sometidas a peores condiciones laborales, ni cobrar menos que los hombres por el mismo trabajo. Por eso, hoy también hacemos huelga laboral.

Huelga contra los techos de cristal y la precariedad laboral, porque los trabajos a los que logramos acceder están marcados por la temporalidad, la incertidumbre, los bajos salarios y las jornadas parciales no deseadas. Nosotras engrosamos las listas del paro. Muchos de los trabajos que realizamos no poseen garantías o no están regulados. Y cuando algunas de nosotras tenemos mejores trabajos, nos encontramos con que los puestos de mayor salario y responsabilidad están copados por hombres. La empresa privada, la pública, las instituciones y la política son reproductoras de la brecha de género.

¡BASTA! de discriminación salarial por el hecho de ser mujeres, de menosprecio y de acoso sexual en el ámbito laboral.

Denunciamos que ser mujer sea la principal causa de pobreza y que se nos castigue por nuestra diversidad. La precariedad se agrava para muchas de nosotras por tener mayor edad, ser migrada y estar racializadas, por tener diversidad funcional o una imagen alejada de la normatividad. Reivindicamos que nuestra situación laboral nos permita desarrollar un proyecto vital con dignidad y autonomía; y que el empleo se adapte a las necesidades de la vida: el embarazo o los cuidados no pueden ser objeto de despido ni de marginación laboral, ni deben menoscabar nuestras expectativas personales ni profesionales.

Exigimos también las pensiones que nos hemos ganado. No más pensiones de miseria, que nos obligan a sufrir pobreza en la vejez. Pedimos la cotitularidad de las pensiones y que el tiempo dedicado a tareas de cuidado, o que hemos desarrollado en el campo, sea reconocido en el cálculo de las pensiones al igual que el trabajo laboral y luchamos  por  la ratificación del convenio 189 de la OIT que regula el trabajo doméstico.

Gritamos bien fuerte contra el neoliberalismo salvaje que se impone como pensamiento único a nivel mundial y que destroza nuestro planeta y nuestras vidas. Las mujeres tenemos un papel primordial en la lucha contra del cambio climático y en la preservación de la biodiversidad . Por eso, apostamos decididamente por la soberanía alimentaria de los pueblos. Apoyamos el trabajo de muchas compañeras que ponen en riesgo su vida por defender el territorio y sus cultivos. Exigimos que la defensa de la vida se sitúe en el centro de la economía y de la política.

Exigimos ser protagonistas de nuestras vidas, de nuestra salud y de nuestros cuerpos, sin ningún tipo de presión estética. Nuestros cuerpos no son mercadería ni objeto, y por eso, también hacemos huelga de consumo. ¡Basta ya de ser utilizadas como reclamo!

Exigimos también la despatologización de nuestras vidas, nuestras emociones, nuestras circunstancias: la medicalización responde a intereses de grandes empresas, no a nuestra salud. ¡Basta de considerar nuestros procesos de vida como enfermedades!

La educación es la etapa principal en la que construimos nuestras identidades sexuales y de género y por ello las estudiantes, las maestras, la comunidad educativa y todo el movimiento feminista exigimos nuestro derecho a una educación pública, laica y feminista. Libre de valores heteropatriarcales desde los primeros tramos educativos, en los que las profesoras somos mayoría, hasta la universidad. Reivindicamos también nuestro derecho a una formación afectivo-sexual que nos enseñe en la diversidad, sin miedos, sin complejos, sin reducirnos a meros objetos y que no permita una sola agresión machista ni LGTBIfóbica en las aulas.

Exigimos un avance en la coeducación en todos los ámbitos y espacios de formación y una educación que no relegue nuestra historia a los márgenes de los libros de texto; y en la que  la perspectiva de género se transversal a todas las disciplinas. ¡No somos una excepción, somos una constante que ha sido callada!

¡VIVAN LA HUELGA DE CUIDADOS, DE CONSUMO, LABORAL Y EDUCATIVA!

¡VIVA LA HUELGA FEMINISTA!

Ninguna mujer es ilegal. Decimos ¡BASTA! al racismo y la exclusión. Gritamos bien alto: ¡No a las guerras y a la fabricación de material bélico! Las guerras son producto y extensión del patriarcado y del capitalismo para el control de los territorios y de las personas. La consecuencia directa de las guerras son millares de mujeres refugiadas por todo el mundo, mujeres que estamos siendo victimizadas, olvidadas y violentadas. Exigimos la acogida de todas las personas migradas, sea por el motivo que sea. ¡Somos mujeres libres en territorios libres!

Denunciamos los recortes presupuestarios en los sectores que más afectan a las mujeres: el sistema de salud, los servicios sociales y la educación.

Denunciamos la corrupción como un factor agravante de la crisis.

Denunciamos la justicia patriarcal que no nos considera sujetas de pleno derecho.

Denunciamos la grave represión y recortes de derechos que estamos sufriendo.

Exigimos plena igualdad de derechos y condiciones de vida, y la total aceptación de nuestra diversidad.

¡NOS QUEREMOS LIBRES, NOS QUEREMOS VIVAS, FEMINISTAS, COMBATIVAS Y REBELDES!

Hoy, la huelga feminista no se acaba:

¡SEGUIREMOS HASTA CONSEGUIR EL MUNDO QUE QUEREMOS!