UN ALGARROBO SANTIAGUEÑO

Por Daniel Chiarenza

De larga prosapia santiagueña, Ramón Carrillo nació un 7 de marzo de 1906. Mejor alumno de la escuela primaria, finalizó con medalla de oro el secundario y similar desempeño tiene en la facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires, donde se recibe también con medalla de oro.

Se especializa en neurocirugía en el Instituto de Clínica Quirúrgica y escribe “La biología en el sistema filosófico de Keyserling”, “Psicopatología del aburrimiento. Su razón biológica”, “Causa de la depresión psíquica en los países cálidos” y una monumental investigación que resume en su tratado “Yodoventriculografía”, una metodología para descubrir tumores, por el que recibe el Premio Nacional de Ciencias.

Gana una beca para proseguir sus estudios en Europa, donde adquiere renombre internacional. Y sin pensar jamás en dedicarse a la práctica privada, de regreso a Buenos Aires organiza el Laboratorio de Neuropatología en el Instituto de Clínica Quirúrgica y crea en la facultad de Medicina la cátedra de Neurocirugía.

Jefe del Servicio de Neurología y Neurocirugía del Hospital Militar Central, toma contacto con conscriptos de todo el país y detecta las diferencias regionales en materia de salud. Luego del golpe del 4 de junio de 1943, el coronel Perón le pide que realice una cuidadosa planificación y organización de la salud, por lo que comienza a elaborar un preciso diagnóstico de la realidad sanitaria del país.

No bien asume la presidencia, Perón pone en marcha las ideas de Carrillo y el viejo Departamento de Higiene es elevado a la categoría de Secretaría de Salud con rango ministerial.

La asociación entre la Secretaría de Salud y la Fundación Eva Perón provoca una eclosión de nuevos hospitales públicos y la remodelación y ampliación de los existentes y la acción preventiva comienza a dar sus frutos con la práctica eliminación de las enfermedades de trasmisión sexual, la drástica reducción de la mortalidad infantil y la erradicación del paludismo del noroeste argentino.

Durante su gestión se crean todos los institutos de especialidades, la Escuela de Enfermería y el Instituto Superior de Cultura Médica que formaría médicos sanitaristas, asistentes en medicina preventiva y asistentes en medicina mental.

Con la reforma de la Constitución en 1949, la Secretaría de Salud se transformó en el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social de la Nación. Elabora entonces el “Plan Analítico de Salud”, que sienta las bases del Código Sanitario y la semisocialización de la medicina

Si bien se dieron razones médicas para su “renuncia” -una vieja hipertensión provocada por una disfunción renal- sufrió los embates del vicepresidente Alberto Teisaire, el primero de unos cuantos tránsfugas que padeció el peronismo a lo largo de su historia.

Luego de rechazar la dirección de lo que sería el Conicet, se trasladó a Estados Unidos a pedido de Perón a fin de estudiar un nuevo antibiótico y ocuparse de su deteriorada salud. Para Carrillo comenzaba el exilio del que jamás regresaría.

Las comisiones “investigadoras” de la dictadura incautan su pequeño patrimonio, reducido a una quinta en Adrogué que todavía no había terminado de pagar. El objetivo de la casta que se ha instalado en el gobierno es desprestigiar la figura del gran científico.

Se le vencen los pasajes de retorno y, necesitado de dinero, consigue un trabajo en el Amazonas contratado por la Hanna Mineralization & Co. como médico de la expedición en la que asistiría a los pueblos caboclos en el campamento minero de Aurizona, a 150 km de Belem do Pará.

Cuando termina la campaña, queda sin trabajo y se ofrece, por el alimento diario, en el Hospital Universitario de la Santa Casa de la Misericordia.

Pasa sus últimos meses de vida en la más incomprensible de las miserias: manda una carta desesperada a su amigo periodista Segundo Ponzio Godoy. Envía su último escrito a Buenos Aires “Teoría Geral do Homen”.

Un accidente cerebro vascular le paraliza la mitad izquierda del cuerpo y debe ser internado en el Hospital Aeronáutico de Belem. Su hermano Santiago llega en los minutos finales. En ese momento recibe el telegrama que tanto esperaba: el brasileño Dr. Eliseo Paglioli le informa que ha sido aceptado como nuevo profesor de la Universidad de Porto Alegre.

Falleció a los 50 años, perseguido, difamado y sometido a una persistente campaña de olvido. Su talento, su integridad, su calidad humana y sensibilidad social, en fin, su vida misma, tal vez hayan sido demasiado para los pequeños hombres que al menos debieron haber preservado su obra.

Reconocido sin reservas como el mayor sanitarista que dio la Argentina, Carrillo no debe ser recordado, sino imitado. Hoy, lo más revolucionario en política social sanitaria sigue siendo volver a Carrillo.