
¿Qué revela la contracción del empleo formal entre 2023 y 2026?
El último informe del Observatorio Económico de la Ciudad (CEPA) ofrece una radiografía precisa —y preocupante— del mercado laboral porteño durante los primeros dos años y medio de la gestión de Javier Milei. Más allá de las cifras puntuales, el documento permite identificar patrones estructurales, sectores críticos y tensiones profundas en la dinámica del empleo formal en la Ciudad de Buenos Aires.
La conclusión central es que la estructura productiva se achicó y el empleo registrado retrocedió, afectando tanto a grandes empresas como a pequeños empleadores, y golpeando especialmente a sectores estratégicos.
Un tejido empresarial que se contrae: señales de menor actividad y menor inversión
Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, la Ciudad perdió 3.303 empleadores con personal registrado, lo que representa una caída del 2,7%. Este dato no solo refleja el cierre de unidades productivas, sino también un proceso de retracción empresarial, en el que las firmas que continúan operando reducen su plantilla o dejan de registrar trabajadores.
La contracción se concentra en sectores que funcionan como termómetros de la actividad económica. Entre ellos sobresalen los servicios inmobiliarios, las actividades de transporte y almacenamiento y la industria manufacturera. Estos rubros suelen reaccionar rápidamente a cambios macroeconómicos: menos inversión inmobiliaria, menos movimiento logístico y menor producción industrial son indicadores de un ciclo recesivo.
En términos porcentuales, el retroceso es aún más elocuente: el transporte cae 20%, las organizaciones extraterritoriales presentan un descenso del 19% y los servicios inmobiliarios se redujeron el 17%. En tanto que el crecimiento de tareas como servicios de asociaciones, servicios personales y las actividades administrativas y de apoyo se incrementó. Este fenómeno sugiere una reconfiguración del mercado, con expansión en sectores de baja escala y menor intensidad de capital.
Retroceso en sectores clave del aparato estatal y productivo
La caída de 105.927 trabajadores registrados (–4,9%) revela un deterioro más profundo que el de los empleadores. Esto indica que las empresas que permanecen activas también redujeron personal y que la contracción no se explica solo por cierres. El impacto sectorial muestra un patrón claro. Los sectores más afectados son los que sostienen funciones esenciales del Estado y la producción, como la administración pública, con una caída de 42.991 puestos de trabajo; el sector de transporte y almacenamiento, donde se perdieron 16.912 puestos; la industria manufacturera, con una baja de 16.869 puestos; y los servicios profesionales, científicos y técnicos, donde se perdieron 14.853 puestos. Estos cuatro sectores explican el 86,5% de la pérdida total de empleo, lo que evidencia una contracción concentrada y estructural, no dispersa.
El único sector con crecimiento significativo es Enseñanza, que suma 10.207 trabajadores (+7,18%). Este aumento puede responder a la expansión de instituciones privadas, la demanda sostenida de servicios educativos y la relativa estabilidad del sector frente a ciclos recesivos.
El tamaño importa: las grandes empresas expulsan más empleo que las pequeñas
El análisis por tamaño del empleador revela una dinámica clave. La mayor pérdida de empleo se concentra en las empresas más grandes, aquellas con más de 5.000 trabajadores, que redujeron su plantilla en un 10,4%. Esto sugiere que la contracción no es solo un fenómeno de microempresas vulnerables, sino que afecta a corporaciones y organismos de gran escala, con impacto multiplicador en la economía.
El segundo grupo más afectado son las empresas de 1.501 a 2.500 trabajadores, que pierden el 25,7% de los empleos, la caída porcentual más alta de todo el sistema.
Paradójicamente, el único segmento con crecimiento es el de 2.501 a 5.000 trabajadores, que incorpora 11.653 empleados (+7,7%). Este comportamiento podría responder a reestructuraciones internas, fusiones o absorciones de actividades de empresas más grandes que reducen personal.
En el extremo opuesto, los empleadores de un solo trabajador —la base del tejido productivo porteño— también retroceden: 1.452 cierres (–3%).
Un mercado laboral que se achica y se polariza
El informe permite identificar tres tendencias estructurales: Menos empresas y menos empleo formal. La caída simultánea de empleadores y trabajadores indica un proceso de desformalización y contracción económica, no solo una redistribución sectorial.
En segundo lugar, la pérdida de empleo en administración pública, transporte, industria y servicios profesionales afecta la capacidad operativa del Estado, la logística urbana y la producción.
Por último, se produce la polarización por tamaño empresarial, dado que las grandes empresas expulsan empleo masivamente, mientras que algunas medianas crecen y las microempresas retroceden.
Esto sugiere un mercado laboral más fragmentado, con menos estabilidad y mayor dependencia de sectores de baja escala.
Un balance que plantea desafíos
El informe de CEPA concluye que la Ciudad atraviesa un período de retroceso en los indicadores clave del empleo formal, con efectos que exceden lo estadístico: menor actividad, menor inversión, menor densidad empresarial y un mercado laboral más vulnerable.
La contracción del empleo registrado no solo afecta a los trabajadores, sino también a la capacidad de la Ciudad para sostener su dinamismo económico. La tendencia es clara: la estructura laboral porteña se achicó y se volvió más desigual.
