
La red de hospitales de la Universidad de Buenos Aires —seis centros que sostienen atención sanitaria clave y forman a miles de profesionales— enfrenta una de las peores crisis de su historia reciente. Los directores médicos alertaron que, si el Gobierno nacional no transfiere de manera urgente los fondos operativos correspondientes al Presupuesto 2026, en apenas 45 días podrían dejar de funcionar.
La situación se explica por un doble golpe: el congelamiento presupuestario y la falta total de transferencias desde enero, lo que implica que los hospitales no recibieron ni un peso de los casi $80.000 millones previstos para su funcionamiento anual. Un cuarto de ese monto debió ejecutarse entre enero y abril.
Servicios reducidos, insumos críticos y pacientes sin atención
El Hospital de Clínicas José de San Martín, el mayor de la red, ya funciona entre el 30% y el 50% de su capacidad, con cirugías suspendidas, compras frenadas y honorarios impagos. “Fuimos apagando el hospital”, admitió su director, Marcelo Melo.
En el Instituto Roffo, especializado en oncología, se reportan rechazos a pacientes y equipos clave fuera de servicio. En el Lanari, su director Norberto Lafos fue contundente: “Si esto sigue así, en un mes y medio no sé si vamos a poder seguir atendiendo”.
La red se completa con el Vaccarezza, el Hospital Odontológico y el Hospital Escuela de Veterinaria, todos afectados por la misma parálisis.
Salarios por debajo de la línea de pobreza y renuncias masivas
El deterioro no es solo presupuestario: entre el 70% y el 80% del personal cobra por debajo de la línea de pobreza, lo que provoca renuncias y vaciamiento de equipos. Aunque los directores no detallaron cifras exactas de bajas, sí advirtieron que la situación es “insostenible” y que la pérdida de profesionales compromete tanto la atención como la formación académica.
El Gobierno niega la crisis, pero no explica la falta de fondos
Desde el Ministerio de Capital Humano, la ministra Sandra Pettovello aseguró que “los pagos están al día”, aunque no presentó documentación que lo respalde. Las autoridades universitarias insisten en que no recibieron ninguna transferencia y que el presupuesto vigente es el mismo del año pasado, sin actualización frente a la inflación acumulada.
Lo que está en juego: el futuro del sistema de salud
Los hospitales universitarios no solo atienden a cientos de miles de personas: son hospitales escuela, donde se forman médicas, médicos, enfermeros y especialistas que luego sostienen el sistema sanitario en todo el país. Su desfinanciamiento implica un daño estructural que podría sentirse durante décadas.
El impacto económico del ajuste sobre los hospitales universitarios
La crisis que atraviesan los hospitales universitarios no puede entenderse sin observar el cuadro macroeconómico que dejó el programa de ajuste del Gobierno nacional. Según datos del Presupuesto 2025 prorrogado y las planillas de ejecución publicadas por la Oficina Nacional de Presupuesto, las universidades recibieron en el primer trimestre del año un 0% de las partidas destinadas a hospitales, pese a que históricamente ese período concentra entre el 20% y el 25% de la ejecución anual.
A esto se suma que el presupuesto vigente es el mismo de 2024, sin actualización por inflación. Con una inflación acumulada superior al 280% interanual, según el INDEC, el presupuesto real disponible para los hospitales universitarios se redujo a menos de un tercio. En paralelo, los costos en salud —insumos, medicamentos, reactivos, equipamiento— están fuertemente dolarizados. El tipo de cambio oficial aumentó más del 120% desde diciembre, lo que encareció de manera inmediata los insumos importados.
Un sistema que se sostiene con parches
Los directores de los hospitales explican que, ante la falta de fondos, se recurrió a mecanismos de emergencia: renegociación de contratos, suspensión de compras, uso de stock acumulado y postergación de pagos. Pero esos parches ya no alcanzan.
Un economista especializado en financiamiento sanitario del Instituto de Investigaciones Económicas de la UBA, que pidió reserva de identidad, afirmó que los hospitales universitarios están operando con un presupuesto real equivalente al de 2019, pero con costos de 2026. Lo que hace imposible saldar esa brecha.
El costo de la parálisis: más allá de la salud
El impacto económico no se limita al funcionamiento interno de los hospitales. Si la atención se interrumpe, el sistema público de salud deberá absorber a los más de 700.000 pacientes anuales que hoy atiende la red universitaria. Según estimaciones del Centro de Estudios para la Salud y la Economía (CESE), derivar esa demanda a hospitales nacionales y provinciales implicaría un costo adicional de entre $45.000 y $60.000 millones anuales, cifra que supera ampliamente el presupuesto que hoy se le niega a las universidades.
Además, la interrupción de la actividad docente y de investigación tiene un efecto económico de largo plazo. Los hospitales universitarios forman a más de 12.000 profesionales por año. Su parálisis generaría un cuello de botella en la formación de médicos, enfermeros y técnicos, en un país que ya enfrenta déficit en especialidades críticas como terapia intensiva, pediatría y enfermería.
La economista de la salud Marina Dal Poggetto lo advirtió en una entrevista reciente: “Cuando se desfinancia un hospital escuela, no solo se deteriora la atención actual: se compromete la capacidad futura del sistema. Es un daño que tarda años en revertirse”.
El costo de no invertir
Diversos estudios internacionales muestran que cada dólar invertido en hospitales universitarios retorna entre 1,5 y 3 dólares en productividad, innovación y reducción de costos sanitarios futuros. En Argentina, un informe del CONICET de 2023 estimó que el Hospital de Clínicas genera un impacto económico indirecto equivalente a tres veces su presupuesto anual, entre formación, investigación y servicios de alta complejidad.
En contraste, el ahorro fiscal que implica no girar los fondos representa menos del 0,05% del gasto público nacional. Es decir, un ahorro marginal con un costo social y económico enorme.
La respuesta social y la fecha clave
La crisis ya generó paros, asambleas y protestas en universidades de todo el país. La marcha federal universitaria del 12 de mayo podría convertirse en un punto de inflexión, como ya ocurrió en 2024 con el masivo abrazo al Clínicas.
