
El 2026 arrancó con un nuevo aceleramiento de inflación en la Ciudad de Buenos Aires. Según el informe correspondiente al primer mes del año elaborado por el Instituto de Estadística y Censos porteño, el Índice de Precios al Consumidor de la Ciudad (IPCBA) registró en enero un aumento mensual del 3,1%, por encima del 2,7% de diciembre, y una variación interanual de 31,7%. Este dato confirma una dinámica de recomposición de precios relativos que combina ajustes sectoriales, estacionalidad y una presión de base persistente.
El comportamiento por grandes agregados muestra que los servicios volvieron a empujar la suba: en enero se incrementaron 3,5%, por encima de los bienes, que avanzaron 2,3%. Los precios estacionales treparon con fuerza —15,8%—, impulsados principalmente por turismo, recreación y paquetes vacacionales, mientras que los precios regulados tuvieron un avance más moderado, de 1,7%. La inflación núcleo, medida por el denominado Resto IPCBA, anotó 2,2% mensual, un indicador que alerta sobre una presión subyacente que no se limita a factores temporales.
En el detalle por rubros se registraron movimientos dispares, con sobradas señales de que el consumo urbano guía la pauta: Recreación y cultura lideró las subas con 7,4% mensual; Restaurantes y hoteles mostró un salto de 5,3%; Alimentos y bebidas no alcohólicas y Seguros y servicios financieros crecieron 4,0% cada uno; y Transporte avanzó 3,7%. Otras divisiones aumentaron en menor medida: Bebidas alcohólicas y tabaco +2,5%; Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles +2,4%; Salud +2,2%; Equipamiento y mantenimiento del hogar +1,7%; Información y comunicación +0,9%; Educación apenas +0,1%; y Prendas de vestir y calzado cayó −1,0%.
Para hogares y comercios porteños, el cuadro supone la continuación de una pauta de ajuste de precios que combina aumentos estacionales y subas que atraviesan la cadena de servicios. La mayor incidencia de recreación, turismo y gastronomía explica buena parte del salto mensual, pero la inflación núcleo indica que no todo se explica por reacomodamientos temporales.
La falta de actualización de la metodología del IPC a nivel nacional (INDEC) altera la composición y los ponderadores de la canasta de consumo, de modo que rubros como las tarifas de servicios públicos pasan a tener mayor peso y, por ende, influyen más en la inflación oficial; esto ya se vio en 2024, cuando el fuerte ajuste de tarifas elevó las diferencias entre el IPC vigente y el IPC con ponderadores actualizados (la interanual cercana en 2025 fue 31% vs. 32%, pero la acumulada desde noviembre de 2023 alcanza 259% con la metodología antigua y 276% con la actualizada), y su impacto se concentra en sectores cuyos precios no compiten con importaciones, amplificando la transmisión a los ingresos reales de los hogares; con el esquema que sostiene en INDEC actualmente -que corresponde a una a canasta de consumos de 2004-, es probable que en 2026 vuelva a observarse una mayor divergencia entre índices y una presión que se traducirá automáticamente en menor poder adquisitivo.
