
La terraza del Centro Cultural Recoleta volverá a ser epicentro de un ritual colectivo: este viernes 23, a las 19.30, se presentará Spinetta infinito, un concierto-homenaje que convoca a la escena local para recrear y sostener en vivo la obra de Luis Alberto Spinetta. En un formato pensado para combinar continuidad y renovación, un grupo estable de músicos acompañará a cantantes rotativos en versiones que buscan respetar la esencia compositiva de Spinetta al tiempo que permiten las inflexiones personales de intérpretes contemporáneos.
El planteo artístico del ciclo es construir una suerte de corpus en acción. La idea de “infinito” remite tanto al carácter inabarcable del legado spinetteano como a la voluntad de prolongarlo mediante interpretaciones que lo revisitan. La propuesta reúne a Marina Wil, Julián Baglietto, Luna Sujatovich, MOAH, Juan Mehler, León Peirone, Fermín Merlo, Elaion y Lautaro Moreno, voces que se suman a una base estable de músicos que sostendrán las canciones. Ese esquema, donde la estructura instrumental permanece mientras cambian los timbres vocales, permite ver a las canciones de Spinetta desde múltiples ángulos. Cada intérprete aporta matices expresivos y sensoriales que reconfiguran fraseos, acentos y atmósferas sin traicionar la complejidad melódica y lírica original.
¿Por qué un homenaje así en el Recoleta? El Centro Cultural, con su terraza que conjuga ciudad y aire abierto, ha sido tradicionalmente un espacio de confluencia entre músicos de distinta generación y público variado. Allí, la obra de Spinetta encuentra un marco ideal. La acústica íntima de la terraza propicia la escucha atenta y la cercanía que muchas de sus canciones requieren, aquellas que se despliegan en capas de lenguaje poético y arreglos sutiles. Además, el carácter público y accesible del Recoleta permite que el homenaje no quede confinado a circuitos estrictamente especializados, sino que se abra a quienes llevan la música de Spinetta en la memoria cotidiana y a nuevas audiencias que quizás lo conocen por versiones más recientes o por la presencia persistente de sus canciones en la cultura popular.
Los intérpretes convocados forman un cruce generacional y estético: hay trayectorias consolidadas y voces emergentes; estilos que navegan entre el pop, el rock, el folk y la experimentación sonora. Esa pluralidad no es anecdótica, sino que responde a la naturaleza misma del cancionero spinetteano, que atraviesa rock sinfónico, canciones de cámara, baladas íntimas y piezas de alta densidad poética y armónica. Marina Wil, Julián Baglietto y Luna Sujatovich aportan distintas sensibilidades vocales y estéticas que dialogan con la sutileza y la poesía de Spinetta; MOAH y Elaion representan espacios de reinterpretación más contemporánea; Juan Mehler, León Peirone, Fermín Merlo y Lautaro Moreno completan un roster que promete tanto fidelidad como imaginación. La alternancia de voces, lejos de fragmentar la experiencia, busca ofrecer una lectura plural: la misma canción puede sonar distinta según el cuerpo y la interpretación que la reciba, y en ese desplazamiento reside una forma de homenaje.
Sin duda, el repertorio abarcará distintos momentos de la carrera de Spinetta: desde piezas emblemáticas de Almendra y Pescado Rabioso hasta composiciones de Invisible, Spinetta Jade y su obra solista. Esa amplitud responde a una lógica de panorama integral: celebrar a Spinetta implica transitar sus fugas armónicas, sus poemas en prosa, sus búsquedas tímbricas y su afán por el riesgo estético. Las versiones en vivo suelen poner en evidencia elementos que a veces la escucha de estudio oculta: la respiración de los intérpretes, la resolución de los pasajes instrumentales, la comunión entre improvisación y estructura. En el contexto de Spinetta infinito, esas variaciones son parte del sentido.
Además de la carga emotiva que acompaña todo homenaje a figuras señeras, hay en iniciativas como esta una dimensión pedagógica y comunitaria. Relevar las canciones en clave contemporánea permite que nuevas generaciones reconozcan la riqueza de un repertorio que muchas veces figura en la base de la identidad musical argentina. Para músicos jóvenes, asumir y versionar canciones de Spinetta es a la vez un desafío técnico y un gesto de filiación: implica descifrar progresiones armónicas poco convencionales y traducir textos que mezclan poética simbólica y metáforas intensas. Para el público, la experiencia es una oportunidad de reencontrarse con canciones que han marcado momentos personales y colectivos, y de ver cómo esas canciones siguen activas, resignificándose en el presente.
El formato de cantantes rotativos sobre base estable también genera una dinámica de concierto distinta a la del clásico recital de un autor único: la lectura se vuelve coral y comunitaria. Los músicos que constituyen la base funcionan como hilo conductor y garantizan coherencia sonora; los cantantes que suben a escena introducen variaciones interpretativas y perspectivas vocales distintas. Ese equilibrio entre coherencia y diversidad es, quizá, la metáfora operativa de la empresa curatorial: sostener el tejido de la obra sin congelarlo, ofrecer continuidad sin clausurar la posibilidad de reinvención.
Además del atractivo evidente de escuchar versiones en vivo de las canciones de Spinetta, el evento funciona como punto de encuentro. No es extraño que en este tipo de noches se mezclen seguidores de larga data con jóvenes que descubren a Spinetta a través de la reinterpretación contemporánea; la comunión en torno a la música favorece el intercambio de recuerdos y referencias, y convierte el concierto en una experiencia tanto estética como afectiva. Al dar nueva vida a canciones que forman parte del acervo cultural argentino, la propuesta afirma que la obra de Luis Alberto Spinetta continúa siendo un campo fértil para la experimentación y la identificación colectiva.
