lunes, febrero 23

LA MUJER QUE ABRIÓ LAS PUERTAS A MEDICINA

por Lucía Pereyra

En una época en la que las mujeres apenas podían soñar con una educación formal, Cecilia Grierson se atrevió a imaginar algo más: salvar vidas. Fue la primera médica argentina, pero su legado va mucho más allá de un título. Fue pionera, reformista, educadora y feminista. Su historia es la de una mujer que desafió los prejuicios de su tiempo con una mezcla de inteligencia, sensibilidad y una voluntad inquebrantable.

De maestra a médica por amor y rebeldía
Nacida en Buenos Aires en 1859, de familia escocesa e irlandesa, Grierson creció en Entre Ríos, donde la muerte temprana de su padre la obligó a trabajar desde muy joven. Se formó como maestra normalista y fue nombrada directora de escuela por el mismísimo Sarmiento. Pero su destino cambió cuando una amiga cercana, Amanda Kenig, cayó gravemente enferma. Cecilia, indignada por la indiferencia médica, decidió estudiar medicina para ayudarla.
En 1883, ingresó a la Facultad de Medicina de la UBA, enfrentando burlas, discriminación y obstáculos administrativos. Aun así, en 1889, se convirtió en la primera mujer en recibir el título de médica en Argentina.
Grierson no pudo ejercer como cirujana ni acceder a cargos jerárquicos en hospitales, a pesar de su excelencia académica. El machismo institucional le cerró muchas puertas. Pero ella abrió otras: en 1890 fundó la primera Escuela de Enfermeras del país, profesionalizando una tarea que hasta entonces recaía en mujeres sin formación.
También participó en la fundación de la Asociación Médica Argentina, promovió la atención médica gratuita y trabajó en la rehabilitación de niños con discapacidades. Fue una de las primeras en introducir el uso del masaje terapéutico y la kinesiología en el país.
Cecilia Grierson fue mucho más que una médica. Participó en congresos internacionales de mujeres, defendió el derecho al voto femenino y escribió sobre educación sexual, higiene y derechos laborales. Enseñaba en hospitales, centros obreros y salones aristocráticos, en castellano e inglés, convencida de que la salud debía ser un bien común.

Un legado que resiste el olvido
Cecilia Grierson no sólo curó cuerpos: sanó una parte del alma colectiva de un país que aprendía a mirar a las mujeres como protagonistas. El legado de Cecilia Grierson en la medicina argentina es vasto y profundo. No solo fue la primera mujer médica del país, sino que transformó la práctica médica desde una perspectiva humanista, educativa y social. Su impacto se extiende hasta hoy en múltiples áreas.
En 1886, fundó la primera Escuela de Enfermeras del país, en el Círculo Médico Argentino. Profesionalizó esta tarea que hasta entonces era informal y relegada a mujeres sin formación, e introdujo la idea de que las enfermeras debían ser formadas con rigor científico y sensibilidad humana, anticipándose a los modelos modernos de atención sanitaria.
También se especializó en obstetricia y ginecología, áreas en las que publicó textos y promovió la formación de parteras. Fundó la Asociación Obstétrica Nacional y participó en la realización de la primera cesárea documentada en Argentina, e introdujo prácticas de higiene y cuidado materno-infantil que fueron revolucionarias para su época.
Fue una de las primeras médicas en trabajar con niños con discapacidades, especialmente sordomudos, aplicando métodos pedagógicos avanzados y terapias físicas, sentando las bases de la kinesiología y la rehabilitación en el país.
En paralelo, nunca abandonó la docencia: enseñó en escuelas normales, hospitales y centros obreros. Escribió manuales de medicina, higiene y educación sexual, muchos de ellos pensados para mujeres y trabajadores, y fundó la Sociedad Argentina de Primeros Auxilios, promoviendo la formación en salud comunitaria.
Fue una de las primeras feministas argentinas: participó en el Primer Congreso Femenino Internacional en 1910 y fundó el Consejo Nacional de Mujeres. Desde donde luchó por el voto femenino, la igualdad en la educación y la reforma del Código Civil para mejorar los derechos de las mujeres casadas.
Cecilia Grierson no solo abrió una puerta: derribó un muro. Su legado es una invitación permanente a pensar la medicina no solo como ciencia, sino como acto de cuidado, de justicia y de transformación social. Murió en 1934, sin haber recibido nunca un cargo universitario, pero con la certeza de haber sembrado una revolución silenciosa. Hoy su rostro aparece en billetes, escuelas y hospitales llevan su nombre, y su historia inspira a nuevas generaciones de mujeres que, como ella, se atreven a desafiar lo establecido.