UNA MARCHA SINGULAR
Lunes 9 de marzo. Buenos Aires amaneció con un pulso distinto, como si hubiera pasado la noche conteniendo la respiración. Desde temprano, una bruma violeta empezó a esparcirse por las veredas, a trepar por los colectivos, a encenderse en los ojos de miles de mujeres que caminaban hacia la Plaza de los Dos Congresos. No era un lunes cualquiera: era el lunes que las mujeres habían escogido para ocupar nuevamente las calles.
A medida que las columnas avanzaban por Avenida de Mayo, el aire se llenaba de voces que se cruzaban y de una energía nueva que, por momentos, deslumbraba. Los bombos marcaban un latido que parecía salir del corazón mismo de la ciudad. Cada tanto, una consigna estallaba como una chispa y se propagaba entre las columnas.
Lucía, con la cara pintada de glitter verde en un...










