sábado, noviembre 7

«DOUBLE VINTAGE, DE ESTE LADO DEL RETRATO»

Desde el miércoles 4 de noviembre se presenta “Double vintage, de este lado del retrato”, una muestra que explora la ilusión y la realidad a través de dos obras de Fernando García del Molino, en el marco de la Semana del Patrimonio.

La Casa Fernández Blanco, una de las sedes del Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco, presenta la exposición “Double vintage, de este lado del retrato”. La propuesta explora la ilusión y la realidad en dos obras de Fernando García del Molino y forma parte de la Semana del Patrimonio de la Ciudad de Buenos Aires.

Con la curaduría de Patricio López Méndez, la muestra vincula imágenes artísticas con los objetos reales representados en ellas. Reúne dos valiosas donaciones, cada una integrada por un retrato del siglo XIX realizado por Fernando García del Molino y los objetos originales que aparecen en la pintura.

Los dos conjuntos de la muestra
Felisa Bellido de Onrubia (1850): retrato burgués de cuerpo entero, acompañado por sus joyas, un sahumador de plata, una botella de porcelana y un fragmento de su vestido.
Los retratos de jóvenes en edad de casarse eran tan solicitados como los retratos póstumos. En 1855, Felisa Bellido, de 18 años, vivía con su padre, el estanciero Dámaso Bellido y Suárez, y su tía Pascuala en el número 277 de la calle Potosí. La casa estaba a pocos metros de la residencia de los Suárez Lacasa, familia materna del fundador del Museo Fernández Blanco.
La cercanía y los vínculos de parentesco favorecieron la participación de la red familiar en la crianza de Felisa, huérfana de madre. Es probable que esa colaboración incluyera encargar su retrato a Fernando García del Molino, el pintor preferido de los Suárez Lacasa. La joven, heredera universal de su padre, fue representada con un retrato de porte y rodeada de objetos de prestigio, una forma de presentarla en sociedad.
Felisa se casó primero con Vicente Rosa Pons, quien murió en 1868. En 1873 contrajo matrimonio con el dramaturgo Emilio de Onrubia. Así, la práctica de presentar en sociedad a una joven heredera a través de su retrato cumplió su objetivo.

María Dolores García de Ponte de Pereda (1856): retrato póstumo, acompañado por su sillón isabelino, una consola Luis Felipe con porcelana, un pañuelo bordado y sus escarpines de boda. Nació en Buenos Aires hacia 1787 y se casó con Celedonio Pereda Bustillo el 24 de mayo de 1815. De aquella boda se conserva el par de escarpines de seda que lució la novia.
Murió en 1856. Como revela su apariencia en la pintura, Fernando García del Molino (1813-1899) realizó el retrato después de su fallecimiento. Para retratar a personas difuntas, este artista pionero empleaba dos métodos:
Tomar como referencia un retrato en miniatura preexistente. Hacer apuntes frente al cuerpo, dispuesto en posición sentada, vestido de etiqueta y rodeado por los objetos más preciados y representativos de la persona.

Durante el siglo XIX, los retratos al óleo funcionaban como un álbum de los acontecimientos fundamentales de la vida familiar. Permitían registrar matrimonios, madres con sus hijos, jóvenes que dejaban el hogar paterno o padres de familia que accedían a cargos de mayor jerarquía. La pérdida de un ser querido también solía motivar la realización de un retrato.
En estos retratos de García del Molino conviven objetos representados con gran detalle y otros apenas esbozados o tratados de manera convencional. Las luces y sombras sobre los tejidos, o el brillo de la laca de un mueble, permiten distinguir los elementos surgidos de la imaginación del artista de aquellos copiados del original.

Gracias a las donaciones de las familias Racedo de Bary Pereda y García de Onrubia, la Casa Fernández Blanco presenta estos retratos, fechados hacia 1850 y en 1856, junto con varios de los muebles, alhajas y accesorios que aparecen en ellos. Esta coincidencia, conocida como double vintage, permite examinar las técnicas y el oficio del pintor y enriquecer el valor testimonial de los objetos. El público puede “leerlos” dos veces: en las dos dimensiones de la pintura y, de este lado del retrato, en su presencia material y tridimensional.

Durante su larga estancia en Europa, Isaac Fernández Blanco (1862-1928) encauzó su vocación de coleccionista en la adquisición de instrumentos musicales antiguos. A su regreso a Buenos Aires, en 1901, encargó al gran arquitecto noruego Alejandro Christophersen la ampliación y remodelación de la casa familiar, considerada hoy la única mansión de estilo ecléctico de fines del XIX que queda en el viejo barrio sur de Monserrat, con características de palacete neorrenacentista. Pronto sus salones fueron invadidos por los objetos rescatados del acervo familiar, tales como abanicos, peinetones, documentos y retratos del período federal, entre otros. Recorrió el norte argentino y Bolivia, conformando las mejores colecciones de platería colonial sudamericana del siglo XVIII y argentina del siglo XIX que se conocieran hasta ese momento. Desde entonces, abrió su casa en horarios especiales para visitantes y en septiembre de 1921 decidió hacer de ella el primer museo privado de Argentina. Al año siguiente, tras una venta simbólica de la casa a la comuna de la Ciudad, entregó la totalidad de su colección, bajo la condición de que el museo llevase su nombre. A su muerte en 1928, el museo contaba con más de 9.500 piezas. En la actualidad, la Casa Fernández Blanco continúa honrando su legado, a través de la puesta en valor y difusión de sus colecciones, con una marcada dedicación a las artes aplicadas de los siglos XIX y XX, particularmente aquellas vinculadas a la Belle Époque.

La Casa Fernández Blanco está ubicada en la calle Hipólito Yrigoyen 1420 en el barrio de Monserrat. Horario: lunes, miércoles, jueves y viernes de 11 a 19 h. Sábados, domingos y feriados de 11 a 20 h. Martes cerrado.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *