
Cuando una torre de más de 25 metros se eleve sobre el Polo Circo durante La Noche de los Museos, no será el resultado de una grúa ni de una maquinaria sofisticada. Será la obra de cientos de manos anónimas trabajando al unísono. Y detrás de esa escena estará el artista francés Olivier Grossetête, un creador que ha convertido la participación colectiva en el corazón mismo de la obra de un arquitecto de cartón que construye ciudades con las manos de la gente.
La historia de Grossetête no comenzó entre monumentos gigantescos, sino en los Alpes de Alta Provenza, en el sur de Francia, donde desarrolló una mirada artística marcada por la experimentación con materiales cotidianos y la fascinación por las formas arquitectónicas. Allí empezó a explorar cómo objetos aparentemente modestos, documentos recuperados y cartones destinados al descarte podían transformarse en algo extraordinario.
Con el paso de los años, esa búsqueda derivó en un lenguaje propio. Mientras muchos artistas trabajan en soledad y presentan al público una obra terminada, Grossetête eligió el camino inverso: convertir a la comunidad en protagonista del proceso creativo. Sus construcciones monumentales participativas comenzaron a recorrer el mundo y, poco a poco, plazas, parques y espacios públicos de los cinco continentes se transformaron en laboratorios de creación colectiva.
Ya son más de 300 las estructuras que ha levantado junto a miles de participantes. Todas comparten una misma premisa: durante algunos días, vecinos y visitantes trabajan codo a codo para construir edificios efímeros de cartón inspirados en la arquitectura local o imaginaria. Luego, cuando el monumento alcanza su máxima altura, llega el momento más simbólico: su desaparición. La obra se desmonta entre todos y los materiales vuelven al circuito del reciclaje, cerrando un ciclo en el que la experiencia compartida vale más que la permanencia del objeto.
Ese espíritu llegará a Buenos Aires en una de las ediciones más internacionales de La Noche de los Museos. Entre el 9 y el 13 de noviembre, el Polo Circo será el escenario de los talleres de preconstrucción, donde los participantes fabricarán las piezas que darán forma a una monumental estructura de cartón siguiendo los planos diseñados por el artista y su equipo.
El gran desafío tendrá lugar el sábado 14 de noviembre. Desde las 14 horas y hasta la madrugada, vecinos, visitantes y curiosos se reunirán para levantar la obra utilizando un singular sistema de elevación ideado por Grossetête. Sin motores ni dispositivos complejos, la construcción crecerá impulsada únicamente por la fuerza de los brazos y la coordinación colectiva, hasta superar los 25 metros de altura.
Durante unas horas, la estructura dominará el paisaje del Polo Circo como una aparición improbable: una gigantesca arquitectura de cartón sostenida por el entusiasmo de quienes la construyeron. Será, como ocurre en cada proyecto de Grossetête, una celebración de la cooperación y de la capacidad de las personas para crear algo extraordinario cuando trabajan juntas.
Pero la experiencia no terminará allí. El domingo 15 de noviembre llegará la última escena de esta crónica efímera. El público volverá a reunirse para desmontar la estructura y trasladar los materiales destinados al reciclaje. Lo que durante un día fue una torre monumental regresará a su condición inicial de simples piezas de cartón.
Esa fragilidad es, precisamente, el sello de Olivier Grossetête. Sus obras no aspiran a desafiar el paso del tiempo, sino a demostrar que la verdadera monumentalidad no reside en la piedra ni en el acero, sino en la experiencia compartida. Allí donde otros artistas dejan esculturas permanentes, él deja recuerdos, fotografías y la certeza de que, por un instante, una comunidad entera fue capaz de levantar una ciudad imposible con sus propias manos.
