viernes, julio 31

NUEVOS BARES NOTABLES PORTEÑOS

Los bares notables de Buenos Aires son mucho más que simples cafés: representan la memoria viva de la ciudad, espacios donde se cruzaron generaciones de artistas, escritores y vecinos, y que hoy siguen siendo símbolos culturales y patrimoniales. La Ley 35 de la Ciudad de Buenos Aires declaró a más de 80 bares y cafés históricos como “notables”, reconociendo su valor arquitectónico, cultural y social. Estos espacios se distinguen por su tradición centenaria, su rol como puntos de encuentro y su capacidad de conservar la esencia del Buenos Aires antiguo.

Entre los nuevos bares reconocidos como notables destacan: 

El BAR CONDE. Ubicado en la intersección de Conde y Federico Lacroze, es un típico bar-almacén porteño que existe desde 1902 y es una de las antiguas joyas vigentes del barrio. Con techos altos y un ambiente fresco, es un lugar ideal para reposar tomando un vermuth un día de calor. Se trata de un sitio familiar donde la mayoría de su clientela son vecinos del barrio o gente que hace base en el bar para atenderse en el Sanatorio Colegiales, a pocas cuadras de allí. No cabe duda de que Bar Conde es un clásico café de Buenos Aires, referente arquitectónico del siglo XX que permite descubrir parte de lo que fue la ciudad años atrás.

CAFÉ RIVAS. Situado en la calle Estados Unidos 302, uno de los rincones más representativos de San Telmo. Es que precisamente hasta este cruce llegaba el antiguo damero trazado en 1580 por Juan de Garay, que en ese momento coincidía con el borde de la barranca junto al río. Instalado en una antigua casona en esquina, el Café Rivas, dialoga con sus vecinos, el Bar Sur y la “Librería La Nueva”. En el interior presenta un salón de doble altura, pisos de madera, boiserie, una barra longitudinal que estructura el espacio y un entrepiso con barandas esterilladas que balconea sobre el salón principal.
Su estructura presenta una marquesina de hierro sobre la entrada de la ochava y amplios ventanales tipo guillotina. También se puede observar sobre la calle Estados Unidos, la enredadera de Santa Rita y el reloj colgante.
En su interior puede disfrutarse del olor a café afrancesado o vienés; ese toque europeo se refuerza por las antiguas lámparas, los ventiladores de techo y el entrepiso con barandas esterilladas que balconea sobre la barra. Es que no se trata solo de un bar notable; es una esquina notable.

CONFITERÍA EL GRECO. En la Av. Rivadavia 535, en el barrio de Caballito, este bar comenzó su historia en 1906. Por entonces, bajo el nombre de El Campidoglio, hasta 1949. En 1952 se construyó el edificio donde se erige la Confitería El Greco, con sus tres salones para fiestas y las viviendas de los pisos altos, y el fondo de comercio fue adquirido por un grupo de accionistas, quienes lo renombraron como Confitería El Greco, nombre que mantiene hasta el día de hoy. En sus siete décadas de historia fue sede de acontecimientos tan disímiles como el 2° Congreso del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y el anuncio de la candidatura a la presidencia de Boca del fundador del PRO. Sin embargo, quizás el encuentro más destacable que vieron sus muros fue el de alumnos del Instituto Dámaso Centeno que integraban distintas bandas, entre ellos Charly García, y culminó en la formación de una nueva que iba a marcar a las próximas generaciones, SUI GENERIS.  Referente del barrio de Caballito, por sus mesas ha pasado buena parte de los vecinos para tomar un café o comprar sus especialidades para festejos familiares, laborales y de amigos.

JOSEPHINA’S CAFÉ. Sobre la calle Guido 1532 del barrio de Recoleta se alza este elegante establecimiento fundado en 2001 por el empresario alemán Bernd R. Hettel, quien se estableció en Buenos Aires luego de vender su empresa automotriz en Estados Unidos y en Alemania. Hettel compró dos locales de un mismo edificio para instalar Josephina’s Café con un marcado estilo parisino, que se impuso rápidamente como un lugar de encuentro.
Ubicado en el barrio de Recoleta, frente a la plazoleta Pedro Miguel Obligado, el café Josephina’s es visitado diariamente por centenares de personas que desean relajarse y encontrarse con amigos y colegas. Un espacio social, de encuentro habitual de amigos, vecinos y distintas personalidades del ambiente empresarial, cultural y político del país.

LA ORQUÍDEA es la flor de Almagro, situada en Av. Corrientes 4101en el  clásico del barrio de Almagro. Más precisamente, en la esquina de Corrientes y Acuña de Figueroa, debe su nombre a que nació de la mano de los trabajadores del Mercado de las Flores, que fueron sus primeros clientes. Cuando el mercado se mudó, trajo aparejada la renovación del público. Por sus mesas, bajo ventanas fileteadas por el maestro Gustavo Ferrari, hoy pueden verse escritores como Martín Kohan o Liliana Lukin, jóvenes que salen de los boliches vecinos, viejos tangueros que llegan de madrugada, pastores evangelistas y fieles de la Iglesia Universal del Reino de Dios, que funciona en el galpón del ex mercado. La Orquídea es un hito dentro del patrimonio barrial. Respeta el mobiliario porteño: mesas y sillas de madera, barra y paredes revestidas del mismo material, ventanas “guillotina” y vidrios fileteados.

LA ESCUELA. En Núñez, en la esquina de Manuela Pedraza y Vidal se encuentra La Escuela, un bar que combina pasión futbolera, herencia gastronómica y un amor profundo por la identidad barrial. El nombre se debe a la Escuela N° 12, Profesor Rodolfo Senet, ubicada frente al bar, donde años atrás estaba la originaria cancha del Club Atlético Platense.
El alma de este espacio es Kike Spinelli, nieto de inmigrantes españoles ligados al rubro, que heredó la posta familiar y la convirtió en mucho más que un negocio: un museo vivo de historias, camisetas, anécdotas y café humeante.
El bar guarda tesoros como el corbatín que usaba el mismísimo Roberto Goyeneche, vecino del barrio. Además, conserva vajilla y una botella original del desaparecido Bar La Sirena, ese que frecuentaba El Polaco. En los estantes se mezclan fotos antiguas, recuerdos del club, y platos que vuelan de la cocina con generosidad porteña.

BAR PORTUARIO. En la calle Pinzón 102, del barrio de La Boca, a fines del siglo XIX comenzó a instalarse una pujante y creciente comunidad italiana que, poco a poco, fue dándole vida y personalidad a la zona. Rápidamente se convirtió en un lugar de inmigrantes europeos, marineros que estaban de paso, numerosas pulperías y almacenes. Ese fue el escenario en el que abrió sus puertas el Bar Portuario. Fue en 1915 cuando, en la esquina de Pinzón y Caboto, se inauguró este almacén con despacho de bebidas. Desde ese momento, mantuvo su actividad en forma ininterrumpida y se transformó en un rincón protagónico de La Boca.
El edificio conserva su diseño y materiales originales. Adentro se puede observar una gran barra confeccionada por un carpintero boquense, autor de obras de arte y barcos de madera. Tiene una oferta gastronómica de cocina de bodegón, con platos sencillos y abundantes. Funciona como un espacio cultural independiente, donde encuentran su lugar el tango y el folklore, las milongas, los ciclos de cine y de teatro, así como exposiciones permanentes de pinturas, murales y fotografías.

BOCA A BOCA está ubicado en la Av. Benito Pérez Galdós 207 y constituye la verdadera entrada al Distrito de las Artes, la increíble magia boquense. Con ingreso por una típica ochava y emplazado en la esquina de Av. Benito Pérez Galdós y Ministro Brin, el bar Boca a Boca, de características italianizantes, se ubica en el corazón del Distrito de las Artes, en el barrio de La Boca, desde el año 1902. El lugar supo ser una antigua despensa barrial a la que con posterioridad se le anexó un espacio para el consumo de bebidas. Su fachada, su mostrador de madera y su interior en general se conservan intactos desde su origen, razón por la cual el bar se utilizó como escenografía de películas, series, publicidades y vídeos de época.
El bar también funciona como un espacio cultural: artistas plásticos, músicos, bailarines y actores son convocados y bienvenidos a formar parte de la escena del lugar. Además, para aquellos que quieran adentrarse en el mundo del baile, se dictan clases de folklore y tango en uno de sus salones.
El lugar tiene un fuerte vínculo con su entorno, ya que aquí se llevan a cabo eventos solidarios vinculados a las necesidades de La Boca, por lo que se consolidó como un referente indiscutible para el barrio. Lo imprescindible de este sitio son sus pastas y la posibilidad de hacer una placentera parada antes o después de visitar La Usina del Arte o luego de asistir a las obras de teatro en el Galpón de Catalinas.

BAR VÍA 71. En el barrio San Nicolás, se emplaza este bar sobre la calle Viamonte 1771. Famoso por sus sándwiches de pan francés con manteca y excelente jamón crudo. Al entrar, un bello trabajo del exquisito arte del fileteado porteño anuncia: “Café-bar y sándwiches”. El mismo fileteado se repite en la vidriera.
Colgando, dentro del local, las patas de jamón crudo son permanente compañía de los comensales y también dan la bienvenida al bar. Al ingresar, los estantes rebosan de botellas, latas de cervezas y gaseosas de distintas procedencias y épocas. Ocupando un lugar central, la bandera argentina y, más atrás, dando testimonio de las raíces migrantes, aparece la bandera de España. A principios de 1971, el matrimonio gallego/asturiano de Dina Muñiz y Manuel Fernández tuvo la idea de instalar un bar. Jorge Francisco Busto Carril compró el fondo de comercio en 1985 junto a su tío José María. En un principio pensó en cambiarle el nombre y ponerle Bar Zas, por el pueblo en La Coruña en donde se crió su padre, “pero opté por no cambiarlo y hacerle honor a los fundadores. Además, toda la gente del barrio lo conocía como Vía”. De la mano del “Gallego”, su hijo Sebastián Busto Ventura, continúa la tradición familiar del bar.
En Vía 71 toda la sandwichería se elabora en el momento y el fiambre es cortado en el instante. Desde su apertura y hasta hoy, el fuerte del bar han sido los sándwiches y su gran variedad de panes y fiambres. Pero como en todo emprendimiento gastronómico de raíces españolas, en Vía 71 nunca falta la clásica tortilla de papas. Jamón crudo y tortillas, un fragmento de España en Buenos Aires.

LA ÓPERA. Elegante sobre Av. Corrientes 1799, del barrio San Nicolás, se erige este histórico lugar. Cuenta la leyenda que allí fue este bar donde Eva Perón tomó su primer café con leche en Buenos Aires. Bautizada “esquina Horacio Ferrer” en honor al poeta, en esta esquina está la casi centenaria confitería fundada en 1928. La Ópera siempre fue punto de encuentro de figuras como Alberto Olmedo, Jorge Porcel, los presidentes Arturo Frondizi y Fernando de La Rúa, el escritor David Viñas, Enrique Santos Discépolo o el mencionado Horacio Ferrer.
Si bien nació como confitería, con los años fue modelando su variedad gastronómica que, además de las clásicas minutas, ofrece una cocina gourmet.

CAFÉ CORTÁZAR. En el prestigioso barrio de Palermo se emplaza en la esquina de Cabrera y Medrano. “Si Julio Cortázar viviera en este siglo, podrías encontrarlo tomando un café acá”. Este reducto “cortazariano”, inspirado en esta idea, se despliega en dos pisos de una vieja casona de 1889. La inauguración tuvo lugar en el 2014, con una muestra de un joven fotógrafo que vivió dos años en la casa de la calle Artigas, en el barrio Rawson, donde el escritor pasó su juventud junto a su madre y su hermana. La exposición mostró los interiores de la casa, del edificio y del barrio.
Las paredes del café están adornadas con dibujos, fotos, caricaturas y un menú que lo referencia: desayuno Flanel, como se llamaba uno de sus gatos, Rayuela y Florencio, como su segundo nombre. También están las picadas Deshoras, Bestiario, Octaedro, entre otras. El logotipo que se luce en su cartel al frente del local fue realizado por el arquitecto y pintor Horacio Spinetto y está inspirado en la famosa foto de Sara Facio. La tipografía utilizada es la de la máquina Olivetti Lettera 22, con la que solía trabajar el escritor argentino. El Café Cortázar funciona como un espacio de propuestas culturales relacionadas con quien inspiró el proyecto: muestras, talleres y una biblioteca abierta donde puede encontrarse toda su obra.

CAFÉ PLAZA. Sobre Av. Rivadavia 4732, del pintoresco Caballito, entre la tranquilidad de un parque y la febril avenida, el Café Plaza se ha convertido en un clásico entrañable del barrio. La amplitud y la luminosidad que le confieren sus amplios ventanales se ven acrecentadas por el Parque Rivadavia.
Su nombre inicial fue Bar Lezica, en alusión al apellido de uno de los propietarios de la quinta que iba desde el Normal N° 4 hasta la actual Avenida La Plata. Ocupa la planta baja de un edificio de ocho pisos, con fachada revestida de granito negro y el interior recubierto con una sobria boiserie y pisos de mosaico blanco y negro.
El escritor, poeta y periodista Conrado Nalé Roxlo, los pintores Rodrigo Bonome y Manuela Arrieta y el también poeta Antonio Requeni fueron parroquianos ilustres del Café Plaza.

La historia de los bares notables de Buenos Aires es la historia de la ciudad misma: espacios de resistencia cultural, memoria colectiva y vida cotidiana. Desde el Café Tortoni hasta el Bar Tokio, cada uno cuenta un capítulo distinto de la identidad porteña, y juntos forman un patrimonio que sigue latiendo en cada esquina.

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