sábado, marzo 21

EL CULTURAL RECOLETA CONMEMORA EL SILUETAZO DE 1983

El 50º aniversario del golpe de Estado de 1976 es una jornada de reivindicación histórica, de memoria activa y de reconocimiento a las luchas por los derechos humanos.  Un día para valorar las conquistas logradas —la recuperación democrática, los juicios por delitos de lesa humanidad, las políticas públicas de memoria— y, al mismo tiempo, para visibilizar todo lo que aún falta: verdad completa, justicia plena, reparación integral y garantías de no repetición.

El Siluetazo como gesto inaugural de las poéticas políticas
En este marco, recuperar la memoria del Siluetazo resulta fundamental. Aquella acción colectiva realizada en 1983, en los meses finales de la dictadura, transformó el espacio público en un territorio de denuncia y presencia simbólica. Las siluetas humanas, delineadas a tamaño real y pegadas en muros y columnas alrededor de Plaza de Mayo, hicieron visible lo que el terrorismo de Estado había intentado borrar: los cuerpos ausentes de los detenidos-desaparecidos. Fue un acto de arte y de resistencia que unió a cientos de personas en un gesto común, inaugurando una forma de intervención política que sigue resonando hasta hoy.

Con motivo de conmemorar esta actividad, en el marco de los trabajos de memoria social, y al cumplirse este 24 de marzo cincuenta años del golpe de Estado ocurrido en Argentina en 1976, el Centro Cultural Recoleta presenta Recoletazo, una jornada con curaduría colectiva del CCR y de Guillermina Mongan. Esta acción, que cita y reactiva aquel gesto inaugural de las poéticas políticas locales: el Siluetazo de 1983, se llevará a cabo el miércoles 25 de marzo, en la Terraza y el Patio del Tilo.

La propuesta se concibe como un espacio para interrogar las huellas de la historia en los cuerpos, las estéticas que esas marcas producen y las estrategias que el arte contemporáneo despliega para pensarlas en el presente. Con la participación de artistas de distintas generaciones y disciplinas, el encuentro busca abrir preguntas sobre los silencios y las visualidades que han configurado estas cinco décadas, así como sobre las transformaciones en los modos de habitar las calles, los espacios y los propios cuerpos.
Participarán: Claudia del Río, Fernando Noy, Mariela Scafati junto a Rita Pauls, Martín Legón, Marta de la Gente, Pepo y Tom, entre muchos otros.

A cincuenta años del golpe, esta jornada propone recuperar la potencia del gesto colectivo, del arte como herramienta política y de la memoria como práctica viva. No se trata solo de mirar hacia atrás, sino de interrogar el presente: qué formas adopta hoy la violencia estatal, qué desigualdades persisten, qué discursos buscan relativizar o negar los crímenes de la dictadura y qué responsabilidades asumimos como sociedad para sostener la democracia.

Recoletazo se inscribe así en una tradición de acciones que entienden la memoria no como un ejercicio estático, sino como un proceso en movimiento, capaz de generar nuevas preguntas, nuevas imágenes y nuevas formas de estar juntxs.

El Siluetazo: una marca indeleble en la memoria colectiva
El Siluetazo, una acción artístico-política que se convirtió en uno de los hitos más potentes de la lucha por los derechos humanos en Argentina. Realizado por primera vez el 21 de septiembre de 1983, en los meses finales de la dictadura, el Siluetazo surgió de la iniciativa de los artistas Rodolfo Aguerreberry, Julio Flores y Guillermo Kexel, quienes propusieron a las Madres de Plaza de Mayo una intervención masiva en el espacio público para representar la ausencia de los miles de detenidos-desaparecidos.

La acción consistió en delinear siluetas humanas a tamaño real sobre papel o cartón, muchas veces utilizando el contorno del propio cuerpo de los manifestantes. Esas siluetas —anónimas en su concepción original— pronto comenzaron a llenarse de nombres, fechas de desaparición y consignas escritas espontáneamente por quienes participaban. Cientos de personas se sumaron a la producción y pegatina de las figuras en muros, columnas, árboles y edificios alrededor de Plaza de Mayo, generando un impacto visual y emocional sin precedentes.

El Siluetazo logró algo extraordinario: convertir la ausencia en presencia, hacer visible lo que la dictadura había intentado borrar y transformar el espacio público en un territorio de memoria, denuncia y solidaridad. Fue una forma de “poner el cuerpo” que, simbólicamente, unía a quienes participaban con quienes ya no estaban. También fue una manera de recuperar la calle como lugar de expresión colectiva, luego de años de terror estatal.

Un aniversario que interpela el presente
A cincuenta años del golpe, recuperar el espíritu del Siluetazo es recuperar la potencia de la acción colectiva, del arte como herramienta política y de la memoria como práctica viva. No se trata solo de mirar hacia atrás, sino de interrogar el presente: qué formas adopta hoy la violencia estatal, qué desigualdades persisten, qué discursos buscan relativizar o negar los crímenes de la dictadura, y qué responsabilidades tenemos como sociedad para sostener la democracia.
Este aniversario invita a renovar el compromiso con la memoria, la verdad y la justicia, y a seguir construyendo espacios donde las nuevas generaciones puedan comprender la magnitud de lo ocurrido y su impacto en la vida democrática actual.

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