
Art Masters y El Horizonte de Keops se imponen como protagonistas de la agenda veraniega en Buenos Aires; ambas se exponen en El Pabellón Frers de La Rural. La propuesta articula cultura y vanguardia mediante propuestas que combinan lo lúdico, el aprendizaje y la aventura para ofrecer experiencias memorables a públicos de todas las edades. Art Masters, que invita a sumergirse en el metaverso de las obras emblemáticas del Museo del Prado, tuvo una recepción inmediata y creciente, mientras que El Horizonte de Keops propone una expedición inmersiva al corazón de la Gran Pirámide de Guiza, aprovechando recursos tecnológicos que permiten viajar en el tiempo y el espacio. Este espacio, transformado por DG Experience, refuerza su visión como un nodo de exhibiciones de nueva generación al ofrecer simultáneamente dos experiencias de alta calidad.
En junio de 2022, París fue la primera escala de un proyecto que propuso unir arqueología, museografía y tecnología inmersiva para reconstruir —con voz científica y pulso sensorial— uno de los hitos más rotundos de la antigüedad: la Gran Pirámide de Keops. Desde entonces, El Horizonte de Keops, concebido con la colaboración de especialistas de la Universidad de Harvard, emprendió una ruta internacional que pasó por Londres, Nueva York, Sídney, Lisboa y Shanghái; ahora desembarca en Buenos Aires con la promesa de ofrecer, más que una exhibición, una experiencia atraviesa-tiempo accesible para públicos de todas las edades.
La pieza central del proyecto es, por supuesto, la Pirámide de Keops: la colosal tumba construida entre 2.590 y 2.565 a.C., cuya altura original —aproximadamente 146 metros— la erigió como la más alta jamás edificada en el antiguo Egipto. Lejos de limitarse a la mera reconstitución visual, la propuesta invita al espectador a recorrer la pirámide mediante cascos de realidad virtual aumentada que replican trayectos normalmente vedados al turismo convencional: un sobrevuelo de la meseta de Guiza, un ascenso hasta la cúspide con vistas panorámicas de 360°, la exploración de pasillos y cámaras funerarias durante la ceremonia de embalsamamiento, el tránsito por los aposentos de la reina y, como epílogo, un paseo fluvial por el Nilo que conduce al funeral de Keops. La combinación de itinerario y tecnología busca un doble efecto: informar desde la rigurosidad historiográfica y conmover a través de la vivencia corporal.
El rigor de la reconstrucción es, de hecho, uno de los pilares que distingue a la muestra. El proyecto se apoya en investigaciones recientes y en el trabajo de campo del “Giza Project” de Harvard, liderado por Peter Der Manuelian, especialista en arquitectura funeraria de la necrópolis de Guiza. Esa colaboración científica no solo aporta credibilidad a la ambientación y a los detalles arquitectónicos, sino que orienta la experiencia hacia una lectura crítica y documentada de los hallazgos y las hipótesis contemporáneas sobre la pirámide: materiales, técnicas constructivas, disposición de cámaras y rituales funerarios.
Pero El Horizonte de Keops no llega solo. En paralelo se exhibe una apuesta complementaria que fusiona patrimonio pictórico europeo y tecnologías de realidad virtual multiusuario: una muestra desarrollada por ACCIONA Cultura en alianza con el Museo del Prado. Aquí la inmersión transita del espacio monolítico de Guiza a los recovecos de cinco obras maestras —Las Meninas (Velázquez), El Jardín de las Delicias (El Bosco), El Aquelarre (Goya), Venus y Adonis (Veronese) y El Sentido de la Vista (Rubens y Brueghel)—, reinterpretadas a través de entornos tridimensionales y un relato interactivo. El giro es doble: por un lado, la exhibición itinerante incorpora piezas del Prado; por el otro, el uso de la realidad virtual multiusuario —a veces nombrada como metaverso— permite que los visitantes no solo observen, sino que transiten dentro de las composiciones pictóricas.
El hilo narrativo que une las obras del Prado es, en cierto modo, teatral: un guardia del museo en su último día de trabajo guía a los asistentes, abre salas, conjuga memoria institucional y emoción personal, y sirve de puerta de entrada a interpretaciones poéticas de las pinturas. Así, la propuesta apuesta por una educación estética que se nutre tanto del dato histórico como de la experiencia afectiva: la tecnología como mediadora entre conocimiento y sensibilidad.
La llegada de estas propuestas a Buenos Aires plantea interrogantes sobre cómo se exhibe el pasado en contextos contemporáneos. Por una parte, la incorporación de académicos y datos in situ subraya un compromiso con la veracidad científica que tranquiliza a historiadores y especialistas. Por otra, la estética de la inmersión —el diseño sonoro, la puesta en escena, la narración guiada— recuerda que todo montaje museográfico es también reescritura: selecciona, enfatiza y, a veces, poetiza. El desafío para curadores y público es entonces mantener la tensión entre fidelidad documental y capacidad de asombro; entre explicaciones claras y la intención de provocar una vivencia.
En términos prácticos, la experiencia está diseñada para ser inclusiva: desde familias con niños hasta aficionados y estudiosos, con recursos visuales y narrativos pensados para involucrar tanto el cuerpo como la emoción. Las recreaciones permiten acceder a espacios arqueológicos de difícil acceso y a detalles patrimoniales que, en la vida real, se resguardan tras vitrinas o perímetros restringidos. Esa democratización del acceso, vía simulación, plantea además oportunidades pedagógicas claras: escuelas, universidades y públicos generales pueden utilizar la experiencia como complemento a la enseñanza de la historia, la arquitectura y las artes.
El arribo de El Horizonte de Keops a la escena porteña suma, en definitiva, una oferta cultural que combina evidencia científica, diseño inmersivo y una lectura contemporánea del patrimonio. Es una invitación a recorrer, simultáneamente, la monumentalidad de una de las arquitecturas más enigmáticas de la antigüedad y la densidad simbólica de grandes obras maestras europeas, bajo la promesa de que la tecnología no suplante la historia, sino que la haga sensible.
