OTOÑO EN LA CIUDAD
La ciudad respira a través de sus árboles; sin embargo, hay estaciones que la atraviesan casi sin anunciarse. El otoño en Buenos Aires no es una de ellas. Llega con un gesto suave, sí, pero inconfundible: una hoja que se desprende, un amarillo que asoma en la copa de un fresno, un rojo que se enciende en un liquidámbar. Es la ciudad la que cambia, pero también somos nosotros quienes cambiamos la forma de mirarla. En estos días, caminar por Buenos Aires es asistir a un recordatorio silencioso: incluso en medio del cemento, la naturaleza sigue marcando el ritmo. Y ese ritmo, aunque parezca decorativo, es vital.
Y es en otoño cuando la ciudad se transforma. El cambio de color en las especies caducas —ese proceso breve y fascinante llamado senescencia foliar— es, además de un espectáculo visu...

