VOCES QUE ILUMINAN ABISMOS

La colombiana Ángela García, el mexicano Eduardo Langagne, la norteamericana Janet McAdams , el chileno Bernardo Reyes y Lasse Söderberg de Suecia, son algunos de los invitados al VII Festival Latinoamericano de Poesía, que se extenderá desde el martes hasta el sábado en el Centro Cultural de la Cooperación (CCC).
Una treintena de autores de ocho países de América y Europa, entre los que se cuentan los argentinos Cristian Aliaga, Santiago Sylvester, Lisi Turrá, Eugenio Mandrini y Rafael Felipe Oteriño, se reunirán bajo un lema de Edgar Bayley, voz emblemática en la indagación poética constante: “Es infinita esta riqueza abandonada”.
“Proponemos un debate crítico sobre la poesía contemporánea; por eso alternamos las lecturas de poesía con mesas temáticas. Intentamos sacar a la poesía de un círculo cerrado y abrirlo a nuevos públicos abordando horizontes político culturales de transformación para crear nuevas prácticas en las relaciones entre cultura y sociedad”, señala Juano Villafañe, poeta y director artístico del CCC.
Además de mesas de lectura y debate, se anuncian espectáculos que entrelazan teatro, música y poesía –sobre la obra de Fernando Pessoa, Olga Orozco, García Lorca y Leónidas Lamborghini, entre otros autores-, la participación de músicos como Miguel Cantilo y actores de la talla de Cristina Banegas y Patricio Contreras junto a los directores Hugo Urquijo, Alejandro Tantanián y Pompeyo Audivert.
Consultados sobre la expectativa que abre este tipo de eventos y la producción actual en América latina, el mexicano Langagne, el chileno Reyes y el argentino Sylvester, dialogaron con Télam.
– Eduardo Langagne: Los festivales abren la posibilidad de dialogar con un público distinto que posee un imaginario colectivo diferenciado respecto a la percepción de la poesía. Además, estimula el intercambio entre pares y despliega una variedad de propósitos y de propuestas. Es así, un diálogo fluido entre poéticas y generaciones.
– Santiago Sylvester: Los festivales son, sobre todo, sitios de encuentro, porque para mí la poesía sigue estando en los libros: soy de la era Gütenberg. Los diálogos planteados para este festival parecen de interés, ya que recorren temas actuales y plurales. Lo que espero entonces es que haya buen nivel en las intervenciones.
–  ¿Qué tendencias poéticas predominan hoy? ¿Son tributarias de la tradición o proponen caminos de búsqueda, cambio, ruptura?
– Bernardo Reyes: Cada camada reniega de su padre, aunque los lunares nerudianos, parrianos, huidobrianos, rockianos o teilleirianos, sean señal indiscutible de la identidad paterna. Resulta riesgoso establecer un canon de lo que se escribe hoy en mi país; son diversas las voces que brotan. Si algo es notorio es la presencia de la poesía mapuche.
– S.S.: Hoy la poesía es más variada que nunca, tal vez por la inmediatez de las comunicaciones que entrecruza todas las procedencias y las obliga a convivir. Hay parecidos grupales, parentescos de tribus, pero hoy no hay, creo, una única tradición.
Incluso pareciera que hay que repensar la propia palabra tradición. En cuanto a la ruptura, también ahí veo un cuello de botella después de un siglo de ruptura continua, como si no quedara nada por romper. Una salida podría estar en la confluencia de tradición e innovación.
– E.L: Numerosas poéticas confluyen en México, existen caminos abiertos en abanico. Además de los poetas de la tradición mexicana -que incluyen las rupturas- advierto en los jóvenes una poesía rica y constantemente sugestiva. Así como en el continente se habló de las líneas vallejiana o nerudiana, en mi país se habló de Paz y Efraín Huerta como polos de influencia de las generaciones siguientes.
–  ¿Existen entre sus primeras lecturas, vecindades, influencias, autores argentinos? ¿Fue alguno importante para su formación?
– E. L: Soy partidario de la poesía del tango, de Discépolo por ejemplo y aficionado a la música latinoamericana, a su poesía, la canción popular, el folklore. Cuando éramos muchachos tocábamos en las peñas zambas y chacareras. De niño leí mucho el Martín Fierro; entre los poetas que son parte genuina de mi formación están González Tuñón, Borges, Fernández Moreno, Lugones, Gelman, Pedroni, Conrado Nalé Roxló.
– B.R: Hay lugares comunes que casi no vale la pena mencionar por lo obvio: Borges, Cortázar, Gelman, etc… En este tema de las vecindades chileno-argentinas, creo que en términos generales hay chovinismos mutuos, bastante añejos, que no han permitido que cronistas y poetas notables aún no se conozcan mucho del lado nuestro de la cordillera.
–  ¿Se superaron por fin antiguas dicotomías como la supuesta poesía social y otra hermética, una regional y otra cosmopolita?
– S.S.: Pareciera que las dicotomías han desaparecido, al menos en sus versiones más tajantes. O, al revés, se las puede usar porque los casilleros están en movimiento. Señalo la dificultad de ver un presente en movimiento y sin bordes fijos. Lo clásico ya está hecho, la vanguardia también; qué hacer es la pregunta que debe contestar el poeta, y mejor si lo hace con sus poemas.
– E.L.: Por fortuna la poesía sin adjetivos va mucho más allá, se exorbita de los “ismos” a los que muchas veces es afiliada tanto por convicción como por conveniencia. La poesía sin adjetivos transforma las influencias en apropiaciones.
– B.R.: No creo que la poesía pueda cambiar algo. Tampoco  me convencen los fraccionamientos estilísticos. Entiendo que sin la poesía es imposible el cambio y la belleza de aquellas voces diversas que iluminan los abismos.