VIDA DIGNA, MUERTE DIGNA

por Gabriel Montoya

En el transcurso de este año, el Senado deberá tratar el proyecto de ley sobre la muerte digna que en diciembre de 2011 obtuvo media sanción en la Cámara Baja. Es de gran importancia que este debate se instale, no solo en el cuerpo legislativo, sino en la sociedad toda para lograr comprender cierta terminología técnica que dificulta visualizar los alcances del proyecto.

El dictamen aprobado en Diputados se basa en cuatro proyectos, uno de ellos impulsado por Jorge Rivas (Socialismo para la Victoria), y modifica la Ley 26.529 de Derechos del Paciente promulgada en 2009. Uno de los puntos del texto que logró media sanción busca diferenciar los conceptos de “muerte digna” y “eutanasia”, lo cual nunca resulta sencillo. La muerte digna es el rechazo voluntario del paciente a tratamientos que produzcan, como único efecto, la prolongación de un estado terminal, irreversible o incurable. En cambio, a la eutanasia se la define como una inducción activa, directa o indirecta, a la muerte del paciente.

En la ley que se encuentra actualmente en vigencia existe un vacío legal que lleva al personal de la salud a encarnizarse con aplicación de tratamientos terapéuticos, con el solo fin de evitar ser sometidos a futuras acciones legales por parte de los familiares de los pacientes. Los continuos avances científicos y tecnológicos aplicados en medicina, logran mantener con vida a pacientes en estados irreversibles durante años, generando infinidad de trastornos, no solo para el paciente, sino también para familiares y médicos, además de los grandes gastos que conlleva en el sistema de salud.

El proyecto, al definir claramente los derechos del paciente, libera a los médicos de tener que tomar determinaciones, como en el encarnizamiento terapéutico, para no ser enjuiciados, y permite acompañar al paciente y sus familiares en las decisiones que estos consideren convenientes.

El diputado Rivas sintetizó en una línea el fin del proyecto: “La vida no es una obligación, sino un derecho”. Por estas y muchas otras razones el tratamiento de esta ley en el Senado será de vital importancia, ya que dará el carácter de derecho a la voluntad de decidir sobre nuestra propia muerte, la máxima certeza que existe en la vida.

*Militante de la Juventud Socialista para la Victoria – C.A.B.A.-