UN BALLET PROVOCADOR

Las 50 mujeres que conforman el Ballet 40/90 afrontaron el desafío de aprender a bailar siendo mayores, de vestirse provocativamente cuando la sociedad reserva esto sólo para las jóvenes delgadas, de hacer espectáculos de excelencia artística y hoy se encuentran frente a un nuevo reto: cómo seguir tras la muerte de Elsa Agras, su creadora y alma, una de esas personas imprescindibles a su pesar

El 40/90 fue una iniciativa de Elsa Agras, una bailarina y coreógrafa que después de haber dado clases de diferentes disciplinas: teatro, danza y expresión corporal, a los 70 años comenzó a enseñar baile a personas mayores sin formación en la disciplina pero con deseo de hacerlo.

Constante, soñadora, contenedora y extremadamente rigurosa, Elsa pasó de dar clases a dos mujeres a conformar un ballet de más de 50 personas que nunca dejó de perseguir una excelencia artística.

“A mucha gente que nos ve le resultamos admirables pero lo que no se hace es tener una mirada valorativa sobre lo que hacemos, es como que el tema de la edad prioriza y a veces no deja ver lo que están haciendo”, expresaba críticamente Agras en el documental “Elsa y su Ballet” que Darío Doria hizo sobre la experiencia.

Estas palabras, que Elsa les leía a sus “compañeras” (como ella llamaba a sus alumnas) un día de ensayo general apuntaban a una crítica más que atendible: “naturalmente que ver un grupo tan grande de personas y de personas tan grandes bailar sobre un escenario es ejemplar, pero, ¿dónde queda el hecho artístico y dónde el compromiso?”.

“Nuestros espectáculos significan siempre provocaciones contra la perfección, la carencia de técnicas específicas y la estética dominante -agregaba en ese mismo encuentro- pero el día de la función cuando todas estamos en el escenario a telón bajo, cuando nos damos la mano mirándonos a los ojos no sólo nos deseamos buena suerte sino que sabemos que vamos a cruzar el puente entre el deseo y la realidad”.

Es en esa motivación por cruzar el límite que las mujeres del ballet reconocen el mayor legado de Agras: “Ella apostó a que las personas mayores podemos pensar, aprender, hacer y estar arriba de un escenario, demostró que cuando envejecés no pasás a ser descartable, y la rigurosidad que ella tenía era justamente porque estaba convencida de que podíamos a aprender y bailar cada vez mejor”, cuenta a Télam Laura Bruno, una mujer de 64 años que integra el ballet desde hace más de 16 años.

Y añade: “Elsa falleció al día siguiente que estrenamos el último espectáculo, el 9 de agosto. Decíamos que nos esperó, pero la segunda función fue muy dura. Pensamos en suspender pero después dijimos: ‘ésta baja y nos pega un bastonazo a cada una'”.

Tal era la pasión por su ballet que, cuenta Laura, estando ya internada como todavía no habían ultimado detalles del nuevo espectáculo, Elsa le pedía a sus alumnas cuando la iban a visitar que le mostraran cómo les salían los pasos.

“‘Así no, vas muy rápido, no te apures’, me dijo ahí desde la cama. Y nos mostraba con los dedos pasos que se le habían ocurrido.
Yo que hace unos años no me hubiera animado ni a recitar un versito en público me encontré bailando en un hospital y pensé: ‘¡cuánta libertad!'”, relata Laura sobre sus últimos encuentros con su maestra.

‘Te lo bailo de Taquito’ es la última creación del Ballet 40/90, que apenas cumplida su mayoría de edad tiene que enfrentarse a la ausencia de Elsa y lo está haciendo por estos días con una dirección colectiva y con asesoramientos externos de especialistas que invitan a mirar las funciones para obtener más opiniones.

“No es fácil reemplazar a Elsa porque ella cubría todo: vestuario, escenografía, coreografías, letras, nos enseñaba a tocar las castañuelas, a bailar tap, flamenco, tango, ¿quien puede suplir todo esto?”, afirma por su parte Sadi Vergona, una mujer de 84 años que se sumó al ballet cuando había cumplido los 70 y agrega: “este momento confirma la fortaleza y la pasión que nos legó, porque aunque no se la ve, su figura invisible nos lleva a continuar”.

Sobre el cambio de los tiempos desde la creación del ballet a hoy, tanto Laura como Sadi identifican que “vamos a tener que cambiar el nombre del ballet porque hoy una mujer de 40 años no es ya considerada mayor”.

“El próximo nombre tendría que ser 60/100 y así iremos corriendo los números. Lástima que no lo hicimos antes, Elsa murió justo a los 90, quizás si le poníamos 45/95 la teníamos unos años más”, dice Sadi, recuperando otro legado de Agras: el humor.

“Nuestros espectáculos tienen mucho de humor, algo característico de ella y que se acrecentó desde que comenzó su formación de clown con Marcelo Katz. También tenemos la influencia de la bailarina y coreógrafa alemana Pina Bausch, a quien Elsa conoció cerca de los 80 en un viaje que hizo a Alemania”, describe Laura.

“Te lo bailo de Taquito” se presenta todos los viernes a las 20.30 en el Teatro Empire, Hipólito Yrigoyen 1934,  de la Ciudad de Buenos Aires.