SENTIRSE EVITA

Desde el balcón de la Casa Rosada en el que Eva Perón dio su último discurso el 1° de mayo de 1952, este fin de semana, 300 personas pusieron su cuerpo para sentir durante un minuto lo que sintió Evita, en el marco de la Bienal Performance 2015 (BP.15).
La propuesta surgió del performer Martín Sastre, un artista uruguayo de 39 años, cuya iniciativa hizo que en dos horas se agotaran las invitaciones para participar de la experiencia que captó a hombres y mujeres de distintas edades y profesiones.
La voz de Eva y la de los manifestantes aclamándola se escuchaba desde las escaleras que conducen al primer piso de la Casa Rosada y al llegar al salón Eva Perón, el balcón abierto con una pequeña tarima y micrófonos con un cinta celeste y blanca recibían a los participantes.
“Que Eva vuelva en el cuerpo de 300 personas es muy emblemático, muy fuerte, porque en ese momento sabía que iba a morir”, manifestó el artista, quien se considera un admirador de Evita desde los 15 años.
“Eva trasciende todas las fronteras y su mensaje sigue muy vigente y siempre me pregunto cómo hubiera sido la historia de Argentina y de Latinoamérica si estuviera viva”, consideró Sastre, que se ubicó frente al balcón y elevó los brazos imitando el característico gesto de saludo al pueblo de Eva y Perón.
“El balcón de Eva junto al del Papa son los dos más famosos del mundo, y en este sentido me interesaba que no solo los artistas, sino también las personas, pusieran el cuerpo para ocupar ese lugar”, explicó.
En el deseo de concretar esta experiencia también se cruzó la figura de Madonna. “Me había llamado mucho la atención al leer el diario de Madonna los problemas que tuvo para conseguir ese balcón y cómo sintió luego la energía de Eva en su cuerpo, entonces pensé: así como estuvo Madonna, a Eva le hubiese gustado que el pueblo pueda ocupar ese lugar, que es como un lugar sagrado”.
Quienes esta tarde vivieron la experiencia destacaron la ambientación, el audio, las luces puestas para la ocasión. Algunos levantaron los brazos saludando, dieron discursos breves, sonrieron, y otros, permanecieron solo unos pocos segundos.
“Esto es adrenalina pura, el audio es muy bueno para crear el clima. Entrar a la Casa de Gobierno de esta manera fue muy interesante”, dijo Paula Casanueva, de 24 años.
“Es una experiencia muy fuerte, todavía estoy temblando de emoción. Ver las luces, escuchar la voz de Evita fue como tener mariposas en la panza, estar sólo en el balcón es muy intenso”, contó un joven actor, de jopo y cabello oscuro, cuyo nombre de fantasía es Peter Pank.
“Canté ´No llores por mí Argentina´, que si bien no es lo más peronista del mundo, es lo que elegí”, agregó Pank, quien contó que sus abuelos eran peronistas y su madre recibió una de las máquinas de coser que entregó Evita y guarda de esa época una foto de la llamada “abanderada de los humildes”.
“Sentí una energía muy fuerte, ya al llegar a la Plaza en el día del trabajador, y después entrar a la Casa Rosada y estar en el balcón me hizo temblar el cuerpo, es una sensación muy potente”, dijo a Télam Cristina González, un ingeniero industrial de 36 años, que a partir de una crisis personal decidió hacer danza, teatro y acrobacia.
“Lo disfruté mucho, gocé cada momento, es muy fuerte todo el recorrido que se hace hasta que llegás ahí, y me propuse recomponer aquella situación a partir de las voces de las personas que te aclaman”, manifestó Ricardo Manetti, de 52 años, quien apareció sonriente y con los brazos en alto desde el balcón.
“La idea del cuerpo como espectáculo, eso que fue tan de Evita, de poner el cuerpo ante las multitudes me pareció fascinante. Se me cruza el hecho artístico, político y la noción del espectáculo”, manifestó Manietti, que es profesor de Historia del Cine Latinoamericano y Argentino de la UBA.
A César Planes, de 50 años, la emoción no le quebró la voz potente y segura para expresar su discurso: “Vamos que somos muchos, que muchos somos todos, todos somos cada uno, cada uno es el otro, el otro es la patria”.
Este hombre, que es sociólogo y se define como anarquista, señaló que se unió a esta experiencia porque da la oportunidad de poner el cuerpo y poner el cuerpo es poner la palabra que estructura la relación con los otros, así como lo hizo Eva con el pueblo”.
La performer serbia Marina Abramovic vivió la experiencia el miércoles a la noche y, según Sastre, la definió como algo que se vive “una vez en la vida”.
Sastre, que dispuso que se filme cada intervención, tiene pensado entrevistar a algunos de los participantes y realizar un material fílmico con las imágenes que recogió durante las cuatro horas que duró la experiencia.