ROSENCOF: “LA MEMORIA ES LA GRAN BARRICADA”

Aldo Marinozzi

El ex ministro de Cultura de la ciudad de Montevideo, Mauricio Rosencof, remarca que “la memoria es la gran barricada que se ha levantado para llegar en algún momento al Nunca Más” en el Río de la Plata, y asegura que “ésta es una de las grandes causas del humanismo universal, es parte de esa búsqueda formidable, heroica, que iniciaron las Abuelas y las Madres”.

Esta lucha, dice, es rioplatense porque “tenemos el mismo lenguaje, la misma historia, el mismo sentimiento y cantamos los mismos tangos de Gardel”.

Rosencof es una de las figuras centrales del Uruguay posdictadura. Y es una figura doblemente reconocida, como poeta popularizado por Jaime Ross y como parte de aquellos diez miembros de la conducción de los Tupamaros -hoy integrados al gobernante Frente Amplio- que los militares mantuvieron como rehenes mudándolos por años, constantemente, de cárcel (que a veces no eran más que pozos a campo abierto y con un trato que tenía el declarado fin de enloquecerlos).

Una joven se acerca y le entrega unos originales para que los lea, y mientras los acepta, saluda. Casi sin advertirlo, lo tuteo, se lo hago notar y responde “somos contemporáneos”, una frase que toma de una carta de su hija y a la que volverá después.

Todo sucede en el Centro Cultural Haroldo Conti, en la Ex ESMA. Mira eso que fue un centro del horror clandestino, que se emparenta con aquella Sala 8 montevideana en que transcurre su última novela y afirma: “Estamos reconquistando un territorio que nos corresponde. Aquí estamos todos”.

Cuando repasa el libro que acaba de presentar, “Sala 8”, que describe el sitio al que eran llevados los presos de la dictadura uruguaya en el Hospital Militar de Montevideo y por donde pasó, junto al actual presidente uruguayo José Pepe Mujica y al ministro de Defensa Eleuterio Fernández Huidobro, ironiza diciendo que “eso sí que es algo que nunca se me hubiera ocurrido escribir, porque a la ciencia ficción todavía no me dediqué.

Rosencof destaca la “búsqueda permanente” de América Latina, un continente donde “lo que no existe es la quietud, lo que existe es el movimiento. Y ubica esas raíces comunes desde el origen hasta las dictaduras.

 “El Plan Cóndor, y hasta de antes hubo un entendimiento entre las dictaduras argentinas y uruguayas, por eso todavía no sabemos si los uruguayos que estaban desaparecidos en la Argentina están enterrados en el Uruguay y lo mismo con muchísimos argentinos”, recuerda.

Rosencof asegura que “además en cualquier momento puede suceder esa cosa tan inmoral como el tráfico de niños. Puede haber alguien como Macarena (Gelman), alguno de los cientos de niños que rastreamos por todas partes”.

Pero para el poeta, “hay algo que no resiste el tiempo, y es la memoria; es la gran barricada que se ha levantado para llegar en algún momento al Nunca Más, y en esa materia, las viejas (por las Madres y las Abuelas) han dado el ejemplo y se han juntado, allá y acá, y nos están marcando el camino. Han sido capaces de juntar todos los temores y los dolores para una única rebeldía”, afirma.

Respecto del resurgimiento de los movimientos juveniles y su vinculación con las luchas por los derechos humanos, recuerda “la primera correspondencia que recibo como prisionero era una cartita de mi hija que iniciaba la escuela, eran tres líneas y habían tachado dos. Y abajo firmaba ella y entre paréntesis ponía “contemporánea”. De alguna manera, es lo que están haciendo hoy, los que estamos en esto, todos somos contemporáneos”.

Los jóvenes “están ahí y viven en todas estas luchas, porque esto forma parte de nuestra historia, que se construye como una gran barricada, en Buenos Aires, en Montevideo, en toda América. Ellos de alguna manera sienten que son hijos de esa gran argamasa.

Acerca del juzgamiento de los crímenes cometidos en dictadura, Rosencof rescata a “esas proas formidables que son las `viejas`, que han mantenido desde los días más duros su demanda de verdad y justicia, ellas han mantenido una llama encendida y ahora la pradera está agarrando fuego”.

 “Hay un ingrediente que no manejamos y corre independientemente de nuestra voluntad, y en algún momento se produce un cambio cualitativo aquí y allá, porque no hay manera de pararla. Es la fuerza de la memoria, de esas mujeres que de alguna manera son la página más aguerrida de toda esta historia”, afirma para resaltar el papel de las Madres en el origen de los movimientos rioplatenses por los derechos humanos.

Rosencof diferencia la situación latinoamericana de “la transición en España, que fue muy especial, alguien que quiso recuperar entre 100 y 130 mil cuerpos, que se sabe que están enterrados, y le costó la carrera al juez (Baltasar) Garzón, que fue el juez que retuvo a (Augusto) Pinochet en Londres”.

También distingue que “Brasil tiene sus tiempos. Nadie puede manejar los tiempos de otro. Hay algo que tarde o temprano va a germinar en todas partes. Esto no es algo que podamos llamar una búsqueda a término.

En ese contexto, considera a la lucha por los derechos humanos en la Argentina y Uruguay “una de las grandes causas del humanismo universal, es parte de esa búsqueda formidable, heroica, que iniciaron las Abuelas y las Madres, y todo lo que se ha generado en torno a ellas. No hay forma de no compararla con otras búsquedas que siguen vigentes”, afirma.

“Esto, para la historia argentina, para la uruguaya, es para siempre”, remarca Rosencof, para quien “acá hubo un desgarro, una ruptura de los parámetros elementales de la humanidad, aún en estado de guerra”, y recuerda que “una propiedad puede ser botín de guerra, pero los restos de un desaparecido, o un niño que es arrancado de sus padres que luego desaparecen, eso no cabe en ninguna ética”.

 “Por eso -reitera- esto que está ocurriendo ahora es para siempre y se expresa en la historia, en la búsqueda, en la política, en el canto popular, en la tradición oral, en los cursos escolares iniciales. Forma parte de la historia, es un período aberrante que de alguna manera tiene que ser saneado con la búsqueda de la verdad y la justicia para construir esa barricada que sea infranqueable y que, de alguna manera, nos conduzca al Nunca Más.

Rosencof destaca la presentación de su libro Sala 8 en la ex ESMA. “En esta búsqueda, en estas resistencias, recuerdo ahora los nombres de compañeros argentinos que estuvieron presos con nosotros allá, y de compañeros uruguayos que estuvieron acá. Es que es un mismo pueblo, tenemos el mismo lenguaje, la misma historia, el mismo sentimiento y cantamos los mismos tangos de Gardel”, cierra, riendo.