PRIMERA MAESTRA TRANS EN LA CIUDAD

 Por Johanna Chiefo

“…mi obligación de ser coherente con mis sentires más profundos, me llevan a dar este paso trascendente en mi vida, una vida que nunca será plena si no manifiesta la esencia de mi propio ser. Y mi ser, es profundamente femenino…”, así se expresó Melisa al dirigirse a la comunidad educativa, al anunciar que desde el 30 de julio se presentaría con la imagen que la identifica. ¿Por qué ahora? Porque siente que es tiempo de ser ella misma en su espacio laboral (último reducto de un “closet” que derrumbó en todos los frentes) y porque el pasado 4 de junio el Senado aprobó la ley de identidad de género, con 55 votos a favor y una abstención.

Hace 22 años es docente y se especializa en el dictado de talleres optativos de ajedrez. Hoy tiene a cargo 12 cursos en distintas escuelas públicas de la ciudad, donde enseña entre segundo y quinto grado. Sus alumnos la conocían como José; ahora es Melisa. Delgada, altísima y con uñas deslumbrantes, festeja la aceptación de sus hijas (21 y 16 años) y de su familia, quienes confirmaron sus sospechas al verla vestida de mujer en fotos que ella misma decidió mostrarles. Pero ese fue apenas el comienzo de un proceso conmovedor. ¿Qué dirían los padres de sus alumnos?

Enrique Samar, Director de la Escuela Nº 23 DE. 11 ubicada en el barrio de Flores, cuenta que la mayoría aceptó la decisión. Solo una mamá sacó a su hijo del taller, en desacuerdo con que la reunión de padres se realizara el mismo día en que Melisa se presentaría como tal. Al respecto, la Lic. Haydeé Torinchik (psicóloga de familia), opina que la escuela falló al dejar en manos de los padres la comunicación a los niños. “Hay que trabajar desde sus cabezas, averiguar qué saben, qué imaginan y, a partir de eso, contestar desde un lugar adulto. Melisa no daña a nadie, está diciendo la verdad; y la verdad es respeto”, concluyó.

Según Melisa, el cambio no significó una ruptura radical, porque ella fue preparando el terreno: empezó a usar uñas largas y bijouterie, se depiló las cejas y fue educando su voz. “Profe, los hombres no usan las uñas largas”; le decían durante su transición. Hoy parecen haber naturalizado algunos cambios, aunque verla con pollera y tacos todavía genera asombro. “¡Cómo le creció el pelo en las vacas, seño!”, “¡Está linda profe!”, “¿Por qué no cambió antes y ahora si?”, son algunos de los comentarios.  El Dr. Sergio Provenzano, Director del posgrado en Sexología Educativa y Género de la UBA, asegura que los chicos lo entienden mejor que los adultos, porque tienen una mirada libre de prejuicios.

Sin pudor, la maestra confiesa que tiene más de 200 polleras en su casa y que no hay trans de su edad en la calle, porque están todas muertas (según el INDEC, se estima que  viven entre 38 y 45 años). En lo que parece haber sido una charla muy cercana, la Subsecretaria de Inclusión Escolar Soledad Acuña la alentó: “Sos la primera en 50.000 maestros. Alguien tenía que abrir esta puerta y te tocó a vos”.

Creció en un contexto represivo y nunca se sintió del todo feliz. “Hace 8 años asumí lo que soy: una persona con genitales masculinos que se siente mujer. Por fin puedo dormir tranquila”, comentó. En los próximos días comenzará a tramitar su nuevo DNI. Para algunos José, para otros Melisa, este ser debió construir una imagen andrógina que no le pertenecía. Sobre esto, el Dr. Povenzano opinó: “Debería ser respetada. Acorde con las leyes vigentes un individuo puede asumir su sexualidad y género. En la medida en que algo es legítimo, es indiscutible”.