PIBE CHORRO

“Pibe Chorro”, de Andrea Testa,  es un ensayo cinematográfico que desarticula el estereotipo de los chicos de barrios humildes, morochos, con gorrita y conjuntos deportivos, en lo que la realizadora califica como “una forma de intervenore de intervenir en la realidad”, explicó la realizadora.
La investigación de la nueva cinta de Testa comenzó en 2010, cuando ella había terminado de estudiar cine, y utiliza varios recursos como la poesía, las entrevistas y un archivo propio para adentrarse en un mundo conocido a medias por la audiencia local.
También recurre al humor que los chicos del barrio 22 de Enero de La Matanza le impregnan y al drama que la marginalidad y la ausencia total del Estado marca a fuego en estas zonas.
El primer objetivo de este largometraje es el de desentrañar y poner en discusión la violencia a la que son sometidos los adolescentes de barrios marginados, no sólo por parte de bandas delictivas, sino también de la policía y de la sociedad en general.
El punto de partida en la cinta es la muerte de Gabriel, un chico de 17 años asesinado de un tiro en la cabeza por un joven de su misma edad en una situación patoteril en el barrio donde vivía.
Gabriel formaba parte de un grupo de chicos con los que Testa se encontró para rodar una película casera, pero, al final de esta experiencia sucedió la muerte del adolescente, lo cual cambió la perspectiva del filme.
“La pregunta principal era cómo retratar la ausencia, y por eso vamos rompiendo este identikit de lo que sería un posible ‘pibe chorro’, porque Gabriel nunca robó. Esa idea es lo que le da una estructura sensorial al documental”, explicó la directora.
Además, como para profundizar en el mensaje y no tanto en quién lo dice, la narración recurre a entrevistas de personas con la cara borroneada que construyen, con su relato, el estereotipo de la violencia y la delincuencia callejera.
“No quería mostrar al ‘pibe chorro’ y a la pobreza -indicó la realizadora-. Y así decidimos encarar un documental ensayo, con la poesía de Vicente Zito Lema y vimos que era imposible no ahondar en esta temática sin sus palabras”.
Además, para adentrarse en ese mundo Testa recurrió a un equipo multidisciplinario, que incluyó a dos amigas de ella, trabajadoras sociales, que le presentaron el barrio 22 de enero.
“Tuve un profesor que decía que cada mensaje e ideología tiene algo de verdad. Vicente también nos dijo que no hay que negar una verdad. No se puede negar la violencia y los robos”, explicó la directora.
Sin embargo, sostuvo que “mucha de la construcción de estos prejuicios vienen de los medios de comunicación, que resaltan esas características para que los metan presos siendo menores; esa verdad uno la puede tomar para reflexionar y ver que ellos viven en una violencia constante”.
“Esta película me cambió en muchos aspectos. En lo profesional me ayudó a tomar riesgos, como el de encarar un documental no clásico. Creo que va a generar debates ideológicos porque nos interpela. A mí me pone en un lugar de incomodidad porque yo volvía a mi casa con una cama calentita y me dedico al cine. Pero eso no lo vamos a resolver”, terminó diciendo.