PERICIA DE ONCE

La pericia mecánica del tren accidentado en la estación de Once reveló que los frenos funcionaban, salvo un “freno de guarda” y había falencias en el “mantenimiento preventivo” de las formaciones que implicaban “un riesgo en la seguridad de la operación”, ante lo cual la fiscalía del caso pidió que las personas citadas a declaración indagatoria sean imputadas por “estrago culposo”.

La solicitud partió del fiscal federal Federico Delgado al juez del caso, Claudio Bonadio, por entender que todos los citados en relación al accidente deben ser interrogados por “estrago culposo” mientras que ex funcionarios y empresarios a cargo de la concesión de TBA deberían responder además por supuesto “peculado”, según el dictamen entregado en el juzgado y al que accedió Télam.

Bonadío convocó a declaración indagatoria a 30 personas, entre ellas los ex secretarios de Transporte de la Nación Ricardo Jaime y Schiavi, a los responsables de la empresa concesionaria TBA y funcionarios de organismos de control ferroviario, además de policías en relación al hallazgo tardío del cuerpo de una víctima, Lucas Menghini.

En la pericia preliminar entregada al juez se advierte que “no hay objeciones que efectuar en cuanto a la aptitud del involucrado” y hasta ahora único indagado en el caso, el maquinista y sobreviviente Marcos Córdoba, pero se sostiene que no habría sabido responder a la emergencia presentada.

“El estado del servicio era malo y el conductor de la formación no se desempeñó de acuerdo con los requerimientos de un servicio en mal estado”, el 22 de febrero cuando el tren embistió en Once, en el accidente que provocó 51 muertes y centenares de heridos.

En el caso puntual del tren siniestrado, los peritos no encontraron “evidencia objetiva de fallas o anormalidades que incidieran en las causas del caso en estudio” pero advirtieron que “resulta evidente que la mayor parte de las unidades se encuentra con mantenimiento diferido. La falta de mantenimiento preventivo implica, por supuesto, un riesgo en la seguridad de la operación”.

En el tren accidentado sólo encontraron que el llamado “freno de guarda”, una palanca a la altura del techo, no estaba operativo en la cabina del conductor pero sí funcionaban “el resto de los sistemas de seguridad del tren”, lo que incluye los demás frenos, entre otros aspectos.

“Surge la presunción de que el conductor anuló el sistema de seguridad” llamado `hombre muerto´”, concluyó el peritaje.

Pero se informó que “el alto grado de informalidad con que se entregan vehículos al servicio de pasajeros que se ha descripto más arriba, además del riesgo potencial que tal procedimiento implica, no es compatible con mínimos conceptos de seguridad que se debe garantizar en este tipo de actividad, ya que implica una carencia de control y seguimiento de procedimientos operativos básicos”.

Según la pericia en la que se basó Delgado para calificar los delitos que pudieron haberse cometido, “entre Caballito y Once, hubo aplicaciones de freno con resultado normal en el frenado y recuperación. En los últimos 100 metros antes de paragolpes se

aprecia una reducción de la velocidad en el registro GPS de 26 km/h a 20 km/h en un punto máximo al de choque”.

“Si bien la confiabilidad de este último registro no es buena por las circunstancias conocidas (por la simultaneidad con el momento de la colisión), podría atribuirse dicha reducción de velocidad a un frenado de último momento que, en todo caso, resultó a destiempo para evitar el choque”, concluyeron sobre lo ocurrido.

Para el fiscal, en base a este y otros informes, el sistema de frenado hidráulico de la estación Once “no funcionó y en consecuencia el golpe no se absorbió” y además que ante las falencias del servicio “los conductores frenan a ojo”.

“Por lo tanto, la discusión relativa al momento en que Córdoba accionó los frenos pierde mucho peso específico y se desplaza el eje hacia la variable estado del servicio porque evidentemente había [hay] un problema de modernización”, cuestionó el fiscal.

Además aseveró que “la instancia de control alcanzó un simple plano formal que no llegó a ser real”, en alusión a la relación entre TBA, la CNRT y la Secretaría de Transporte.