MARÍA LA VASCA

La Defensoría del Pueblo de la Ciudad, por iniciática del Defensor Adjunto, Gerardo Gómez Coronado, presentó un proyecto de ley ante la Legislatura porteña a fin de declarar sitio histórico el inmueble ubicado en la calle Carlos Calvo 2721, que fuera la casa de María la Vasca, una de los locales de baile legendarios de comienzos del siglo XX.

Valor Histórico
“Esta emblemática edificación fue una de las catedrales del tango. La mitología tanguera añora aquellos sitios donde se baila y se escuchan tangos. Algunos, como Hansen (Restaurant ‘3 de febrero’) son inocentes confiterías con sol alto, y lugar de escuchar tangos y lucir mujeres en la alta noche. Otros descienden a la modesta estirpe del cuasi galpón, como la olvidada milonga del ‘Tano 43’, en Villa Crespo. Párrafo aparte merecen las casas de baile, desde las muy modestas, como las de ‘la China Rosa’, ‘Elvira Lastra’, ‘doña Augusta’, ‘la Vieja Eustaquia’, ‘la Parda Adelina’, hasta las más o menos reservadas a los ‘jailaifes’ por su jerarquía y precio: lo de Laura y María la Vasca…”, sinteriza Gómez Coronado en la fundamentación del proyecto.
“Algún tango musicaliza, por partida doble, el recuerdo de Laura y María la Vasca: Vos fuiste el rey del bailongo en lo de Laura y la Vasca… ¿Se alzan todavía los muros de la casa en que se celebraron esas misas reas? Categóricamente, sí… La casa de María la Vasca está todavía, desmejorada, pero con la misma arquitectura de sus mejores tiempos, sin reformas ni refacciones, en la calle Carlos Calvo 2721, antes Europa… Ha sido en sus tiempos una cuasi mansión… ‘Las tarifas del baile no eran bajas para entonces. Se cobraba por hora, con orquesta, a razón de tres pesos por cabeza. El malevaje no tenía acceso a la casa, porque María la Vasca eligía la clientela levantando los visillos de la salón. A eso de las once de la noche, el baile se animaba. – Maestro, comience –ordenaba la dueña de casa al director de orquesta, precaria aún… La orquesta arrancaba entonces, con la polka inicial de estilo. Durante los primeros tiempos, los bailes de María la Vasca sólo se amenizaron con el piano modesto. Pero se enriquecieron con las interpretaciones de Vicente Pece (‘el Tano Vicente’) y el violín del ‘Pibe Ernesto’ (Ernesto Ponzio)…”, fundamenta el autor del proyecto, y añade, “… Los músicos reconocían que era muy importante pasar por la casa de la Vasca. Significaba un lugar de fogueo, un sitio desde el cual proyectarse. Allí perfilaban sus estilos y estrenaban sus tangos. El boca a boca de los clientes hacía lo demás. Atentos a la respuesta del público, entre otros animaron los bailes de la Vasca los pianistas Alfredo Bevilacqua, Manuel O. Campoamor y Rosendo Mendizábal (quien presentó allí hacia 1897-1898 su gran éxito, El Entrerriano); también los violinistas Ernesto Ponzio y Genaro Luis Vázquez; el clarinetista Juan Carlos Bazán (autor de un tango llamado La Vasca); el flautista Luis Teisseire; y los bandoneonistas Domingo Santa Cruz y Vicente Greco …”
Desde el punto de vista arquitectónico este inmueble es significativo porque se trata de un exponente de la tipología conocida como “casa de medio patio” o “casa chorizo” de larga tradición en la ciudad.

Características edilicias
Esta tipología deriva de la casa romana de patios, aquí llamada “casa colonial de patios”. Según señala el arquitecto Fernando Diez en su libro “Buenos Aires y algunas constantes en las transformaciones urbanas”, “Se trata de una casa cuyo frente continuo se alinea sobre la calle, y que a través de un gran portal y un zaguán, o corredor, da acceso al primer patio, que está rodeado por las habitaciones principales de la casa. Estas no presentan una diferenciación formal que acompañe los distintos usos de las habitaciones, salvo las mayores dimensiones de la sala principal. Un segundo corredor da acceso al segundo patio, que está rodeado por las habitaciones de servicio; cocina, despensa, etc.”
La fragmentación de los terrenos en una Buenos Aires en pleno crecimiento hizo que este modelo se adaptara a partir de la partición en dos de la casa de patios, hasta conformar la “casa de medio patio” o “casa chorizo”, construida normalmente en un lote de 10 varas de ancho (8.66 metros).
En el edificio de Carlos Calvo están presentes las constantes del tipo: se accede a través de un zaguán lateral por el que se ingresa a un primer patio al que dan el salón, localizado en el frente del terreno, dos habitaciones y el comedor. Un pasaje cubierto conduce al segundo patio con acceso al comedor, a otras dos habitaciones y a la cocina y baño ubicados en el fondo del terreno. Esta circulación exterior por los patios es replicada por una circulación interna a través de las habitaciones. La fotografía existente en el libro “La historia del tango. Primera época” de la editorial Corregidor, permite adivinar el clima interior de la casa con sus luminosos patios.
La vivienda perteneció originalmente al señor Bernardino Stagliano, de origen italiano como gran parte de los inmigrantes que llegaron a la ciudad de Buenos Aires entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Esta colectividad tuvo una gran influencia en la arquitectura de la época que es notable especialmente en las fachadas de estas viviendas.
Particularmente, la fachada del inmueble posee un basamento con revoque texturado, un desarrollo buñado y un remate compuesto por un muro de carga con balaustres y un importante ornamento central, separado del desarrollo por una cornisa ornamental. Posee tres aberturas: dos ventanas jerarquizadas por un frontis triangular con ménsulas ornamentales y la entrada, sobre el lado derecho, todas con carpinterías de madera. A pesar de la presencia de vegetación invasiva en la parte superior, la fachada presenta un notable grado de autenticidad y buen estado de conservación.

Valor Patrimonial

El Código de Planeamiento Urbano establece, en su Sección 10, las herramientas para la protección y preservación de aquellos inmuebles que revistan para la ciudad valor urbanístico, arquitectónico, histórico-cultural y/o singular.
El valor arquitectónico, se otorga a los elementos poseedores de calidades de estilo, composición, materiales, coherencia tipológica y otra particularidad relevante; el valor histórico-cultural, lo ostentan aquellos elementos testimoniales de una organización social o forma de vida que configuran la memoria histórica colectiva y un uso social actual y el valor singular, que se refiere a las características irreproducibles o de calidad en cuanto a los aspectos técnicos constructivos o el diseño del edificio o sitio.