MARGARET BORKE-WHITE, UNA PIONERA

por Leticia Pogoriles

“Margaret Bourke-White, pionera en su género” es la interesante muestra fotográfica que acaba de abrir sus puertas en el Centro Cultural Borges, donde en 60 imágenes se revela no sólo el trabajo intenso de una de las primeras fotoperiodistas del mundo, sino también la historia de los horrores de la primera mitad del siglo XX, atravesada por la mirada de una mujer que se abrió paso en un mundo esencialmente machista.
Mujer y pionera o pionera por ser mujer, ambas acepciones le caben a Bourke-White, la atractiva y aventurera fotoperiodista norteamericana nacida en 1904 que legó al mundo imágenes potentes como la última con vida de Mahatma Gandhi, la industrialización en la Rusia stalinista, la pobreza en Estados Unidos, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra en Corea y el apartheid en Sudáfrica.
El rescate de su figura lo realizó Vicki Goldberg, periodista del New York Times y renombrada crítica fotográfica, quien revitalizó -y puso a circular- el material de la primera mujer fotógrafa de la revista Life y, también, la primera autorizada a tomar fotos de los combates durante la II Guerra Mundial; la misma que cubrió el ataque alemán al Kremlin en 1941 y la liberación del campo de concentración de Buchenwald en 1945.
Esta exhibición -que recorrió Estados Unidos y Japón- llega por primera vez al país de la mano de Goldberg y de Virginia Fabri como una forma también de contar el auge del fotoperiodismo y el ensayo fotográfico, en los que Bourke-White jugó un papel central. Apenas el visitante ingresa a la sala emerge una imagen que será una señal de una vida intensa de trabajo tras la lente: Margaret sentada desde las alturas mientras fotografía la ciudad de Nueva York, en 1931.
La Rusia cotidiana y sus industrias, las mujeres en fábricas, los afroamericanos en la peor inundación de Estados Unidos, los vestigios de la Gran Depresión; el fascismo italiano; la guerra en Corea; las joyas del New Deal norteamericano; la segregación en Africa; los campos de concentración nazi y la llegada de los Aliados son algunas de las postales más relevantes de esta muestra.
Pero una de las más notables es la serie de Gandhi a horas de su asesinato, en 1948. “La no violencia era el credo de Gandhi e hilar el telar su arma perfecta”, escribía la mujer que durante dos años retrató al líder pacifista hindú y la separación entre India y Pakistán.
“Nos despedimos y continué, pero algo me detuvo. Su modo fue tan amistoso. Miré por encima de mi hombro y le dije ‘Adiós, y buena suerte’. Tan solo unas horas más tarde, mientras él partí­a rumbo a sus oraciones vespertinas, este hombre que creía que aún las bombas atómicas deberían ser enfrentadas a partir de la no violencia, fue abatido por las balas de un revólver”, contó Margaret en sus memorias.
Recién llegada a Buenos AIres, Goldberg, autora de su biografía publicada en 1986, cuenta que no sabía nada de Margaret antes de su investigación, a la que llegó por encargo.
“Descubrí lo maravilloso que era su trabajo y su historia de vida, fue una de las fotógrafas más prominentes. Cuando empecé a escribir su biografía, no me aburrí en ningún momento porque tuvo una de las vidas más interesantes de la historia, su éxito es indiscutible, fue una de las fotógrafas industriales de la década del 30, una de las fotoperiodistas más importantes de la historia. Se ha transformado en una verdadera leyenda”, dice.
Margaret nació en Nueva York en 1904 y fue su padre quien la inició en el mundo de la fotografía y la industria. Cámara en mano, se especializó en “sujetos industriales”, capturando su geometrí­a y grandeza. Fueron esas imágenes fabriles las que llamaron la atención del magnate de medios norteamericano Henry Luce, quien la contrató para la revista Fortune.
En 1936 Luce, también dueño de la emblemática revista Life, llevó a Bourke-White a las filas de esa publicación, donde nació el primer foto-ensayo, series fotográficas, que juntas cuentan una historia y que en la década del 30 tuvo su auge.
Uno de esos documentos fue “Dust Bowl”, de 1936, donde captó la inundación del Rí­o Ohio, una de las peores de la historia de ese país. De esa serie se destaca una elocuente e irónica imagen en Louisville, donde hay una fila de víctimas afroamericanas del agua esperando, mientras de fondo se lee un gran cartel con la inscripción: “El mejor estándar de vida del mundo”.
Con este monumental trabajo, la fotógrafa comenzó a registrar el sufrimiento humano, alejándose de la temática industrial. “Su vida y su carrera fueron alrededor de la revista Life, ella hizo la tapa del primer número en 1936 y murió en 1971 de Parkinson, un año después la revista cerró”, cuenta Goldberg.
El hecho de ser mujer y pionera en una disciplina es clave para la investigadora. “Los mundos donde ella se desempeñó eran universos masculinos, sobre todo como fotógrafa industrial. Era muy difícil para una mujer ingresar a una fábrica. Era muy persuasiva y utilizaba todo tipo de artimañas para lograr accesos, algo fundamental para un fotógrafo”, dice Goldberg.
“Ella -destaca- tuvo muchos problemas para insertarse en un mundo de hombres, pero decía que la única ventaja de ser mujer era que una vez que había logrado ingresar, después no la podían echar, justamente porque era mujer. Hacía todo lo que su género le permitía para lograr sus objetivos, incluso logró que Henry Luce le cargue las cámaras”.
Si bien tuvo una lapso temporal donde su figura quedó en el olvido, Goldberg sostiene que Margaret fue “muy envidiada por muchos fotógrafos debido a la atención que recibía y terminó siendo muy famosa, tanto que se convirtió en una inspiración para muchas otras fotógrafas de la época que no eran feministas sino pioneras que querían abrirse camino para ellas mismas”.
“Utilizar una cámara fotográfica fue casi un alivio, interponía una barrera entre mi persona y el horror enfrente mío”, dijo alguna vez Bourke-White, quien enfrentó pasajes durísimos de la historia de la primera mitad del siglo XX, la dama que murió en 1971, pero que nunca dejó de soñar con viajar a la luna para registrar los avances de la humanidad.
Simultáneamente a la exposición de Margaret Bourke-White, que se podrá ver hasta el 8 de marzo en Viamonte y San Martín, se puede recorrer la muestra “Seis fotógrafas argentinas” en su homenaje, con obras de Adriana Lestido, Emiliana Miguelez, Graciela Calabrese, Mariana Eliano, Cecilia Lutufyan y Julieta Escardó.