MANIFIESTO: NI UNA MENOS

Tiradas a la basura, desgarradas, en pelotas: en la montaña asquerosa, un cuerpo como una cosa, como una cosa ya rota y que no sirve para nada, los restos del predador, la carne que le sobró de su festín asesino. Afuera espera la prensa: las cámaras y micrófonos buscando mostrarle al mundo el dolor más lacerante, la frase más torturada, la cara más arrugada por la angustia que la arrasa. Ya terminó el predador. Seguirán la policía, los abogados, los jueces y las cámaras de TV: sigue la carnicería en una especie de show que explica los femicidios. Cada vez que asesinan a una adolescente se monta un teatro carroñero y culpabilizador. Cada acto de la piba convertido en causa eficiente de la muerte. La ropa erigida en símbolo de una conducta que llevaba inscripto su castigo: en el short se escribe una condena a muerte. Alrededor: multiplicación de hechos de violencia que cada una puede rememorar, padecidos en carne propia o escuchados en la voz ajena. Si la prueba dice que ser mujer, ser vista o leída como tal es un riesgo al que cada una se asoma apenas pone pie firme en la vida, seamos también la rabia, que por aquí no se pase más. No queremos más víctimas. No vamos a vivir como víctimas. No se puede enseñar el silencio aunque el miedo atenace. Seamos la rabia, expropiemos la consigna contra los femicidios, el pico más cruel que emerge del inmenso magma de violencias y microviolencias cotidianas que ya no se toleran. Algo se soltó de la trama de la resignación y de esa hebra hay que seguir tirando, por una, por todas. De la bolsa, esta vez, salió más que un cuerpo. Un griterío furioso, un aquelarre. Las brujas que dicen: ahora somos mujeres de la bolsa. Tenemos cuerpos y palabras, proyectiles arrojadizos para la lucha, tenacidades antiguas y deseos siempre nuevos. El hombre de la bolsa era uno y se llevaba niños. Las mujeres de la bolsa somos muchas y salimos de ellas para que no haya ni una menos. Activar desde la bolsa no significa invitar a una identificación sacrificial o melancólica con las víctimas, ocupar el lugar en donde se encubrió el cadáver y romperlo para leer y hablar es evocar aquello que la muerte tiene para decir aún desde el silencio, por eso de que “el cadáver habla”, da señales de su identidad, pistas que llevan al asesino como lo demuestra la tradición política del Equipo Argentino de Antropología Forense. Que la bolsa se transforme en el símbolo del luto popular y el compromiso porque no haya ni una menos.

En el marco por una campaña independiente por la concientización y por más y mejores políticas contra la cultura de la violencia hacia las mujeres, el jueves 26 de marzo, desde las 16 hs, vamos a estar en “Ni una menos”, Maratón de lecturas, performances, intervenciones, proyecciones, contra el femicidio, en la Plaza Spivacow, de Las Heras y Austria (CABA).

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