LA PIRÁMIDE DE MAYO

La Pirámide de Mayo es el primer monumento patrio de Buenos Aires. Su historia comienza en marzo de 1811 cuando la Junta Grande decidió mandar a construir un monumento del lado oeste de la plaza, para celebrar el primer aniversario de la Revolución de Mayo.
En 1856, bajo la dirección del artista Prilidiano Pueyrredón, se construyó una nueva pirámide sobre los cimientos de la anterior, que es la que se observa actualmente.
En 1912,  tras la demolición de “La Recova”, la Pirámide fue trasladada al centro de la Plaza, pues la demolición del antiguo mercado unificó su trazado.

Esta primera escultura porteña se encuentra en pleno proceso de restauración. Desalentando a los turistas y opacando las celebraciones populares, desde hace tres meses la Pirámide está cubierta con paños de media sombra celeste. Si el clima es clemente, se espera reinaugurarla el próximo 20 de mayo, días antes de la celebración del 25 de Mayo, cuando cumplirá 117 años.
En uno de los laterales de Plaza se erige una carpa blanca. Allí, un equipo compuesto por casi quince profesionales: historiadores, arqueólogos, arquitectos e ingenieros, restauran pacientemente la Pirámide de Mayo. La idea es completar este monumento con la  re ubicación de cuatro esculturas que estuvieron allí hasta 1912.

Si bien se sabe que la escultura de la Libertad, que corona a la Pirámide de Mayo, es obra del escultor  Joseph Dubourdieu. Se desconoce la autoría de las estatuas que serán re colocadas a su  alrededor. Según los restauradores son de origen italiano, están esculpidas en mármol de carrara y representan a La Geografía, La Astronomía, La Navegación y La Industria.

Historia

El 25 de mayo de 1811, por iniciativa de la Junta Grande, se celebró el primer aniversario de la Revolución de Mayo.  En el programa de festejos dispuestos por el Cabildo, se incluyó “erigir una Columna del 25 de Mayo, con carácter transitorio”. No existe registro que dé cuenta si desde entonces de eligió la forma obelisco para el monumento. Lo cierto es que pese a su forma, siempre se lo denominó pirámide. De su  construcción se encargó el alarife  Francisco Cañete, por indicación de don Juan Gaspar Hernández, profesor de escultura de Valladolid. El monumento se hizo con ladrillos de adobe cocido: Tenía unos 13 metros de altura, un zócalo sobre dos gradas, un pedestal sencillo de cuatro ángulos entrantes y cornisa volada alrededor. Un globo decorativo remataba el conjunto. Lo rodeaba una verja sustentada por doce pilares de material terminados cada uno en una perilla redonda.
Pese a no estar terminada, el 25 de mayo de 1811 se inauguró. El cronista porteño Juan Manuel Beruti, escribía sobre el festejo inaugural: “En este mismo se construyó la gran pirámide que decora la plaza Mayor de esta capital y recuerda los triunfos a la posteridad de esta ciudad la que se principió a levantar sus cimientos el 6 de abril último; pero aunque no está adornada con los jeroglíficos, enrejados y adornos que debe de tener por la cortedad del tiempo que ha mediado, sin embargo a los cuatro frentes, provisionalmente se le puso una décima en verso, alusiva a la obra y victorias, que habían ganado las valerosas tropas de esta inmortal ciudad…”

En 1826 el presidente Bernardino Rivadavia proyectó erigir un monumento a los hombres de la Revolución de Mayo, que consistiría en una magnífica fuente de bronce  con la inscripción: “La República Argentina a los autores de la revolución en el memorable 25 de mayo de 1810”. Se debatió entonces si correspondía eliminar a la Pirámide de Mayo. El proyecto no se llevó a cabo, Rivadavia renunció de en 1827.

En 1834 se encontraba en ruinas, descascarada y desmenuzada y su cerca retorcida y oxidada. El gobierno provincial contrató al albañil Juan Sidders y al herrero Robert M. Gaw para repararlas. El arreglo terminó en enero del año siguiente, dos meses después de que asumiese como gobernador Juan Manuel de Rosas.

En 1852 los hermanos Jaunet, utilizando un pequeño gasómetro, la iluminaron con lámparas de gas, dejando asombrado al público, que solo conocía de faroles alimentados con aceite de potro.

En 1856 la Pirámide de mayo se encontraba otra vez muy abandonada. Una de las primeras medidas de la Municipalidad de Buenos Aires, que comenzó a funcionar en abril de ese año, fue reparar el monumento. Una comisión integrada por Domingo Faustino Sarmiento, Felipe Botet e Isaac Fernández Blanco encomendó al pintor y arquitecto Prilidiano Pueyrredón su transformación. Este realizó un proyecto con el deseo de hacerla más artística y grandiosa. Esta idea fue aceptada y se construyó la actual, dejando parte de la primitiva en su interior al revestirla con ladrillos y argamasa. Modificó el pedestal y el remate original, haciéndola más alta y ancha. Se la dotó en su parte superior de una estatua de la Libertad, cuya cabellera se cubrió con un gorro frigio. Este artista también se ocupó de realizar las simbólicas figuras de La industria, El comercio, Las ciencias y Las artes que se colocaron en los cuatro ángulos del pedestal. En las caras del obelisco se añadieron: un sol que miraba al naciente  en dorado, y en los restantes tres lados coronas de laurel en altorrelieve. Pueyrredón también modificó el pedestal y capitel original aumentándoles la altura y ancho. En los cuatro lados de la base se colocaron las representaciones del escudo nacional argentino. También se erigió una nueva verja que en cada vértice tenía un farol a gas. La obra  fue estucada imitando mármol para darle un aspecto más rutilante.

En 1859 se recubrió con mármol. En 1873 debido al deterioro, las estatuas se reemplazaron por cuatro esculturas de mármol de Carrara que se hallaban en el primer piso del Banco Provincia en la calle San Martín. Estas permanecieron hasta 1912 en que, al trasladarse la pirámide, fueron retiradas y pasaron a depósito municipal. El 6 de octubre de 1972 fueron ubicadas en la antigua plazoleta de San Francisco, en la intersección de las calles Defensa y Alsina, a unos 150 m de la actual ubicación de la pirámide.

En 1883, bajo la intendencia de Torcuato de Alvear, se demolió la Recova y desde entonces las dos plazas quedaron formando la actual Plaza de Mayo. El intendente consideraba que el monumento debía ser demolido y en su lugar construido otro más grandioso, por lo que pidió autorización al Concejo Deliberante para ejecutar el proyecto. Este consultó la opinión de distinguidos ciudadanos: los ex presidentes Bartolomé Mitre; Domingo F. Sarmiento y Nicolás Avellaneda; Vicente F. López; Andrés Lamas; Miguel Estévez Seguí, que fue Jefe de Policía y Presidente de la Municipalidad; Ángel Justiniano Carranza, Manuel Ricardo Trelles y José Manuel Estrada. Cuatro de ellos, Avellaneda, Lamas, Estrada y Estévez Seguí, se inclinaron por respetarla. Así, por ejemplo, Mitre opinaba que “Si ese monumento existiese en su primitiva y severa sencillez, no hay duda que debiera conservarse (…pero…) de tal manera ha sido adulterado en sus líneas generales y en sus proporciones así como en su rústico estilo arquitectónico (…) fuera de la tradición histórica que le dio significado (…) puede y debe ser demolida como tal por ser una falsificación.”  Solo consideraba digno de respetarse y conservarse el basamento.

En 1906, para la celebración del Centenario argentino de la Revolución de Mayo, entre tantas obras edilicias proyectadas se pensó en erigir un grandioso “Monumento a la Revolución de 1810”, con la idea, nuevamente, de que encerrara en su interior a la Pirámide de Mayo. Se realizó un concurso internacional que fue ganado por dos italianos. La ubicación del monumento debía ser el centro de la Plaza de Mayo, el traslado de la Pirámide se realizó en 1912 bajo la dirección de Anselmo Borrel.

Previamente, La Junta Histórica y Numismática  realizó un análisis que corroboró que la pirámide original estaba bajo las adiciones realizadas en 1857. Se  le retiraron  las estatuas de mármol que tenía a su alrededor. Se la “encamisó” con maderas para protegerla durante el movimiento. Y se las trasladó a través de  dos rieles. Luego, el proyecto de incorporarla a otro gran monumento quedó en lanada debido a las protestas de quienes no estaban a favor de su traslado y al inicio de la Primera Guerra Mundial.

El 25 de mayo de 1941 la Comisión de Monumentos Históricos descubrió, cerca de la base de la Pirámide, del lado oeste, una placa referida a la nobleza del monumento, que fue declarado Histórico por Decreto del Poder Ejecutivo Nacional nº 120.412 del 21 de mayo de 1942.

La Pirámide y los desaparecidos

Durante la dictadura cívico militar autodenominada “Proceso de Reorganización Nacional” (1976-1983),  Madres y Abuelas de Plaza de Mayo decidieron marchar cada jueves alrededor de la pirámide, llevaban  las mujeres un pañuelo blanco, en señal de protesta y presión, por la detención-desaparición de sus familiares, incluyendo unos 500 bebés.

El 10 de marzo de 2005 la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sancionó la Ley 1653, que declaró “Sitio Histórico” al área que rodeaba a la Pirámide de Mayo. Actualmente, en ese espacio, se encuentran pintados en forma estilizada, entre líneas radiales que conforman un círculo, los pañuelos que las madres de las personas desaparecidas durante la dictadura militar suelen utilizar en sus cabezas para identificarse.

El 8 de diciembre del mismo año, a pedido de sus hijos, las cenizas de Azucena Villaflor, Madre fundadora de la organización desaparecida en 1977, fueron depositadas junto a la Pirámide de Mayo.

El 18 de septiembre de 2007, como parte de un acto con movilización a la Plaza de Mayo, para recordar el aniversario de la desaparición de Jorge Julio López tras su declaración en contra del ex represor Miguel Etchecolatz, se colocaron cuatro cerámicos producidos por los trabajadores y trabajadoras de la fábrica Zanón, a los pies de la pirámide, cerca de la placa bajo la cual se encuentran las cenizas de Azucena Villaflor.

En mayo de 2010, un grupo de unas ocho personas dirigidas por José Mastrángelo restauró la Pirámide de Mayo para que estuviese en consonancia con los grandes festejos del Bicentenario de la Revolución de Mayo.  El monumento pasó entonces por procesos de inspección, cateo exploratorio, relleno del cuerpo principal y las aristas corroídas por el tiempo y recibió una pintada general con pintura de látex.