JOSE LUIS MANGIERI

EL QUE NOS ARMÓ LA BIBLIOTECA

Por María Moreno

José Luis Mangieri nació en un conventillo de Parque Patricios en 1924 y murió en su segunda casa de infancia el 1º de noviembre de 2008. Fue editor, imprentero, poeta, periodista y Ciudadano Ilustre de Buenos Aires (de estos “blasones”, no hay uno sin el otro).

En 1953 se afilió al partido Comunista Argentino pero siempre fue un “bolche” réprobo: cuando fundó junto a Carlos Brocatto la revista La rosa Blindada, que editaba 5.00 ejemplares y apoyaba la revolución cubana y la china, Victorio Codovila le señaló con su dedo stalinista la puerta de la expulsión.

La revista se continuó en una editorial en la que editó, amén de muchos libros de literatura, las obras de Mao Tse Tung, Ho Chi Minh, Vladimir Lenin, Antonio Gramsci, Regis Debray y otros autores fundamentales para los militantes de izquierda de las décadas del sesenta y setenta.

Como poeta fue parco: escribió “Veinte poemas y un títere” y “Poemas del amor y la guerra”. En la oficina que Raúl González Tuñon tenía en Clarín conoció a Juan Gelman cuando acababa de publicar “Gotán”. Entonces se repartieron la Poesía como si fuera un botín: Mangieri se dedicaría a editarla y Gelman a seguirla escribiendo.

En 1966 viajó a China junto con Andrés Rivera. Logró tener una entrevista con el ministro de relaciones exteriores Chu En Lai que había participado de la Larga Marcha. Le preguntó qué era el poder. El chino le contestó “Es muy sencillo, si el poder lo tienen ellos, ellos nos matan a nosotros, si lo tenemos nosotros, entonces nosotros los matamos a ellos”.

A veces se enfurecía con los mitos de los suplementos culturales, con aquellos que traicionabas su pasado militante con el oportunismo. Entonces el poeta Fabián Casas, que lo bautizó como al maestro de la serie “Los profesionales”, le decía: “No te aflijás Cauili, lo que pasa es que algunos se murieron y nos les avisaron”.

Se pasó la dictadura sin documentos. Solía caer de visita en la editorial Siglo XXI, a la que le imprimía los libros y en donde alguna vez habían coincidido Alejandra Pizarnik y José Aricó.

Siempre advertía “no salgan por tal calle que hay una pinza”. A la editorial la cerraron, pero él siguió arrastrando su balijón de libros por todo Buenos Aires (muchos preclaros dicen que la Avenida Corrientes debería llevar su nombre).

En los años 80 fundó Libros de Tierra Firme en donde editó a tantas poetas mujeres que parecía estar ejerciendo la discriminación positiva: Juana Bignozzi, Diana Bellessi, Irene Gruss, Mirta Rosenberg, Laura Klein, Alicia Genovese… Luego de haber puesto en circulación más de mil libros nunca hizo plata. Era un “poverello” como llamaba a Raúl González Tuñón que nunca llegó a ver sus ediciones masivas y vivía de su jubilación.

Al fracaso de la lucha armada, a los crímenes cometidos por la dictadura militar, le opuso la poesía como resistencia y una épica de la generosidad -repartía entre jóvenes poetas su inmensa biblioteca, tenía casa abierta (Mercedes 936) para el asado con guitarra del Tata Cedrón y bienvenida a los colados. Mangieri, que se consideraba un gorila progresista, solía repetir a una frase misógina pero expresiva: “la Historia, que es mujer, nos metió los cuernos”.