INMIGRACIÓN AFRO ARGENTINA

De la violencia verbal callejera a los allanamientos violentos en sus domicilios, los inmigrantes afro y afrodescendientes sufren todavía discriminación en Argentina, que desde la década de los ’90 recibe una nueva oleada de población proveniente de África en busca de mejores oportunidades, reflexionaron referentes de la colectividad en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial que se celebra hoy.
“Uno siempre migra en busca de un mejor porvenir. Viene detrás de sueños y en ese contexto vemos que Argentina es un país de paz, con democracia, donde podemos crecer. Eso no quita que denunciemos cuando se producen hechos de violencia, que existen aquí y en todo el mundo”, reflexionó  Ndathie “Moustafá” Sene, presidente de la Asociación de de Residentes Senegaleses en Argentina (ARSA).
En los últimos días, la colectividad afro y en particular la senegalesa se vio conmovida con el asesinato de Massar Ba, un activista senegalés que desde su arribo a la Argentina a mediados de los 90 luchó por los derechos de su comunidad.
“Nosotros no descartamos ninguna teoría, queremos que se investigue la muerte de Massar porque las circunstancias no son claras, no sabemos quién fue, ni por qué, ni cómo, y por eso nos hemos presentado como querellantes en la causa”, informó Mustafá, e indicó que entre hoy y mañana la Justicia debe determinar si los aceptan como querellantes.
En sus últimos años, Massar trabajó acompañando a los vendedores ambulantes de la colectividad, quienes son perseguidos en el marco de una “lucha” contra la actividad.
“Existe una política muy agresiva y muy violenta en contra de la venta ambulante. En este contexto, como muchos inmigrantes africanos se dedican a esa actividad, son víctimas de procedimientos impulsados desde las fiscalías de la Ciudad absolutamente desmedidos en relación al ‘delito’ que se les imputa, que no es más que una contravención”, sostuvo María Sol Blasco, responsable de la oficina de Violencia Institucional de la Defensoría del Pueblo porteña.
“Si bien en nuestras denuncias no hay indicios de que se trate de acciones focalizadas contra ellos por una cuestión racial, los inmigrantes se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad porque muchas veces no manejan el idioma y porque su situación de residencia en algunas ocasiones todavía es irregular”, agregó.
De las decenas de actuaciones que la Defensoría realizó en torno a estos procedimientos, existe una emblemática ocurrida en enero de 2014 a partir de la denuncia de un inmigrante senegalés en el barrio de Once.
En el expediente, el hombre relata que se bañaba en su lugar de residencia cuando un policía irrumpió en el baño y, desnudo, lo llevó al hall del edificio; mientras le apuntaba con un arma a la cabeza, otros ocho efectivos rompían las puertas de cada una de la habitaciones del inmueble, secuestrando no sólo los objetos que eran para la venta sino elementos personales como celulares, computadoras y dinero.
“Cuando nosotros pedimos explicaciones, la fiscalía nos remite las órdenes de allanamiento; allí encontramos que la misma fiscal era la que había ordenado cada cosa que se hizo. Esto es una locura porque lo que ellos llaman ‘depósito’ es la casa de las personas; lo que ellos dicen que son ‘dispositivos que pueden servir para la actividad ilícita’ son sus celulares y el dinero que ellos llaman ‘proveniente de la actividad’ es el fruto de su trabajo”, enfatizó Blasco.
Cuando la Defensoría presentó una denuncia penal por abusos en el accionar de la policía, un juzgado de instrucción cerró la causa diciendo que había sido “parte del procedimiento regular”.
En este sentido, Carlos Nazareno Álvarez, de la Agrupación Xangó, describió que “la venta ambulante termina siendo la única salida laboral porque no se consigue empleo en otro sector. No se trata de una mafia organizada, no hay una red vinculada que ‘trae’ inmigrantes para esto: se da porque es casi la única manera de poder trabajar de manera inmediata”.
“Muchos chicos que llegaron en los 90 ya tienen un español perfecto, dejan sus currículums en empresas, en negocios, y no son contratados”, sostuvo, y añadió que en cambio “sí son contratados en boliches, bares o cadenas de hoteles, donde se ha instalado que es cool que te atienda un negro”.
Según Carlos, “a pesar de la heterogeneidad del colectivo afro y afrodescendiente en Argentina, el racismo y la discriminación siguen siendo un eje común, porque vos vas por la calle y te siguen diciendo ‘negro de mierda, volvete a tu país'”.
“Esa discriminación se vive en el cotidiano, por ejemplo, cuando vas caminando por la calle y te preguntan de donde venís, -porque se ha instalado que si sos afro no sos argentino-, o a las mujeres a quienes cualquiera les preguntan impunemente ‘¿cuánto cobras?’ porque existe el prejuicio de que todas están en estado de prostitución, y también se traduce en formas extremas como la violencia institucional o la pobreza estructural”, describió.
Según el censo de 2010, existen en el país 149.493 personas se reconocieron afro o afrodescendientes; de ellos 137.503 son argentinos; 10.182 nacieron fuera de la Argentina pero dentro del continente americano; 1.040 son africanos; 601, europeos y 167, asiáticos; sin embargo, las organizaciones calculan que existen muchos más inmigrantes de los mencionados.