HISTORIA DE LA CALLE LAVALLE

PARTE  VII

por Gabriel Luna

Desde 1857 hasta 1926 el puerto de Buenos Aires recibió 6 millones de inmigrantes -en su mayoría, hombres-. La alegría, los sueños del cine, y la seducción de Lavalle -que es en definitiva una calle que nace del puerto-, compensan la nostalgia de los emigrantes en los muelles, la falta de mujeres, los crepúsculos desolados de la pampa… La calle expresa, recrea y alivia de todas estas cosas lo mismo que el tango. Y el tango sale de los conventillos y entra en los cafés, las confiterías, los cabarets, y los cines de la calle Lavalle. La orquesta de Carlos Marcucci actúa en el Metropol. El sexteto del violinista Cayetano Puglisi está en el Paramount. Julio de Caro actúa en el Select Lavalle. Y debuta en el Metropol un conjunto de antología: Osvaldo Pugliese (piano), Alfredo Gobbi (violín), Elvio Vardaro (violín), Luis Adesso (contrabajo), Miguel Jurado (bandoneón), y Aníbal Troilo (bandoneón), que tenía 16 años. Esto sucede en 1930, un año después del quiebre de la Bolsa de Nueva York, y el año que da comienzo en Argentina la llamada década infame, denominada así por la corrupción y el quiebre del sistema democrático. El 6 de septiembre de 1930, el general José Félix Uriburu, que a los 22 años era subteniente y había participado en la asonada militar de 1890, impulsada por los radicales para derrocar el gobierno constitucional de Juárez Celman, ahora encabeza un golpe contra el gobierno constitucional del radical Hipólito Yrigoyen.

El invento del cine sonoro, es decir, del sonido sincronizado con la imagen en movimiento, aporta un atractivo realismo y el consecuente auge de la industria cinematográfica, auge que llega a las inmediaciones de nuestras dos esquinas. Se levantan el cine Renacimiento en Lavalle 925, de marcado acento español -similar al actual teatro Cervantes-, el cine Gran Suipacha, en la calle Suipacha 442, por donde vivía Manuela Sáenz Peña, hermana y tía de dos presidentes, proyectado por el arquitecto húngaro Andrés Kálnay combinando el estilo art decó con elementos ornamentales de su tierra, el cine Monumental (año 1931), en Lavalle 780, y el cine Real en Esmeralda 425, al lado del teatro Maipo, que antes se llamaba Esmeralda, donde debutó en 1917 el dúo Gardel – Razzano. Desde entonces, pasaron más de diez años. Carlos Gardel ya no actúa en ese teatro ni conversa con el público en la calle Lavalle entre las funciones de los cines, ni espera el tranvía, pero llegan sus películas sonoras filmadas en París y Nueva York: “Espérame” (1932), estrenada en el cine Real; “La casa es seria” y “Luces de Buenos Aires” (1933), estrenadas en el cine Suipacha; “Cuesta abajo” y “Melodía de arrabal” (1934), estrenadas en el cine Monumental; “Tango bar” (1935), estrenada en el Suipacha; y la última: “El día que me quieras” (1936), estrenada en el cine Broadway después de la muerte de Gardel. No habrá más pena ni olvido, parece decir Buenos Aires. Su velatorio es apoteótico, se hace en el Luna Park, junto a la plaza Roma, al comienzo de la calle Lavalle. “Y hacia el alba, la calle estaba triste, como un niño que encuentra a un pajarito muerto”, dijo Raúl González Tuñón.

Mientras tanto en Europa se agita el fantasma de la guerra: Hitler manipula resentimientos y prepara un ejército jamás visto, Mussolini invade a la vulnerable Etiopía; y en España, Franco se subleva contra la República y provoca una guerra civil atroz que durará cuatro años y sumirá al país en la pobreza. En contraste con todo esto, en Argentina la producción agropecuaria es formidable y aumenta la riqueza de los estancieros. Buenos Aires multiplica sus edificios de altura y construye grandes avenidas, como si estuviera preparándose para recibir otra ola migratoria de la castigada Europa.

Se ensancha la calle Corrientes, se crea la anchísima avenida 9 de Julio demoliendo una hilera de 10 manzanas; se construye el Obelisco en 9 de Julio y Corrientes para festejar los 400 años de la Ciudad, un monumento racionalista creado por el arquitecto Alberto Prebisch, que será el ícono de Buenos Aires. Y se construyen las líneas de subtes B y C, que permiten a la gente de los barrios y del suburbio llegar más fácil y rápidamente a Lavalle, la calle de los sueños.