HISTORIA DE LA CALLE LAVALLE

PARTE V

por Gabriel Luna

En 1882, Dardo Rocha, el niño que soñaba ser soldado y jugaba en los patios de la casa de Victoria Olivera de Arana en Lavalle al 800, ahora es gobernador de Buenos Aires y funda la ciudad de La Plata, que será capital provincial. Vive a metros de la esquina SO de Lavalle y Suipacha, por la vereda oeste de Suipacha al 400, una amiga de doña Victoria: la señora Manuela Sáenz Peña, que será hermana y tía de dos presidentes argentinos. En 1884, cuando Dardo Rocha se incorpora al Senado de la Nación, sus amigos le regalan una suntuosa mansión de dos plantas, estilo neoclásico y renacentista, en el predio donde pasó la niñez, que perteneciera a su abuela Victoria Olivera de Arana. En 1887, se funda la Unión Telefónica. En 1890, Alem (el hijo del mazorquero Leandro Alén) y Mitre fundan la Unión Cívica -actual UCR- y organizan un levantamiento militar en el Parque de Infantería -donde hoy está el Palacio de Tribunales- para derrocar el gobierno constitucional de Juárez Celman. La asonada del Parque, impulsada desde el diario de Mitre (La Nación), fracasa. Pero de todos modos Juárez Celman renunciará al poco tiempo. En 1892, Luis Sáenz Peña -el hermano de la señora Manuela- es presidente de la Nación. Son ministros de Sáenz Peña, Miguel Cané, y Tomás Anchorena, que vive con su esposa y sus 9 hijos en una casa, de 11 habitaciones y un patio central, en la calle Lavalle 940, a media cuadra de la esquina con Suipacha. En 1893 se tiende el alumbrado eléctrico en la Ciudad, y en 1896 ocurre algo que cambiaría la historia de la calle Lavalle: se estrena en el teatro Odeón “La llegada del tren”, una película de los hermanos Lumière.

 Mientras tanto Italia se unificaba, tras las acciones militares de Garibaldi y Víctor Manuel, convirtiéndose en un reino gobernado por la casa de Saboya. Y aquel alimento de los humildes, descripto y ensalzado por Alejandro Dumas, fue descubierto en Nápoles por rey Umberto I  y la reina Margherita de Saboya, y llevado a Roma donde se impuso entre la clase alta. Había también en esto un contenido político, porque los colores de la pizza: verde (por la albahaca), blanco (por la mozzarella) y rojo (por el tomate), hacían referencia a la unificación y a la bandera del nuevo reino. Algo similar ocurría con la música lírica. El compositor más popular era Verdi, y esto también tenía una implicancia política, porque al proclamar su nombre el pueblo evitaba la censura del régimen y adhería a la causa de Víctor Manuel de Saboya, autor de la unidad peninsular. Decir ¡Viva V.E.R.D.I.! era una consigna, significaba: ¡Viva Vittorio Emmanuele Re DItalia!

 Los italianos traen la lírica y la pizza a Buenos Aires. Aumenta la emigración. En 1900 la Ciudad tiene 821.243 habitantes. Se construye otra planta y se hace un hotel en la casa que fuera de Doña Ventura Muñoz, ubicada en la calle Lavalle, frente a la actual pizzería Roma. Y el caserón de Francisco García que tiene 45 habitaciones, ubicado en Suipacha y lindante a la confitería parisina con toldos rojos de los Lamarque, se convierte en conventillo. La Ciudad crece para dar cabida a los inmigrantes. La calle Lavalle ha multiplicado su gente en pocos años. Se construyen nuevas casas de varias plantas, se reforman las viejas. Únicamente el caserón enrejado del doctor Durand acusa un deterioro marcado por grietas profundas y no acompaña los cambios, como si estuviera volviendo a un pasado remoto. Recuerda a “La caída de la casa Usher”, ese cuento de Edgar Allan Poe donde el tema es la enfermedad y una grieta en la entrada de la casa anuncia un final terrible. Pero en verdad -y siguiendo con el género del terror romántico- la historia de los Durand también se identifica y relaciona temáticamente con la novela del argentino José Mármol, basada en aquel episodio del 4 de mayo de 1840, cuando la Mazorca decapitó a cuatro unitarios que intentaron huir a Montevideo. La novela, escrita por episodios a partir de 1844, toma partido por los unitarios y asocia la época de Rosas con la barbarie y el terror más abyecto. La protagonista, una joven culta y hermosa, refugia en su casa, poniendo en riesgo la vida, a un joven unitario imbuido de ideas liberales perseguido por la terrible Mazorca. Y el nombre de la heroína, que da título a la novela, coincide curiosamente con el nombre de la real esposa del doctor Durand: Amalia. Es probable, dado el éxito de la novela en Buenos Aires y el fervor político de la época, que la histórica doña Amalia Pelliza Pueyrredón, nacida en 1852 después de la caída de Rosas, haya recibido su nombre por el personaje ficticio de la novela. Amalia, representaba para la época el ideario liberal de progreso. Un refugio contra la barbarie y desarrollo regional independiente. Es decir, el modelo de país exportador de materias primas, y dependiente cultural y económicamente de las metrópolis, que generaron los unitarios. En la novela, después de algunas peripecias, el joven culto y unitario muere en los brazos de Amalia; y se produce en el público de la época el efecto buscado por el autor. En la vida real, ya derrotado Rosas e instalado el modelo unitario, un médico próspero, elegante y afrancesado, se casa con la Amalia histórica, una joven hermosa, culta, proveniente de una familia patricia del país. Habitan la mansión señorial con rejas de bronce ubicada en la calle Lavalle, y son la pareja ideal de la época hasta que una enfermedad entra en la casa y los afecta de modo muy distinto. Podría decirse, si se tratara de un cuento de Poe, que el matrimonio representa el modelo unitario recién instalado, y que la enfermedad en cuestión es realmente una enfermedad social generada por ese mismo modelo. Y resulta que mientras Amalia se recupera de la viruela y acepta sus cicatrices, Durand no puede aceptarlas. Se vuelve huraño, manda tapiar las ventanas, no afronta los gastos de la casa (pese a tener gran fortuna), descuida la vestimenta, su aspecto, cae en estados depresivos cada vez más hondos, y contrae una neumonía. Su hermana y Amalia lo asisten solícitamente. Durand se recupera de la neumonía pero se vuelve más hermético y agresivo, e impone en la casa un régimen severo y dictatorial donde se evita la luz, apenas se puede hablar, y las faltas son castigadas con palizas. Las cosas empeoran, Amalia teme por su vida y huye a Montevideo (exilio común de los unitarios) en diciembre de 1900. Durand la deshereda, dispone que sus bienes se destinen a la construcción de un hospital para hombres -será el actual Hospital Durand-, y contrae uremia. Durand fallece el 8 de agosto de 1904 en su domicilio de la calle Lavalle 919. La Amalia histórica morirá seis años después en la pobreza. Y el caserón de rejas se demuele en 1905 (hoy, año 2011, hay en el lugar una farmacia).

1906. Se calculan en los campos del país 28 millones de bovinos y 120 millones de ovinos (productores de lana para la industria textil inglesa). Aumenta la exportación de las materias primas y productos agrarios, aumenta la inmigración, y los estancieros festejan la prosperidad construyendo palacios y recreando la Belle Époque. En 1908 se inaugura el actual teatro Colón con la ópera Aída de Verdi, y en la calle Esmeralda 447, entre Lavalle y Corrientes, se inaugura el teatro La Scala, dedicado a revista francesa, el can-can, y las varietés. A pocos metros, en la esquina SE de Esmeralda y Lavalle hay un prostíbulo. Enfrente, en la esquina SO hay una zapatería; en la esquina NO, un almacén de licores, de la familia Bussoni, y en la esquina NE, una proveeduría artística del teatro Coliseum. En 1909, se proyecta en el teatro La Scala la primera película argentina con argumento: “El fusilamiento de Dorrego”, dirigida por Ezequiel Gallo. 1910. La clase social enriquecida con el campo festeja con pompa el centenario de la Revolución de Mayo. Hay un embellecimiento del espacio público y una mejora del sistema democrático. El presidente Roque Sáenz Peña, sobrino de Manuela Sáenz Peña, que vivía en la vereda oeste de Suipacha al 400, establece por ley el voto secreto y obligatorio. En 1911 y 1912 aparecen los primeros cines y alternan con los teatros. El cine Ocean en Lavalle 739, el Electric en Lavalle 836, justo enfrente de la casa de Dardo Rocha, y el cine Select Lavalle, diseñado por el arquitecto Nordmann, en el lugar que ocupara la casa del desdichado doctor Durand, calle Lavalle 911.