GENOCIDIO ARMENIO

El 24 de abril se cumple un nuevo aniversario de la masacre llevada a cabo por el gobierno de Turquía, en aquel momento el imperio otomano, hacia los armenios. Ocurrido durante la primera guerra mundial, conformándose el primer genocidio en el siglo XX, en el cual murieron un millón y medio personas, en manos de las fuerzas armadas y cuerpos  especiales turcos. La matanza se dio en el marco de una situación de conmoción por la guerra mundial, pero de una Europa que desconocía de lo que ocurría con el pueblo armenio.

La comunidad armenia no descansa. Sigue reclamando y levantando la bandera de justicia, repudiando el atentado contra los derechos humanos, rechazando al gobierno turco. El mismo continúa negando y demorando la investigación histórica se niega, aún en la actualidad, a admitir su culpabilidad en el plan de exterminio. La consecuencia, además de las muertes sin culpa, es una llaga viva latente que está abierta hasta nuestros días.
El material  gráfico que hay sobre lo sucedido es tremendamente siniestro, torturas y violaciones a  niños y mujeres, hombres masacrados, peregrinaciones sin meta, agobiados por la sed y el hambre, despiadadamente arrastrados a la muerte, sin que nadie se oponga al espanto. El peor temor: la crueldad extrema del ser humano.
Antonio Gramsci, -pensador, escritor y revolucionario de izquierda-, con respecto a la cuestión armenia, reflexionaba:
“Es siempre la misma historia. Para que un hecho nos interese, nos toque, es necesario que se torne parte de nuestra vida interior, es necesario que no se origine lejos de nosotros, que sea de personas que conocemos, de personas que pertenezcan al círculo de nuestro espacio humano”[…] “Es una gran injusticia no ser reconocido. Eso significa quedar aislado, cerrarse en el propio dolor, sin posibilidad de contar con el apoyo de afuera o de la comparación. Para una nación significa la desintegración lenta, la anulación progresiva de los lazos internacionales. Significa ser abandonado, quedar indefenso frente a los que no tienen razón, pero sí tienen espada y dicen cumplir un deber religioso a través de la destrucción del infiel. Así, en sus momentos más dramáticos, Armenia solamente recibió unas pocas expresiones verbales de conmiseración y de repudio a sus ejecutores. ‘Las masacres armenias’ se tornaron proverbiales, pero fueron apenas palabras que sonaron huecas y fallaron en configurar las imágenes de hombres de carne y hueso. Hubiera sido posible obligar a Turquía –dependiente como era de todas las naciones europeas- a no atormentar a quienes tenían como único deseo ser dejados en paz”, (publicado en El Grito del Pueblo, el 11 de marzo de 1916).

La diáspora armenia, descendiente de aquellos torturados y dispersos por el mundo, de los cuales hablaba Gramsci, se encuentra actualmente, inmersa en el medio de  vaivenes legales de la comunidad internacional, que en los últimos años ha presionado sobre el tema.
En este sentido, tomando los casos cercanos, el Consejo Nacional Armenio de Sudamérica, declaró el 24 de abril como “Día contra la Discriminación y la Impunidad”. En Argentina en el año 2006 se dictó un fallo de relevancia internacional, en el cual se condena a Turquía por cometer la masacre. En el país un año después, se promulgó la ley 26.199 que declara el 24 de abril “Día de la acción por la tolerancia y el respeto entre los pueblos en homenaje a las víctimas del genocidio armenio”.
Son avances, pero aun así es necesario que la presión ejercida por parte de la comunidad internacional se realice en conjunto, con firmeza, con fuerza normativa verdadera, para que no terminen los progresos perdidos como un papel más, en los intersticios legales. Para que las generaciones de hijos y nietos que  crecieron con el relato de sus padres y abuelos sobrevivientes, sientan que algo se hizo por la memoria de aquellos niños, mujeres y hombres, victimas del terrorismo de estado; que también sufrimos en nuestro país y motiva a mantenerse de pie haciéndole frente a estos hechos de demencia.